¿Adónde Vamos Bien?

No creo en las posturas orgullosas, en las del yo se todo y hasta ahora lo hice todo bien. En las que dicen que todo lo que se inventó a partir de que ingresaron al gobierno es lo correcto y lo otro, estaba tan mal hecho que el perjuicio se vuelve incalculable y que incluso estaba prácticamente hecho adrede para enriquecer los bolsillos de los otrora gobernantes.
Estas viejas recetas, que mezclan vanidad con falta de claridad mental, son las que promueven el hastío de la gente, las que no entusiasman y las que generan bronca cada vez que vemos una injusticia que se está cometiendo en tiempos actuales, porque es ahí cuando nos preguntamos ¿no hay nada que se esté haciendo mal?
Esto, es lo que pasa con el ley motive de la campaña del presidenciable por el Frente Amplio, Tabaré Vázquez, quien sin dudas es la figura más relevante entre los políticos en campaña por su trayectoria y muestras de buen gobierno para el país durante su mandato, lo que le valió la elección al actual presidente José Mujica y lo que, pese al vaivén de las encuestas, mantienen al Frente Amplio como favorito para ganar las presidenciales en segunda vuelta.
Ahora, el hecho de que una campaña se llame Vamos Bien, puede ser tolerable si fuera cierto. Pero si hay cosas que están pasando en todo el país que no están nada bien y que no se corrigen con nada, pese a que el tiempo pasa y nadie hace nada para mejorarlas, porque piensan que si los indicadores son buenos en alguna materia, ¿qué importa si en otros aspectos de la vida nacional hay situaciones que están mal? Y eso no es así.
Pero no es un capricho que no sea así, sino que es una obligación para el candidato del oficialismo, que además ya fue presidente y sabe cómo es eso, hablar de las cosas que están realmente mal hechas, de los casos que no se han podido corregir, de las metas que se plantearon hace 10 años y que no se han alcanzado aún, y sobre todo de lo que aspiran a lograr en caso de que la gente vuelva a elegirlos, porque ayudaría a discernir a los votantes que dentro de pocos meses se verán en la encrucijada de qué modelo de país elegir para los próximos tiempos. Si seguimos con el mismo hasta ahora o si nos planteamos la posibilidad de un cambio para consolidar algunas cosas que parecen estar lejos de hacerse.
Aunque la campaña electoral está tan mal enfocada, que el oficialismo las esquiva al punto que entiende que de las cosas que están mal, mejor que las hable la oposición que además le pone el plus que corresponde como todo político en campaña, mientras quienes deben defender una gestión o demostrar capacidad para resolver problemas porque son gobierno desde hace 9 años, y decirle a la gente que si el plan A no les funcionó ahora quieren plantear un plan B, por lo menos para no ser tan vanidosos, no, ellos eligen ir con el Vamos Bien.
¿Qué quiere decir Vamos Bien? ¿Hacia dónde Vamos Bien? Parece que es alguien que le está indicando el camino a un conductor desconcertado. Acá no hay un Vamos Bien, acá debe haber un hacia dónde vamos ahora después de todas las cosas que hicimos y que han pasado en la última década.
Sería bueno que antes de hablar tanto, de tirar tantos números, el doctor Tabaré Vázquez, que fue un presidente que salió con el 81 por ciento de reconocimiento popular de su mandato en el año 2010, acaso el posicionamiento más alto en la opinión pública de la historia para un mandatario, dijera otras cosas que no fuera llamar “giles” a los que no piensan como él y parara un poco la mano con tanto número y en vez de eso, dijera lo qué piensa hacer, por ejemplo, con los cerca de 250 mil personas que viven bajo la línea de pobreza en el Uruguay, o con el déficit habitacional que existe, determinando que miles de niños duerman casi a la intemperie y con los pies en el barro por la falta de vivienda digna y decorosa, pese a que el país vivió varios años de crecimiento económico, pero al parecer el reparto no alcanzó a este sector de la población.
