¿Los restos de Federico García Lorca podrían estar en Salto?

Hoy por: Jorge Pignataro

Por intervención de Enrique Amorim

7Recientemente, el joven periodista salteño radicado en Montevideo Juan M. Chaves, publicó un artículo en el portal El Boulevard -medio digital especializado en cultura- en el que, bajo el título «Los restos del poeta», investiga y analiza una curiosa situación a partir de un rumor circulante en ámbitos internacionales: que los restos del poeta español Federico García Lorca pudieran estar enterrados en Salto, al pie de su monumento ubicado en la zona de la Piedra Alta, Costanera Sur.

Explica Chaves que sobre fines de 2010, con motivo de los cincuenta años de la muerte de Enrique Amorim, quiso escribir algunas líneas sobre él y para ello decidió venir a Salto, concretamente al chalet Las Nubes, para investigar sobre la supuesta venta de la casa, sobre objetos de alto valor cultural que habrían desaparecido del lugar, sobre documentos desconocidos, un «testamento con extraño contenido», etc. Pero su propósito cambió totalmente de rumbo cuando la encargada del chalet le dijo: «Constantemente vienen visitantes extranjeros, en su mayoría arquitectos que quieren conocer la casa. Pero últimamente han venido varios españoles, acompañados por un escritor peruano. Eran un poco misteriosos. Como al pasar me dijeron que andan investigando a Amorim porque sospechan que él trajo los restos de Federico García Lorca y los enterró  al pie de su monumento en Salto. Pero no me quisieron decir más que eso». Hacia allí apuntó entonces la investigación del periodista.

Es sabido que los restos mortales del poeta español nunca aparecieron tras su fusilamiento en Granada, lugar también de su nacimiento. Al respecto indica Chaves: «Lorca fue fusilado junto a otras víctimas en Granada en el verano de 1936. Siempre se creyó que sus restos estaban en la fosa común del paraje de Fuente Grande, en Alfacar, a 9 quilómetros de Granada. Pero en los últimos meses de 2009, después de una ardua tarea de excavaciones en ese lugar, ‘no apareció un solo hueso’, ni los suyos ni otros. Los herederos del poeta, se oponían a la búsqueda…».

El escritor peruano al que se refiere la casera de Las Nubes es, según el periodista salteño, Santiago Roncagliolo, novelista ganador del Premio Alfaguara en 2006.

En otro pasaje dice la nota de El Boulevard: «Ian Gibson, es el más consumado biógrafo de Lorca y quien reconstruyó rigurosa y minuciosamente cada detalle del crimen. El hispanista irlandés asistió a todo el proceso de la fallida exhumación y, para no volverse loco, llevó un diario de la búsqueda. Ese diario se convirtió en un libro: La fosa de Lorca. Crónica de un despropósito, que publicó en 2010 la editorial Alcalá, la misma que ahora ha hecho el convenio por toda la obra de Amorim y en la que trabajan Roncagliolo y Miguel Carini. La sospecha de Gibson de que tal vez a finales de los cincuenta se pudo pactar con Franco para sacar los restos de Federico, coincide con las fechas de construcción del monumento a Lorca. Amorim había viajado a la Unión Soviética y por Europa en 1954, y cuando volvió se puso en campaña para hacer un monumento similar al que había hecho a Quiroga para guardar sus cenizas».

En un apartado de la nota de Chaves, que lleva como subtítulo «Tras la huella», comenta el siguiente hallazgo en un blog de Internet: «En el blog de Rafael Ceballos, un editor español amigo de Roncagliolo, escribió el 25 de octubre de 2009: ‘¿Que tuviese la fortuna de encontrar testimonios, historia, fotos inéditas de Federico, ahora que está todo el revuelo de las fosas en Alfacar? ¿Que tuviesen cartas y documentos inéditos de Pablo Neruda, Jorge Luis Borges, Rafael Alberti…? ¿Que tenga una hipótesis alternativa sobre dónde pueden estar descansando los restos de García Lorca?’. No nombra a Amorim, pero debajo de esta confesión coloca una fotografía del escritor salteño».

El tema está sobre la mesa. Bueno sería continuar investigando, aunque con prudencia. El propio Gibson le escribió a Chaves algunas palabras en las que reconoce que «La posibilidad de que los restos del poeta estén en Salto me parece mínima. Llevar a cabo la operación de localizar la fosa, desenterrar los restos y sacarlos de España sin que nadie se enterara en su momento… es impensable. Una operación de tal envergadura habría sido imposible de silenciar y a mi juicio jamás lo habría permitido el régimen.  No sé si se trata de un ‘stunt’ publicitario por parte de Roncagliolo.  Esto es todo lo que le puedo decir por el momento».