“Abrimos una puerta para el Handball; nada fue en vano”

“No nos olvidaremos de lo vivido. Porque no solo fue una experiencia deportiva. También humana. Reconocer que México o El Salvador son dos países con idiosincracias y costumbres muy distintas al nuestro, aunque igualmente nos nivelamos en determinados aspectos de la vida. Por eso, fue posible sentirnos bien y ellos a su vez con nosotros, tener el corazón abierto y brindarnos atenciones puntuales. México nos sorprendió con sus canchas de Handball, sobre todo por la calidad. Jugar a  2.400 metros de altura no es fácil, pero nunca dejamos de pelearla”.
Con Martín Silveira, Gonzalo Pedrozo, Ramiro Bernaola y la prof. Ana de los Santos en EL PUEBLO. Pero en la delegación se sumó otra salteña como Ana Paula Errecalde. Integrados al equipo de Handball, que días atrás supo de una experiencia para siempre: haber jugado en México primero y El Salvador después. En la tierra de los charros, en damas, afrontaron 8 partidos y los varones, con 3 compromisos asumidos. Ya en El Salvador, 3 cada uno.
Admiten que la diferencia radicó “en todo ese tiempo previo de adecuación que en México tienen. Se nota en el funcionamiento, no tanto en la cuestión individual. El Handball es por sobre todo, un deporte colectivo. Y otro aspecto no menor: encaran cada partido, sobre la base de un plantel. Nosotros fuimos con lo justo. No nos faltaron lesiones, pero comprobamos una realidad: tampoco estamos tan lejos. Depende de nosotros, no declinar en el afán de evolución”.
ABRIENDO LA PUERTA
Las vivencias acumuladas. Los viajes. La estadía. La hora de la acción.
En tanto, una certeza fluye desde ellos: “Abrimos una puerta para el Handball y de lo vivido nada fue en vano. Fuimos descubriendo el rol que el cabe al Comité Olímpico en México y la estructura de Centros de Alto Rendimiento, al amparo de una organización que impacta. Viven allí deportistas a los cuales se les realiza un seguimiento permanente, ya desde temprana edad. Por ejemplo, vimos un Clavadista de tan solo 8 años. Tienen un orden y una estrategia, que apunta a la captación de talentos. En Uruguay de repente, podemos tener talentos, pero se plantea el vacío de infraestructura. Hay comprobaciones inevitables, que golpean los ojos. El apoyo hacia el deportista, que también pasa a tener una recompensa económica, en ese período de mejoramientos en los Centros de Alto Rendimiento. Es una base, a la medida de lo que buscan. Tienen una posibilidad económica inocultable. Pero además la aplican, le sacan rédito y las consecuencias a favor no son para cuestionar. Están ahí”.
DESDE LA RAZÓN HUMANA
Las diferencias existentes con nuestro solar uruguayo, desde el frondoso anecdotario de los cuatro salteños que allá se fueron. Desde los desayunos·”en que se comen todo y nosotros habituados a un te con leche”, hasta el caos que supone el tránsito. “Cuando llegamos al aeropuerto del Distrito Federal, el taxista nos dijo que en 10 minutos estábamos en el hotel. Demoramos dos horas. Se respetan los carriles, pero llega un momento en que pasa el que puede”.
De la mole humana en México a ese El Salvador de las profundas grietas sociales, con capas sumergidas en el desencanto de la miseria y el horizonte recortado.
“Vimos pobreza y también inseguridad. Pero con nosotros, el trato no dejó de ser cordial y en un salteño como Pablo Quiñones, supimos de un guía y de un amigo que nos tendió la mano, hasta quedarnos en el recuerdo también esa zona de playa dando hacia el Pacífico. Nos alojaron en una Villa Deportiva, con todo lo necesario. En San Salvador, la capital, no faltan los barrios privados, el patrullaje con policías armados y casas donde se comprueba la custodia. De todo lo observado se asimila y en el orden deportivo, que lo vivido no quede incorporado como cosa personal de cada uno. Que la difusión también contribuya para creer en un Handball mejor”.
En la edición del domingo, una manera de prolongar la senda, con los salteños que fueron y retornaron, y ese sabor a recompensa sin grises, después de tantos corazones latiendo en pro del fin alcanzado. Al fin de cuentas, soñar es a veces… un acto de coraje.