Si bien fue refundado el Banco Hipotecario, que durante la crisis económica había sido desmantelado, y se crearon otras áreas internas para ejecutar, planificar y desarrollar políticas de vivienda, como el caso de la Agencia Nacional de Vivienda o el propio Mevir que está destinado a erradicar la vivienda rural, y encima que ahora contamos con la “Vivienda del Pepe”, una iniciativa del presidente José Mujica, que decide donar la mayor parte de su salario (algo tan loable como destacado por lo que eso implica) para hacerle una casita a los pobres.
Esto último es algo que genera dudas de su eficacia pero que además va a contrapelo de lo que debe hacer un presidente, quien debe bregar por generar una política de estado destinada a la vivienda, una política única, seria, responsable y comprometida que tienda a solucionar los problemas de fondo, con base científica y que sea perdurable y sostenible en el tiempo.
No está bien que un presidente no tenga una política única de vivienda, que tenga varios mecanismos y que ninguno funcione bien, porque más allá de la cantidad de oficinas gubernamentales destinadas a tal fin, sigue habiendo mucha gente que trabaja todo el mes para poder pagarse un alquiler, o que lisa y llanamente está en la calle y que aprovecha el primer terreno baldío que encuentra para meterse adentro y rezar para que no lo saquen con la policía, con todo lo que eso implica, pasando vergüenza delante de sus hijos y sometiéndolos a la tristeza de tener que vivir donde caiga la noche.
Uno de los ejemplos más elocuentes de que las políticas de vivienda son malas y de que el Estado es ineficiente y totalmente alejado de la realidad de la gente, no fue la falta de interés en el problema de los asentamientos irregulares por parte del Ministerio de Vivienda (que también es una falta grave y de la que hay mucha tela para cortar), sino que lo que más me impactó, fue la frialdad con la que abordaron la desesperada situación de 62 familias conformadas por casi 400 personas, entre los que pueden verse muchos rostros de niños que juegan en el barro, con la piel pálida por el frío y con la alegría inocente de no saber qué es lo que les está tocando vivir, cuando se asentaron el pasado fin de semana en predios fiscales, cedidos en comodato a un club de fútbol.
Allí, el ministerio creado por el actual gobierno para atender la situación de emergencia en la que viven aún miles de uruguayos, considerados pobres e indigentes, les dijo que se tomará su tiempo para analizar cada caso particular. Claro, pero eso vino cinco días después de que fuera publicada esta realidad en los diarios, pero como se venía el fin de semana, ese análisis de situación comenzará a armarlo recién hoy porque es lunes, pero puede empezar a ejecutarse este fin de semana, o la semana que viene. Y mientras tanto, la  gris y pertinaz llovizna que cayó sobre las cabezas (y las almas) de esas personas en las últimas horas, que dejó más taciturno aún su fin de semana, llegó mucho antes que la solución.
También llegó mucho antes que una solución la respuesta de la policía de intimarlos al desalojo, la orden de la justicia de cumplir con la ley sin mirar su realidad y las críticas de mucha gente que como duerme bajo un techo seguro dice cualquier cosa irrogándose el derecho de escupir para arriba, todo esto, mucho antes que una respuesta del Estado para solucionar un problema tan grave como éste, que padecen personas que son tan uruguayas como usted y como yo.
Entonces, viendo todo esto, la falta de soluciones para los uruguayos más carenciados, las mujeres, niños y ancianos que viven entre el olvido y la falta de todo para tener oportunidades; y la bronca acumulada de quienes vemos cómo se gasta dinero en cosas tan fútiles como renovar edificios públicos y crear cargos que de nada sirven, pero que se hacen para cumplir con los sindicatos que les dieron el voto y a los que si no los colocan en algún lado, tienen la amenaza de sufrir flor de alboroto con los que el gobierno no quiere lidiar en un año electoral. Viendo todo esto, yo me pregunto desde lo más profundo, ¿en realidad el presidenciable del oficialismo, Tabaré Vázquez, cree que Vamos Bien? Si es así, que se saque la venda, porque estamos fritos.

