¿Hacia dónde va nuestra juventud?

Sociedad viciosa y permisiva
donde abundan los excesos

Estamos formando una sociedad donde abundan los excesos, ya que los jóvenes gastan
mucho dinero para consumir alcohol y drogas pero nadie dice nada.

Salir de noche se ha convertido en un mundo aparte, en un redescubrimiento de la sociedad oculta que sí existe y que pocos quieren hablar de ella porque resulta incómodo cuestionarnos a nosotros mismos. Lo que nos demuestra un aspecto distinto de una sociedad que se jacta de conservadora y liberal pero que tiene sus defectos como cualquier otra.
Los efectos del consumismo y de un presente donde los valores morales y humanos se han visto degradados a pasos agigantados en las últimas décadas, producto de un sistema que contribuye al individualismo y al vivir ya y ahora, generaron un subuniverso donde todo vale, y donde abunda el descontrol y los vicios.
La noche salteña no es ajena a esto y en sus distintos rincones donde pululan las barras de amigos que se reúnen en torno a algo, proliferan el desbande de alcohol y drogas, las que están al alcance de la mano de los más adolescentes y de quienes si bien toman el gusto por consumirlas, ni siquiera conocen cuales son sus efectos y el daño que esto les ocasiona.
Si bien en Uruguay las autoridades están obligadas a controlar la condición en la que la población realiza sus momentos de esparcimiento, prohibiendo la venta de alcohol y cigarrillos a menores de edad y limitando su venta a determinado público y restringiéndolo a determinados lugares, y en una sociedad donde las drogas son lisa y llanamente ilegales, la movida nocturna nos enseña algo muy distinto a lo que está establecido para que haya una sociedad medianamente ordenada y bajo control de riesgo sanitario.
Aquí los jóvenes no hacen otra cosa que tomar alcohol y mucho, consumen cada vez más tabaco y el mundo de las drogas está al alcance de las manos de cualquiera que se lo proponga. Salir de noche, supone entreverarse en el lado oscuro de quienes desean vivir su vida al filo de la navaja.
Pero ¿existen controles para tratar de frenar esta situación?. ¿Quién los ejerce?. ¿Se cumplen las disposiciones vigentes?. ¿Qué rol juegan los padres en una sociedad enferma por los vicios?. ¿Cómo operan las autoridades en este escenario?. ¿Qué buscan los jóvenes?. ¿Cuánto dinero se gasta en alcohol y drogas?. Esto, en el siguiente informe de EL PUEBLO.
Intoxicarse antes
de entrar
Cada vez hay más jóvenes en las calles deambulando por las noches y consumiendo mucho alcohol. Este, a juicio de las autoridades locales es el mayor de los problemas, más que la droga, más que el cigarrillo. Pese a que el consumo de drogas es algo que ya está instalado desde hace muchos años en esta ciudad y hoy pulula más que antes.
Sin embargo, la Costanera Norte, que se ha vuelto el bastión de la movida nocturna local, es por esto un punto de concentración de jóvenes consumiendo alcohol, drogas y vaciando sus bolsillos con los vicios más perjudiciales. Ellos, parecen no darse cuenta, pero la realidad es una, los jóvenes van a gastar mucho dinero para intoxicarse como preámbulo de una fiesta en la que al final nada es divertido.
Las barras son muchísimas y se aglomeran principalmente desde la avenida Apolón hasta la zona del Ayuí. Desde ese lugar, los autos se colocan mirando hacia la calle y de espaldas al río. Todos participan del mismo rollo, que es salir, juntarse, comprar todo el alcohol que les sea posible, los cigarrillos que se vuelven infaltables, y también drogas en muchos de los casos, siendo la marihuana la más vendida.
Allí consumen todo lo que tienen y después, con sus efectos, vienen los problemas. La intoxicación por alcohol y drogas genera distintas reacciones violentas que dan lugar a que en los amaneceres costaneros arda Troya. Los líos entre barras y los heridos por estas causas, han pasado a ser un denominador común de los fines de semana.
Adrián es un joven de 17 años de edad. Sus padres, ambos profesionales universitarios, le permiten salir con sus amigos. Lo llevan hasta la casa del que une al grupo antes de partir, y desde allí ellos se las arreglan para llegar a destino. No sin antes pasar por un comercio, en el que reúnen una cierta cantidad de dinero para comprar alcohol, cigarrillos y chicles.
Se trata de una barra de ocho amigos y entre todos gastan antes de llegar a la costanera, unos 1000 pesos en adquirir bebidas, cigarrillos y chicles. Luego la movida es ingerir todo lo que compraron para entrar ya “preparados” a la discoteca, donde la entrada oscila en los 100 pesos, consumir algo adentro del baile requiere un mínimo de 100 pesos más por persona y si la adquisición de alguna droga está presente en su terrible menú, no escatiman en otros cientos de pesos más para adquirirlas.
La mayoría de los de su barra son menores de edad, pero confiesa que nadie les impide ingresar al local y que en la cantina les venden una cerveza como a cualquiera. Lo mismo pasa afuera del local bailable, nadie les pide la cédula de identidad o simplemente les dice que no les venden porque son menores. Tampoco les dicen que no les venden porque está prohibido hacerlo a menores de edad y porque después de las doce de la noche ningún comercio puede hacerlo, ya que al parecer nadie recuerda esto último, y por supuesto que los adolescentes, ninguno estaba en conocimiento de la existencia de esta normativa.
“Nosotros tomamos alcohol porque nos divierte, está bueno tomarse una cerveza sin que tus padres te estén controlando cuanto tomás. Yo no soy de emborracharme, pero algunos de mis amigos sí lo hacen. Y después tenemos que cargar con él”, dijo a este diario.
Contó que ha participado de algunos “líos que se han armado, porque borrachos chocamos con alguno, que por lo general también lo está, porque en el baile casi todos están borrachos. Y bueno ahí terminamos a las trompadas. Pero no es para alarmarse”, dice como si nada, teniendo en cuenta que su mundo es así, aceptando que el consumo de alcohol es divertido y también alguna que otra trifulca desencadenada por esto.
Sin embargo, en su caso, se aparta del consumo de las drogas. “Tengo amigos que fuman, hay otros que toman cosas más fuertes. Como pastillas por ejemplo. Hay mucha pastilla en la vuelta, las compran porque te motiva y te dejan loco. Y adentro del baile las tomás y andás como perdido, pero te da sed y compras mucha agua. Pero yo no consumo, tomo alcohol y aunque estoy conciente de que no hace bien, algún día lo pienso dejar”, anhela este joven.
Con todo, su realidad es de las más pasivas ante una sociedad totalmente permisiva con los excesos, dejando a merced de estos adolescentes una amplia gama de elementos tóxicos a disposición y gusto del consumidor.
Esto ocurre con las discotecas, que “emplean” a menores de edad para que sean sus promotores regalando entradas y repartiendo los flyers (tarjetas promocionales de la fiesta del cada fin de semana) con descuentos, y les pagan por su distribución con el ingreso gratuito a la discoteca y con consumiciones gratuitas de alcohol.
Sin embargo este tipo de cosas, son difíciles de revertir si los empresarios “no tienen conciencia social ni empresarial”, dicen las autoridades, las que aducen que este tipo de hechos se les escapan de las manos.