“No nos olvidaremos de lo vivido. Porque no solo fue una experiencia deportiva. También humana. Reconocer que México o El Salvador son dos países con idiosincracias y costumbres muy distintas al nuestro, aunque igualmente nos nivelamos en determinados aspectos de la vida. Por eso, fue posible sentirnos bien y ellos a su vez con nosotros, tener el corazón abierto y brindarnos atenciones puntuales. México nos sorprendió con sus canchas de Handball, sobre todo por la calidad. Jugar a  2.400 metros de altura no es fácil, pero nunca dejamos de pelearla”.

Con Martín Silveira, Gonzalo Pedrozo, Ramiro Bernaola y la prof. Ana de los Santos en EL PUEBLO. Pero en la delegación se sumó otra salteña como Ana Paula Errecalde. Integrados al equipo de Handball, que días atrás supo de una experiencia para siempre: haber jugado en México primero y El Salvador después. En la tierra de los charros, en damas, afrontaron 8 partidos y los varones, con 3 compromisos asumidos. Ya en El Salvador, 3 cada uno.

Admiten que la diferencia radicó “en todo ese tiempo previo de adecuación que en México tienen. Se nota en el funcionamiento, no tanto en la cuestión individual. El Handball es por sobre todo, un deporte colectivo. Y otro aspecto no menor: encaran cada partido, sobre la base de un plantel. Nosotros fuimos con lo justo. No nos faltaron lesiones, pero comprobamos una realidad: tampoco estamos tan lejos. Depende de nosotros, no declinar en el afán de evolución”.

ABRIENDO LA PUERTA

Las vivencias acumuladas. Los viajes. La estadía. La hora de la acción.

En tanto, una certeza fluye desde ellos: “Abrimos una puerta para el Handball y de lo vivido nada fue en vano. Fuimos descubriendo el rol que el cabe al Comité Olímpico en México y la estructura de Centros de Alto Rendimiento, al amparo de una organización que impacta. Viven allí deportistas a los cuales se les realiza un seguimiento permanente, ya desde temprana edad. Por ejemplo, vimos un Clavadista de tan solo 8 años. Tienen un orden y una estrategia, que apunta a la captación de talentos. En Uruguay de repente, podemos tener talentos, pero se plantea el vacío de infraestructura. Hay comprobaciones inevitables, que golpean los ojos. El apoyo hacia el deportista, que también pasa a tener una recompensa económica, en ese período de mejoramientos en los Centros de Alto Rendimiento. Es una base, a la medida de lo que buscan. Tienen una posibilidad económica inocultable. Pero además la aplican, le sacan rédito y las consecuencias a favor no son para cuestionar. Están ahí”.

DESDE LA RAZÓN HUMANA

Las diferencias existentes con nuestro solar uruguayo, desde el frondoso anecdotario de los cuatro salteños que allá se fueron. Desde los desayunos·”en que se comen todo y nosotros habituados a un te con leche”, hasta el caos que supone el tránsito. “Cuando llegamos al aeropuerto del Distrito Federal, el taxista nos dijo que en 10 minutos estábamos en el hotel. Demoramos dos horas. Se respetan los carriles, pero llega un momento en que pasa el que puede”.

De la mole humana en México a ese El Salvador de las profundas grietas sociales, con capas sumergidas en el desencanto de la miseria y el horizonte recortado.

“Vimos pobreza y también inseguridad. Pero con nosotros, el trato no dejó de ser cordial y en un salteño como Pablo Quiñones, supimos de un guía y de un amigo que nos tendió la mano, hasta quedarnos en el recuerdo también esa zona de playa dando hacia el Pacífico. Nos alojaron en una Villa Deportiva, con todo lo necesario. En San Salvador, la capital, no faltan los barrios privados, el patrullaje con policías armados y casas donde se comprueba la custodia. De todo lo observado se asimila y en el orden deportivo, que lo vivido no quede incorporado como cosa personal de cada uno. Que la difusión también contribuya para creer en un Handball mejor”.

En la edición del domingo, una manera de prolongar la senda, con los salteños que fueron y retornaron, y ese sabor a recompensa sin grises, después de tantos corazones latiendo en pro del fin alcanzado. Al fin de cuentas, soñar es a veces… un acto de coraje.