La jovencita Agustina Fleitas Requelme cumplió quince años, fue deseo de los tíos y padrinos el festejar el acontecimiento con una reunión familiar de la que también participaron compañeros de clase y amigos más íntimos.
El salón de un club cercano a su domicilio fue decorado por su mamá Shirley Requelme, en la entrada el atril con la foto de firma torneada con telas en los colores de la fiesta, blanco y verde manzana, detrás sobre la pared ubicó cortina de hiedras muy verdes. El techo fue destacado con bando de telas combinando ambos colores, se unían al centro por medio de gran nudo, debajo las mesas de los invitados fueron tendidas en composée de color. Las mesas de mayores llevaban al centro boinas de vidrio con gemas y felpillas flotantes, las de los jóvenes lucían centros verdes conteniendo variadas golosinas y en otras topiarios dulces.
La quinceañera llegó acompañada por su hermano Carlos Martín, fue recibida por su mamá Shirley, la abuela Celia Jardín y los padrinos Margarita Requelme y Sergio Núñez.
Agustina vistió solero de satén revestido de gasa blanco en el corsage totalmente drapeado, falda larga acampanada de satén, detalles bordados en canutillos y mostacillas delineaban el escote, breteles y talle, creación y obsequio de su tía Edith Requelme.
Luego de saludar a los invitados, las notas de un vals marcó el inicio del baile, su papá Carlos Fleitas la invitó a llegar hasta el centro de la pista dando comienzo a la danza, posteriormente ritmos de moda fueron toda una invitación al animado baile.
Antes de repartir el cotillón un grupo de payasos hicieron escenas jocosas y malabarismo, luego ellos repartieron sombreros y vinchas decoradas con grandes lentejuelas y plumas, realizadas por su mamá, sumados a otros artículos característicos.
Llegado el momento de cantarle el feliz cumpleaños, todos rodearon la mesa principal donde estaba la torta de cumpleaños, obra de su tía Iris Requelme, compuesta de varios pisos decorados moderno en blanco con cintas verde suave para culminar con arreglo de felpillas, estas flores se repetían en el centro de la felicidad junto a las quince delgadas velitas.
Al finalizar la reunión la quinceañera se paseó entre las mesas entregando los souvenirs, eran bolsitas de tul con bombones, por medio de cintitas se adhería la tarjeta de agradecimiento por haberla acompañado y por los hermosos obsequios recibidos.
La jovencita Agustina Fleitas Requelme cumplió quince años, fue deseo de los tíos y padrinos el festejar el acontecimiento con una reunión familiar de la que también participaron compañeros de clase y amigos más íntimos.
El salón de un club cercano a su domicilio fue decorado por su mamá Shirley Requelme, en la entrada el atril con la foto de firma torneada con telas en los colores de la fiesta, blanco y verde manzana, detrás sobre la pared ubicó cortina de hiedras muy verdes. El techo fue destacado con bando de telas combinando ambos colores, se unían al centro por medio de gran nudo, debajo las mesas de los invitados fueron tendidas en composée de color. Las mesas de mayores llevaban al centro boinas de vidrio con gemas y felpillas flotantes, las de los jóvenes lucían centros verdes conteniendo variadas golosinas y en otras topiarios dulces.
La quinceañera llegó acompañada por su hermano Carlos Martín, fue recibida por su mamá Shirley, la abuela Celia Jardín y los padrinos Margarita Requelme y Sergio Núñez.
Agustina vistió solero de satén revestido de gasa blanco en el corsage totalmente drapeado, falda larga acampanada de satén, detalles bordados en canutillos y mostacillas delineaban el escote, breteles y talle, creación y obsequio de su tía Edith Requelme.
Luego de saludar a los invitados, las notas de un vals marcó el inicio del baile, su papá Carlos Fleitas la invitó a llegar hasta el centro de la pista dando comienzo a la danza, posteriormente ritmos de moda fueron toda una invitación al animado baile.
Antes de repartir el cotillón un grupo de payasos hicieron escenas jocosas y malabarismo, luego ellos repartieron sombreros y vinchas decoradas con grandes lentejuelas y plumas, realizadas por su mamá, sumados a otros artículos característicos.
Llegado el momento de cantarle el feliz cumpleaños, todos rodearon la mesa principal donde estaba la torta de cumpleaños, obra de su tía Iris Requelme, compuesta de varios pisos decorados moderno en blanco con cintas verde suave para culminar con arreglo de felpillas, estas flores se repetían en el centro de la felicidad junto a las quince delgadas velitas.
Al finalizar la reunión la quinceañera se paseó entre las mesas entregando los souvenirs, eran bolsitas de tul con bombones, por medio de cintitas se adhería la tarjeta de agradecimiento por haberla acompañado y por los hermosos obsequios recibidos.