AÑO XLVII - Segunda Epoca
- Nº 16.909 |
Agresor denunciado

Si todos los hombres nos dejáramos llevar por nuestros impulsos, volveríamos a la época de las cavernas, donde la única ley era la del garrote. La ley del más fuerte imponía el orden o pretendía hacerlo…
Mucho tiempo debió pasar para que el hombre se convenciera de que la imposición por la fuerza, es ilegítima y se comenzó a pensar en la Justicia, buscando un orden más duradero.
Llegaron las leyes, pensadas y determinadas por la mayoría de los pobladores o sus representantes, lo que le da legitimidad al sistema.
Esta es la base de la civilización. Ya no se trata de impulsos. Cuando alguien reclama lo que entiende son sus derechos o lo que le corresponde, el camino legítimo es el de la ley no el de imponer su voluntad mediante el uso de la fuerza y la violencia.
Quien aún no haya entendido esta norma básica y elemental de la convivencia social, debe atenerse a las consecuencias, esto es, responder ante la ley por sus acciones.
Pobre de aquellos pueblos sometidos a alguien que se sienta con derecho a constituirse de por si en la ley, de imponer mediante el golpe, el insulto, la agresión o la violencia de las armas, lo que él entiende como sus derechos. Debería saber además que su ignorancia de la ley no le otorga derecho alguno. Muchas veces tenemos que manejarnos en la calle con actitudes y acciones ajenas que no compartimos, que no nos gustan por "equis" motivos, sobre todo tratándose de la forma en que se manejan algunos medios de comunicación, que no es EL PUEBLO. Pero lamentablemente tenemos que convivir con las leyes y las disposiciones que otorgan éstas a cualquier persona, no sólo al periodista y una de ellas es el derecho a tomar imágenes en la vía pública.
Podemos comprender algunas reacciones impulsivas, en momentos de tragedias y siempre hemos tratado de manejarnos con respeto al dolor ajeno, de no resultar "molestos" al cumplir nuestra tarea, pero sin olvidar que nuestra función nos obliga a documentar los hechos para testimoniarlos ante la opinión pública. Es por eso que muchas veces, aunque nos desagraden, debemos fotografiar escenas crudas, dolorosas, pero es nuestra tarea.
Por un criterio ético, evitamos la exposición exagerada, morbosa, de estas escenas, pero no ocultamos los hechos, porque si lo hiciéramos de alguna forma estaríamos ocultándole la verdad y la realidad a nuestros lectores. Lamentablemente aún hay personas que no lo entienden, o sencillamente no aceptan la ley, como la persona que aparece en la foto, quien agredió a golpes al fotógrafo Luis A. Massarino, cuando éste registraba escenas del accidente ocurrido en la cañada Doña Jacinta el domingo a la noche. La acción fue objeto de la denuncia policial correspondiente y por un deber ineludible, con todos quienes desempeñamos la función, seguiremos hasta las últimas consecuencias, para quienes piensen que pueden callar a golpes el testimonio periodístico, tengan muy claro que nos tienen en la vereda de enfrente. Así de sencillo.
Alberto Rodríguez Díaz
Secretario de Redacción de EL PUEBLO.