Nadie cumple
las restricciones
El presidente Tabaré Vázquez envió al Parlamento un proyecto de ley que establece “la prevención del consumo abusivo, regularización de oferta, promoción, venta y expendido de bebidas alcohólicas”, y prevé prohibir su comercialización en espectáculos públicos, gasolineras, centros deportivos y culturales.
La normativa a estudio, también dispone la prohibición de venta en los alrededores de centros educativos, espectáculos deportivos, culturales, discotecas y recitales musicales. Veda la venta y expendio a menores de 18 años e impide dirigir a los mismos la publicidad de bebidas.
En Uruguay, uno de cada cuatro estudiantes de enseñanza media ha tenido episodios de intoxicación por alcohol, mientras que el 80% de los alumnos del sistema educativo ha experimentado su consumo, en su gran mayoría antes de los 13 años, según datos de la Junta Nacional de Drogas.
Pero la ley vigente desde el año 2000, establece que está prohibida la venta de alcohol en los locales que no están destinados exclusivamente a ellos, después de las 0 horas y hasta las 6 de la mañana de cada día. Sin embargo, la mayoría de los comerciantes lo venden igual, incluso a menores de edad.
Este control que respecta a la Policía, se hace, según afirman, pero no con la efectividad que tendría que tener. Según dijo a EL PUEBLO el jefe de Policía de Salto, el inspector mayor retirado, Walder Ferreira, “la Policía no da abasto con las supervisiones de locales para hacer cumplir esta ley”.
Y dijo incluso que “algunos comerciantes se quejan de porqué los inspeccionamos siempre a ellos y a otros no, pero nosotros hacemos lo que podemos. Estamos saturados, hacemos de todo, cuidamos las calles, prevenimos delitos y encima tenemos que estar controlando que se cumpla la normativa vigente, de que nadie que no se dedica al rubro discoteca, o similar, venda alcohol después de las doce de la noche. Algo que la gente sabe y no tendría que pasar, pero pasa igual y eso es lo malo”.
Ferreira sostuvo que la Policía dispone de un operativo recargado desde los viernes hasta los domingos para custodiar las zonas más frecuentadas y evitar que no haya problemas. Sin embargo, dijo que a la salida de los bailes  las trifulcas entre jóvenes son una constante. “Todas se producen como consecuencia del consumo de alcohol, en Salto los líos de barra se dan en forma permanente a la salida de los bailes”, destacó.
Además el jerarca policial dijo que si bien hay “un consumo bastante masivo de drogas, sobre todo en los jóvenes, el problema por el consumo del alcohol en las personas que salen de noche es peor aún”.
Si bien es criterio de la Policía la detención de una persona, la ley marca una infracción cuando un menor se encuentra consumiendo alcohol. Por lo tanto, la Policía debe actuar pero “el problema viene después. Nosotros hemos detenido menores bebiendo alcohol, les sacamos la bebida y hacer un procedimiento luego por el funcionamiento mismo de las estructuras, no tiene sentido ya que no hay consecuencias. Pero la represión se hace y si encontramos a un menor bebiendo alcohol se actúa de inmediato”, dijo.
Así, accidentes de tránsito, trifulcas con lesionados, delitos de toda índole, incidentes entre los mismos vecinos, las mismas barras y hasta entre los mismos amigos, son producto de un consumo masivo y excesivo de alcohol en los jóvenes. Algo que se ha vuelto tan nocivo y tan real en nuestra sociedad, que las estructuras ya no dan a basto para frenarlo y en los hogares el problema también persiste.
La noche se ha vuelto peligrosa. Los excesos que nos permitimos como sociedad en nuestros jóvenes son muy nocivos y pueden llegar a ser letales, si incluso seguimos el tren como si fuera una fiesta y no actuamos a tiempo. Dinero mal gastado, y la falta de límites y de descontrol abundan, pero la ausencia de referencias claras hace que estemos jugando a la ruleta rusa y encima lo tomemos como si fuera una gracia.







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