“Cuando la gente se da cuenta cómo un hombre enérgico saca las cosas, la gente lo apoya”

-Escribió “Don Armando, la pasión del bien”,
un libro sobre su padre Armando I. Barbieri

-Escribió “Don Armando, la pasión del bien”, un libro sobre su padre Armando I. Barbieri

El arquitecto Hugo Barbieri recuerda a su padre a 50 años de su fallecimiento. Para ello escribió el libro “Don Armando, la pasión del bien”, que gracias a la Junta Departamental, la Intendencia y el Centro Comercial e Industrial de Salto pudo ser presentado hace unos días a nuestra sociedad, transformándose en el primer aporte literario histórico sobre la vida del gobernante, el docente y el padre de familia que fue Armando Inocencio Barbieri.

- Este año se cumplieron 50 años del fallecimiento de su padre, ¿qué recuerdos tiene de él?

– Los mejores. Acabo de publicar un libro que está basado en hechos y anécdotas que ocurrieron a lo largo de su vida. Eso me ha refrescado cosas de mucho tiempo atrás. Es un hombre que tuvo una gran actuación en todos los terrenos, en la enseñanza, en la arquitectura, en la política como gobernante, como maestro de juventudes, tuvo una múltiple actividad,

<p>Perfil de HUGO BARBIERI: Casado, tiene un hijo y dos nietos. De chico ya quería ser arquitecto. Es del signo de Virgo. Es simpatizante de Nacional.  ¿Alguna asignatura pendiente?  Siempre queda algo.  ¿Una comida?  El asado.  ¿Un libro?  He leído mucho a Horacio Quiroga.  ¿Una película?  Estamos todo bien con Marcelo Mastroianni.  ¿Un hobby?  Hoy me dedico a jugar a la carambola.  ¿Qué le gusta de la gente?  La sinceridad.  ¿Qué no le gusta de la gente?  La hipocresía.</p>

Perfil de HUGO BARBIERI: Casado, tiene un hijo y dos nietos. De chico ya quería ser arquitecto. Es del signo de Virgo. Es simpatizante de Nacional. ¿Alguna asignatura pendiente? Siempre queda algo. ¿Una comida? El asado. ¿Un libro? He leído mucho a Horacio Quiroga. ¿Una película? Estamos todo bien con Marcelo Mastroianni. ¿Un hobby? Hoy me dedico a jugar a la carambola. ¿Qué le gusta de la gente? La sinceridad. ¿Qué no le gusta de la gente? La hipocresía.

sobre todo vinculado a Salto. No podría darle una, porque fue tan importante haber liderado la ampliación del Liceo Nocturno como haber sido el primer director de la Escuela Industrial en el año 24 con 40 alumnos, como haber sido uno de los impulsores de la universidad del norte. Fíjese lo que le estoy diciendo, que son realidades que ahora ya han superado todas las expectativas porque la universidad del norte está arriba de 6 mil alumnos con profesionales formados acá en Salto, que eso llevó una lucha desde el año 48, cuando se puso la piedra fundamental. Llevó casi 10 años para poder lograr conquistar una pelea contra el centralismo montevideano que se oponía de cualquier manera.

Como arquitecto, las construcciones que él hizo en Salto están vigentes. Como político, fue un hombre que priorizó su idea aunque le costó la libertad porque estuvo confinado a la Isla de Flores por defender su ideología, por no acomodarse en las circunstancias del poder. Y como gobernante, estuvo dos veces al frente del gobierno departamental. La primera fue del 51 al 55, donde hizo la gran obra pública, toda la parte urbanística que como siempre digo, la ciudad de Salto estaba en ese momento comprimida entre los dos arroyos, el Sauzal y el Ceibal, no tenía salida. Él abrió avenidas, oxigenó el centro, abrió la rambla sur. A raíz de la obra urbanística crea nada más y nada menos que Arenitas Blancas.

