¡Cuando se descolgó de la «Percha»!

River Plate 2 – Nacional 1

Cuál convicción de River Plate?: la de primero defender bien, porque después de todo, tampoco el empate le venía mal. No resultaría mal negocio. Pero sucede que en los últimos minutos, una segunda convicción se generó en River, acaso la que había permanecido colgada en la «Percha». Fue el momento en que Jorge Noboa decidió la variante de Gustavo Carballo. Y con Carballo en la cancha, dos o tres invasiones más o menos relampagueantes, como para que Angelo Sagradini no se sintiera tan expuesto a la soledad y Cristian González provocara siembra en espacio a favor. Y ese fue el punto clave. Esos últimos minutos cuando la segunda convicción de River Plate se descolgó de la percha. En los 44′ del segundo tiempo, ya con el empate más o menos sentenciado, porque hay que admitirlo, tampoco Nacional le erosionó tanto el esquema a River Plate, como para que River naufragara.

Por eso, en los 44′ cuando entre Angelo y Carballito, la pelota y la velocidad se dan la mano, para que el fondo de Nacional vacile sobre el sector derecha y diagonal mediante. Entre los dos para sintonizar. Y para que la pelota derive por el medio, para que el «Percha» de Cristian González le prendiera con el látigo del gol, a la manera de estocada tan vital como definitiva. El 2 a 1. El River de la agonía ganando. Cuando se descolgó de la «Percha»!.

DESPUÉS DE TODO, EL FÚTBOL DEL MALTRATO….

Un resultado no puede alterar el concepto, porque después de todo si a los 14′ del segundo, el «Pato» Conti mete el frentazo del 1 a 0 cuando nadie en el fondo de River ejerció control sobre el defensa, simplemente el mandato de la lógica. Porque de los dos, Nacional quiso más. Así de simple. Así de elemental. Así de básico. Así de incuestionable.

Por ejemplo, en el primer tiempo, River Plate no produjo una solo secuencia ofensiva rescatable. Nacional amenazó con un remate de Leguisamo en los 6′ y otro de Alejandro Galliazzi en 34′. En ese primer tiempo del maltrato. Al fin de cuentas el maltrato fue siempre, con la protesta de los jugadores tapizando la escena y con Fernando López arriando banderas, para caer en exceso de tolerancias. River con el «Coco» De María libre. A veces con cinco para defender. Partiéndose fácilmente, con escaso margen para el enlace ofensivo. Más adoctrinado para defender que para atacar. Las luces ocasionales y la llegada nunca, en esos 45′ del Nacional como contrapartida, el de una más sólida actitud, pero también con el escaso peso de la imaginación ofensiva. Cuánto costó crear y producir!.

EL ROSTRO DESTEMPLADO

Al cabo, fue menos partido del supuesto. Menos en lo técnico. Menos en lo emotivo. La sensación que River fue a no perder y termina encontrándose con los tres puntos. La sensación que Nacional lo tenía controlado después del frentazo del «Pato» en los 14′ y que concluye resignando el invicto. Por los 17′ cuando Pablo Bernasconi decide para el empate y a despecho de la expulsión de Maicon Rodríguez en los 31′ (observado estaba y segunda roja), River pasó a creer. Un canje de actitud. De la espera a la búsqueda. Evadiéndose de la trinchera que invita a la especulación, para alcanzar el dictado del que concluye pudiendo. Derrotando a su propia maquinaria mental y táctica, expuesta al afán defensivo. Ya con Carballo. Ya después con Aranda. Descolgado de la percha de la duda, para volverse «Percha» del gol. Cuando dos socios se juntaron. Cuando Cristian resolvió. Cuando mandó el látigo. Cuando gritó tierra. Cuando de repente se topó con la recompensa no soñada. La de ganar. La de sentir que el sueño liguillero no es harina de otro costal. No lo es River. No lo es.

-ELEAZAR JOSÉ SILVA-