No creo en las posturas orgullosas, en las del yo se todo y hasta ahora lo hice todo bien. En las que dicen que todo lo que se inventó a partir de que ingresaron al gobierno es lo correcto y lo otro, estaba tan mal hecho que el perjuicio se vuelve incalculable y que incluso estaba prácticamente hecho adrede para enriquecer los bolsillos de los otrora gobernantes.

Estas viejas recetas, que mezclan vanidad con falta de claridad mental, son las que promueven el hastío de la gente, las que nopoliticos entusiasman y las que generan bronca cada vez que vemos una injusticia que se está cometiendo en tiempos actuales, porque es ahí cuando nos preguntamos ¿no hay nada que se esté haciendo mal?

Esto, es lo que pasa con el ley motive de la campaña del presidenciable por el Frente Amplio, Tabaré Vázquez, quien sin dudas es la figura más relevante entre los políticos en campaña por su trayectoria y muestras de buen gobierno para el país durante su mandato, lo que le valió la elección al actual presidente José Mujica y lo que, pese al vaivén de las encuestas, mantienen al Frente Amplio como favorito para ganar las presidenciales en segunda vuelta.

Ahora, el hecho de que una campaña se llame Vamos Bien, puede ser tolerable si fuera cierto. Pero si hay cosas que están pasando en todo el país que no están nada bien y que no se corrigen con nada, pese a que el tiempo pasa y nadie hace nada para mejorarlas, porque piensan que si los indicadores son buenos en alguna materia, ¿qué importa si en otros aspectos de la vida nacional hay situaciones que están mal? Y eso no es así.

Pero no es un capricho que no sea así, sino que es una obligación para el candidato del oficialismo, que además ya fue presidente y sabe cómo es eso, hablar de las cosas que están realmente mal hechas, de los casos que no se han podido corregir, de las metas que se plantearon hace 10 años y que no se han alcanzado aún, y sobre todo de lo que aspiran a lograr en caso de que la gente vuelva a elegirlos, porque ayudaría a discernir a los votantes que dentro de pocos meses se verán en la encrucijada de qué modelo de país elegir para los próximos tiempos. Si seguimos con el mismo hasta ahora o si nos planteamos la posibilidad de un cambio para consolidar algunas cosas que parecen estar lejos de hacerse.

Aunque la campaña electoral está tan mal enfocada, que el oficialismo las esquiva al punto que entiende que de las cosas que están mal, mejor que las hable la oposición que además le pone el plus que corresponde como todo político en campaña, mientras quienes deben defender una gestión o demostrar capacidad para resolver problemas porque son gobierno desde hace 9 años, y decirle a la gente que si el plan A no les funcionó ahora quieren plantear un plan B, por lo menos para no ser tan vanidosos, no, ellos eligen ir con el Vamos Bien.

¿Qué quiere decir Vamos Bien? ¿Hacia dónde Vamos Bien? Parece que es alguien que le está indicando el camino a un conductor desconcertado. Acá no hay un Vamos Bien, acá debe haber un hacia dónde vamos ahora después de todas las cosas que hicimos y que han pasado en la última década.

Sería bueno que antes de hablar tanto, de tirar tantos números, el doctor Tabaré Vázquez, que fue un presidente que salió con el 81 por ciento de reconocimiento popular de su mandato en el año 2010, acaso el posicionamiento más alto en la opinión pública de la historia para un mandatario, dijera otras cosas que no fuera llamar “giles” a los que no piensan como él y parara un poco la mano con tanto número y en vez de eso, dijera lo qué piensa hacer, por ejemplo, con los cerca de 250 mil personas que viven bajo la línea de pobreza en el Uruguay, o con el déficit habitacional que existe, determinando que miles de niños duerman casi a la intemperie y con los pies en el barro por la falta de vivienda digna y decorosa, pese a que el país vivió varios años de crecimiento económico, pero al parecer el reparto no alcanzó a este sector de la población.

