“Fotocrónicas apunta a poder emocionarse con las cosas cotidianas”

“Busco una pequeña
historia para contar”

“Busco una pequeña historia para contar”

Juan Miguel Petit hoy trabaja para Naciones Unidas en materia de Derechos Humanos para Uruguay (actualmente se ocupa del sistema penitenciario), es abogado (aunque nunca ejerció) y como periodista trabajó (además de publicaciones estudiantiles previas) en los semanarios Opinar, Jaque, fue editor y uno de los dueños de la Revista Tres, trabajó en radio El Espectador.

Llegó nuevamente a Salto, luego de algunos años, para presentarnos su otra pasión, además del periodismo, la fotografía. Petit presentó días pasados en nuestra ciudad la muestra que llamó “Fotocrónicas”, de la que habló con EL PUEBLO en la siguiente entrevista.

- ¿Desde cuándo este gusto por la fotografía?

– De chico empezó mi atracción por la fotografía de guerra. Casualmente cayó en mis manos un ejemplar de la revista Fotografía de Argentina, que tenía un corresponsal de guerra en Vietnam, que murió allí en la guerra, y a partir de ahí me llamó la atención la fotografía. Empecé a comprar esa revista y a sacar fotos, y aunque nunca trabajé de eso, siempre me acompañó como una gran pasión.

Guardé muchos negativos, otros los perdí lamentablemente, a unos los tengo clasificados. Revisar en los negativos es como revisar en la memoria, hay cosas con las que uno se reencuentra, cosas que son diferentes y otras como pensaba. Luego vino la era digital y una etapa en la vida en la que sigo con las mismas ganas de sacar fotos pero quizás con una perspectiva diferente a la que tenía antes.

- ¿Busca temas o sale a la caza de la foto?

– En general me gusta la fotografía callejera, espontánea, directa de algo que ocurre. Pasa que andando en las calles uno a vecespetitcomienza a ubicar temas o situaciones o personajes, porque ve que hay algunas cosas interesantes de seguir. Y a veces sin quererlo se arman paquetes de temas, como las de parejas caminando, perros, gente leyendo, situaciones en las calles, en los cruces de las esquinas. Por lo general me gusta salir a la caza o a la pesca, sabiendo que hay una parte de afuera que es lo que uno encuentra.

- ¿Es como la aventura de descubrir?

– Sí, la curiosidad, pero más que descubrir, es esperar a que pase algo. Y saber que va a pasar y que es efímero, que va a durar poco y que es apasionante.

- La fotografía, ¿es una forma de periodismo o es simplemente arte?

– Hay muchas opiniones de gente que sabe mucho más que yo. Las fotos que hago son periodísticas, nunca diría que es arte.

- Porque usted sigue siendo periodista aún con una cámara de foto.

– Porque lo que quiero encontrar es una pequeña historia para contar. Cuando salen bien –y mentiría si no dijera que algunas salen bien y que me gustan, las quiero mucho-, son pequeñas historias con un gran sentimiento atrás. No hago fotografías testimoniales, ni de denuncia, no son retratos en general, fotografío cosas cotidianas que vistas a mí me generan algo y creo que a veces a la gente también.

- ¿Saca fotos para usted o para la gente?

– Como todos los medios de comunicación, siempre son para otro, y también son para uno porque uno tiene necesidad de hacerlo, de escribirlo, de hablarlo, porque fotografía es escribir con la luz. Hay necesidad de captar esas cosas, una necesidad física, afectiva, intelectual de ciertas cosas de tenerlas, pero también son para mostrar. Son para mostrar a la gente o a veces para que queden para quien sea, y a veces son para mostrar a gente que uno quiere, cuya opinión a uno le importa porque le gusta lo que uno hace.

- ¿En qué momento resuelve mostrar y compartir con los demás sus fotos?