Pero no fue solo la parte urbanística, la parte cultural también fue una apuesta muy importante en su gestión. En diciembre del 53 se hizo aquel famoso Festival de Coros del Litoral, que en una semana en Salto se concentró 650 vocalistas en el teatro del Parque Harriague, toda la Orquesta Sinfónica del SODRE, todo el Ballet del SODRE, la Comedia Nacional, imagínese lo que hoy sería eso. Eso demuestra lo que fue el empuje que tuvo en esos años el departamento.

Después de las cosas que rescato, fueron las donaciones que recibió la Intendencia, como el Parque Harriague, el Parque Mattos, el Palacio Gallino, la casona de Amorim, una larga lista. Eso se lo donaron en el segundo período porque confiaban en el gobernante.

- Además, su padre tuvo una proyección política nacional, llegó a ser presidente de la Asamblea General.

– Exactamente. Cuando terminó el primer mandato como intendente, se formó un Movimiento del Norte que lo propuso para ser el candidato del norte al Consejo Nacional de Gobierno. Todos los departamentos del norte del río Negro apoyaron la iniciativa y se hizo un gran acto en Artigas. Después lamentablemente las cosas de la política, los roces del liderazgo, terminaron por bajarlo de la candidatura ofreciéndole el segundo lugar en la lista al Senado de la Lista 15, que fue la más votada. A raíz de eso, él ingresó como senador. Luis Batlle era el presidente del Consejo y nombra a don Arroyo Torres, que era el presidente de la Asamblea, como ministro de Hacienda, entonces mi padre pasa a ocupar la presidencia del Senado y de la Asamblea General.

En ese tiempo, desde el punto de vista protocolar, la presidencia del Senado y de la Asamblea General equivalía a la vicepresidencia de la República, porque como había Consejo Nacional de Gobierno, era el vicepresidente del Consejo y el presidente del Parlamento. Vino a coincidir que era el aniversario de Salto, el bicentenario lo agarra siendo vicepresidente de la República. Después el Partido Colorado pierde la elección en el 58, él era candidato al Consejo…

- Que perdió con Herrera y Benito “Chicotazo” Nardone.

– Claro, cuando surge toda aquella historia donde Herrera hace el pacto con Chicotazo y el Partido Colorado recibe una de las derrotas más aplastantes porque ganó solo en Artigas. Bueno, él ahí era el sexto titular de la Lista 15, y fue designado director del Banco Hipotecario. Cuando termina el mandato, él ya tenía sus años con una larga trayectoria política que había empezado a retirarse, tanto así que presenta su jubilación como arquitecto. Pero va una delegación de la Lista 1 a verlo para decirle que en Salto el Partido Nacional iba a ser de vuelta el triunfador y que ya estaba en el gobierno. Si bien no le plantearon nada, el hecho de haber ido esa delegación en realidad fue para plantearle que fuera candidato. Entonces él les dijo que si pensaban que él podía hacer algo para poder recuperar el gobierno municipal estaba a la orden.

Y en muy pocos días se armó todo, eso lo cuento en el libro, hubo un acontecimiento que definió la elección. Hubo un acto en Salto Nuevo, y él como candidato cerró el acto, se bajó de la tribuna y empezó a caminar hacia la gente, era tanto el entusiasmo que siguió caminando y llegó hasta el centro con una poblada bárbara…

- ¿Una caravana a pie?

– Una manifestación, la gente salía de sus casas y aplaudía a su paso, bueno, ahí cambió la elección. Los mismos blancos reconocieron que en esos pocos 20 días dio vuelta la elección.

- ¿Cómo era vivir con ese caudillo político?

– Evidentemente era algo que uno lo notaba, porque trascendía el ámbito familiar, era un hombre además que estaba en todos lados. Estaba en el fútbol, en la política, en la arquitectura, en el liceo porque además era profesor de matemáticas y física. Lo que podría decir es que no tuvo como los padres comunes más tiempo al lado de los hijos, pero lo que él marcaba nos enseñaba más que si nos tuviera diciendo algo. Uno veía además el aprecio que le tenía la gente, y que veo le sigue teniendo. Me sorprende mucho que gente que teniendo menos de 65 años no lo conoció o eran muy chicos o no eran nacidos, pero que sin embargo creo que cualquier salteño hoy sabe algo sobre su vida.

