Quinceañera de fiesta

Días pasados con una fiesta estrictamente juvenil celebró sus quince años Ana Carina Rivell Da Costa, su mamá y los abuelos acondicionaron el salón de fiestas con mucho color dado por racimos y guirnaldas de globos multicolores formando bóveda debajo del techo sobre la pista de baile, también se los veían rodeando las columnas y enmarcando los amplios ventanales que fueron cubiertos con cortinados de voile blanco.

En casi todo el perímetro se veían grupos de hermosas plantas de interiores y helechos colgantes, en el recibidor y junto a la mesa principal habían altos soportes con destacados arreglos florales naturales. En los bordes de la foto de la quinceañera los invitados a medida que iban llegando dejaban estampadas sus firmas y mensajes de eterna felicidad, acompañaba otro banner con secuencias de fotos. Los invitados fueron deferentemente atendidos por sus anfitriones ubicados en torno a mesas tendidas con manteles blancos y senderos plateados, los centros de mesa eran lámparas de fibra óptica que despedían coloridos destellos.

La quinceañera llegó con sus abuelos que viajaron expresamente desde Uruguayana (Brasil) y fueron quienes les obsequiaron la fiesta junto con su mamá. Carina destacó vistiendo modelo de fiesta confeccionado en organza cristal de leve tono rosa, totalmente bordado en diminutas flores en un tono más oscuro, corsage ajustado destacando la línea del escote con vuelo de organza lisa que bajaban los hombros formando breves manguitas, señala el talle faja de satén rosa intenso y en el peinado lució dos broches de flores nacaradas.

Llegado el momento de iniciar el vals la quinceañera y su abuelo llegaron hasta el centro de la pista iniciando la danza la que se prolongó por varios minutos, luego ritmos de moda se fueron sucediendo por toda la madrugada disfrutando todos de la alegría reinante, llegada la madrugada se repartió el cotillón y se soltaron los globos, algunos de ellos piñata rellenos de papelitos brillantes.

El cotillón fue toda una novedad en primer lugar se bajaron las luces de la sala siendo casi exclusivamente iluminado por la infinidad de collares, pulseras, anillos, antenitas y coronitas luminosas, luego se repartieron máscaras con figuras de animales como perros, gatos, algunos feroces y pájaros decorados con plumas y boas de pieles según el motivo, posteriormente se repartieron grandes gorros y viseras, también se repartió serpentinas en aerosol, espuma, etc… todos estos artículos fueron obsequios de los abuelos, que hicieron del momento un verdadero carnaval de invierno.

Llegado el momento de elevar las copas en el brindis compartido tomó relevancia la mesa principal tendida con fino mantel blanco bordado en hilo rosado, encima estaba la torta de cumpleaños formada en tres partes simulando dados bañados de fondant rosa con lunares fucsia, a su lado estaban las quince velas del centro de la felicidad que emergían de entre varillas con flores de porcelana y caritas sonrientes de la quinceañera.

Como muestra de afecto recibió múltiples y finos obsequios, retribuyó atenciones repartiendo los souvenirs que eran bolsitas de tela con pequeños perfumeros, llaveros y bombones.

Llegado el nuevo día se sirvió el desayuno y al finalizar se repartieron bombones envueltos en papeles dorados con el nombre de la quinceañera.

Quienes participaron de esta reunión durante mucho tiempo la recordarán.