Si bien fue refundado el Banco Hipotecario, que durante la crisis económica había sido desmantelado, y se crearon otras áreas internas para ejecutar, planificar y desarrollar políticas de vivienda, como el caso de la Agencia Nacional de Vivienda o el propio Mevir que está destinado a erradicar la vivienda rural, y encima que ahora contamos con la “Vivienda del Pepe”, una iniciativa del presidente José Mujica, que decide donar la mayor parte de su salario (algo tan loable como destacado por lo que eso implica) para hacerle una casita a los pobres.

Esto último es algo que genera dudas de su eficacia pero que además va a contrapelo de lo que debe hacer un presidente, quien debe bregar por generar una política de estado destinada a la vivienda, una política única, seria, responsable y comprometida que tienda a solucionar los problemas de fondo, con base científica y que sea perdurable y sostenible en el tiempo.

No está bien que un presidente no tenga una política única de vivienda, que tenga varios mecanismos y que ninguno funcione bien, porque más allá de la cantidad de oficinas gubernamentales destinadas a tal fin, sigue habiendo mucha gente que trabaja todo el mes para poder pagarse un alquiler, o que lisa y llanamente está en la calle y que aprovecha el primer terreno baldío que encuentra para meterse adentro y rezar para que no lo saquen con la policía, con todo lo que eso implica, pasando vergüenza delante de sus hijos y sometiéndolos a la tristeza de tener que vivir donde caiga la noche.

Uno de los ejemplos más elocuentes de que las políticas de vivienda son malas y de que el Estado es ineficiente y totalmente alejado de la realidad de la gente, no fue la falta de interés en el problema de los asentamientos irregulares por parte del Ministerio de Vivienda (que también es una falta grave y de la que hay mucha tela para cortar), sino que lo que más me impactó, fue la frialdad con la que abordaron la desesperada situación de 62 familias conformadas por casi 400 personas, entre los que pueden verse muchos rostros de niños que juegan en el barro, con la piel pálida por el frío y con la alegría inocente de no saber qué es lo que les está tocando vivir, cuando se asentaron el pasado fin de semana en predios fiscales, cedidos en comodato a un club de fútbol.

Allí, el ministerio creado por el actual gobierno para atender la situación de emergencia en la que viven aún miles de uruguayos, considerados pobres e indigentes, les dijo que se tomará su tiempo para analizar cada caso particular. Claro, pero eso vino cinco días después de que fuera publicada esta realidad en los diarios, pero como se venía el fin de semana, ese análisis de situación comenzará a armarlo recién hoy porque es lunes, pero puede empezar a ejecutarse este fin de semana, o la semana que viene. Y mientras tanto, la  gris y pertinaz llovizna que cayó sobre las cabezas (y las almas) de esas personas en las últimas horas, que dejó más taciturno aún su fin de semana, llegó mucho antes que la solución.

También llegó mucho antes que una solución la respuesta de la policía de intimarlos al desalojo, la orden de la justicia de cumplir con la ley sin mirar su realidad y las críticas de mucha gente que como duerme bajo un techo seguro dice cualquier cosa irrogándose el derecho de escupir para arriba, todo esto, mucho antes que una respuesta del Estado para solucionar un problema tan grave como éste, que padecen personas que son tan uruguayas como usted y como yo.

Entonces, viendo todo esto, la falta de soluciones para los uruguayos más carenciados, las mujeres, niños y ancianos que viven entre el olvido y la falta de todo para tener oportunidades; y la bronca acumulada de quienes vemos cómo se gasta dinero en cosas tan fútiles como renovar edificios públicos y crear cargos que de nada sirven, pero que se hacen para cumplir con los sindicatos que les dieron el voto y a los que si no los colocan en algún lado, tienen la amenaza de sufrir flor de alboroto con los que el gobierno no quiere lidiar en un año electoral. Viendo todo esto, yo me pregunto desde lo más profundo, ¿en realidad el presidenciable del oficialismo, Tabaré Vázquez, cree que Vamos Bien? Si es así, que se saque la venda, porque estamos fritos.