- ¿Qué lo motivó a escribir el libro?

– Bueno, lógicamente mi preocupación de que el tiempo va borrando las cosas y hay mucho que no se sabe. Lamentablemente hay algunas cosas que se dicen para distorsionar la realidad, entonces me pareció que de alguna manera escribiendo la historia de mi padre una está estimulando a que otra persona, con mayor idoneidad, pueda decir que tiene otra opinión de lo que sucedió, y así se va armando la historia.

- Pero en su libro no solo da usted su punto de vista sobre hechos que sucedieron sino que la misma se sostiene con documentación de la época.

– Así es, documentos que encontré en la Biblioteca Nacional en diarios de la época. En el Senado conseguí las actas luego de 4 años de buscar y de la gran colaboración de sus funcionarios que me proporcionaron copias de las mismas. Hice un poco una función que nunca había hecho, que era una especie de investigación.

- En esa investigación que hizo, ¿descubrió a otro Armando Barbieri o confirmó lo que ya sabía de él?

– Confirmé lo que sabía, porque una cosa es decir algo como su verdad, que si la dice con honestidad y lealtad está todo bien. Pero si uno dice algo que sea poco creíble a simple vista, echa tierra a todo lo demás. Entonces, ¿cómo hacer cuando hay algo que pueda dar lugar a cierta duda? Buscando un respaldo con la prensa o algún testimonio.

- ¿Es cierto que donó los derechos de su libro para que pudiesen ser donados a las escuelas y liceos?

– Sí, sí, doné los derechos. Primero, estoy muy reconocido a la Junta Departamental porque por unanimidad de todos los partidos políticos –que era la única condición que puse para ceder mis derechos de autor- y a pocos días de una elección nacional que es cuando está toda esa efervescencia, fue para mí un reconocimiento muy importante. Pero además, más importante aún porque la gente que votó no conocía el libro, conocía al personaje y sabía también que un hijo no iba a escribir cualquier cosa.

Ahora ya tomó estado público, algunos supongo que ya lo estarán leyendo. Mi tranquilidad pasa por fomentar que alguien más escriba sobre la primera mitad del siglo 20, que para mí fue muy importante por lo que significó para Salto, para la cultura, para la enseñanza, parecería que fue una época muy fermental.

- ¿Salto le debe algo a su padre?

– Salto le ha dado mucho a mi padre. Soy un agradecido porque lo que más le ha dado es el reconocimiento. El hecho que estemos hablando a 50 años del fallecimiento de él y que cuando presenté el libro había más de 100 personas que no eran todos de mi grupo, colorados, ahí había de todo, eso es lo lindo.

- ¿Qué anécdota de su padre podría compartir con nosotros?

– Fíjese la avenida Barbieri. Él había propuesto en la campaña del 50 prolongar la avenida hasta el puerto. Desde luego, los grupos opositores decían que la Intendencia no tenía dinero para eso. Él demostró primero, que desde el punto de vista constructivo era muy sencillo porque tomaba fondos de manzana y decía que si en la avenida Batlle el metro cuadrado valía $10.50, ahí valía $1, pero que al pasar la avenida se multiplicaría por 10.

Así que hizo un cabildo abierto, porque era un hombre de vamo’arriba, no era de esperar 10 años para hacer las expropiaciones. Reunió entonces a todos los propietarios y les dijo, “la avenida va a pasar por acá, le voy a tomar a cada uno 7 metros, y ustedes a cambio van a tener una avenida donde la propiedad se le va a multiplicar por 10, ustedes lo único que tienen que hacer es ceder el terreno a cambio de lo que serían futuras contribuciones inmobiliarias”. En la misma noche la gente lo aprobó, y aunque parezca mentira, la semana siguiente se hizo el contrato con la Intendencia, y antes de 20 días las máquinas estaban abriendo la avenida. Cuando la gente se da cuenta cómo un hombre enérgico saca las cosas, la gente lo apoya.