– Es como el nombre de la muestra que estoy realizando, que son fotos de crónicas (“Fotocrónicas”), son historias, son crónicas. No es una fotografía conceptual, experimental donde uno la trabaja en el taller buscando una expresión artística. Tengo muchas fotografías que son crónicas y que vale la pena mirarlas una vez y punto. Las guardo porque las guardo, algunas de ellas me digo que es para verlas una sola vez y punto, otras me digo que vale la pena guardarlas siempre o por un buen tiempo. Hay algunas que sobreviven, con cosas curiosas o interesantes pero que después dejan de serlo. Acá (en la muestra) hay algunas fotos que son difícil de identificar su edad, de cuándo fueron sacadas.

Hay fotos emblemáticas para mí en la exposición, como la del perro a contraluz que está mirando una antena parabólica, esa foto tiene 15 años. Sin embargo, todavía hoy hay antenas parabólicas y es una foto que podría haber sido sacada ayer. Hay una foto de una niña, que es una de mis hijas, que es en una carretera con una línea amarilla y que ella casualmente está con una ropa amarilla, cruzó y se paró en la línea amarilla, esa foto no fue armada, y podría haber sido sacada ahora, ese lugar sigue igual hoy y mi hija tiene 15 años más. Hay otras fotos que tienen muy poco, un par de meses, como la de un skater habilidoso que parece pegado a una pared sacada en Buenos Aires.

- ¿Usted está relacionado al periodismo desde 1981?

– En realidad empecé haciendo periodismo en el liceo, con una revista en mimeógrafo que sacaba con mis compañeros de liceo. Yo iba al Liceo Seminario de los Jesuitas en Montevideo. Después trabajé en una revistita que sacaba la Iglesia Católica que la cerró la dictadura en el 74 porque publicó unas fotos y unos textos cuando empezó justamente la dictadura. Luego saqué otra publicación estudiantil. Y después empecé a trabajar más profesionalmente en Opinar en el año 81, que para mí fue una gran experiencia.

- Siempre se destacó por ser un periodista comprometido con las cuestiones sociales, ¿el fotógrafo se comió al periodista o ha logrado que convivan?

– Es algo que ha ido en paralelo, siempre saqué fotos. Los temas que escribía en general eran de pronto más vinculados a lo problemático, a los problemas sociales, juventud, infancia, carencias, pobreza, vivienda, temas políticos, temas que estuvieran en debate. Esta fotografía va por otro lado, no son fotografías de denuncia o testimoniales, podríamos encuadrarlas en lo que hoy se llama periodismo social, pero busca ser algo grato de ver. En este cuadrículo mío no va a encontrar dolores de cabeza.

Pero no debo hablar mucho de mis fotos, porque a mí me pueden decir algunas cosas que no necesariamente son la que dicen o lo que le pueden decir a otros. Algunas podrían tener algún tipo de mensaje o dar lugar a una reflexión, lo que sí es que todas están sacadas desde una emoción y en algunos casos desde una pasión, de un momento muy apasionante, muy adrenalínico. O sea, cuando miraba a ese perro que se movía con el sol que se ponía atrás y que se parara o no delante de la antena parabólica para mí ese era un momento fascinante, tan emocionante como cuando uno puede estar observando un momento político como la toma de mando de un presidente después de una situación muy particular, o una manifestación o un hecho importante. Es un poco a lo que apunta esto, poder emocionarse con las cosas cotidianas.

- Una vez que termina de armar una muestra, ¿comienza a pensar en la que sigue?

– Esto de hacer muestras para mí es bastante nuevo. En realidad, me encantaría hacer un libro de fotografías, soy un poco ambicioso porque hacer un libro de esas características es caro. Pero en definitiva, esta muestra que se exhibió en Maldonado, en San José y ahora en Salto, con apoyo de mucha gente, como Leo Barizzoni que fue el curador que me dio los marcos, escaneó las fotos, pero además yo financié las impresiones, los traslados, en algunos casos las inauguraciones. O sea que aquí también hay un costo grande.

Es muy lindo el momento del encuentro, yo no lo había hecho nunca hasta este año. Mostrar te ayuda a ordenar y a valorar lo que tenés, y saber que en definitiva, como todas las cosas que uno hace en la vida, erra, emboca y a veces no sabemos. Hay algunas fotos que me gustan y que quiero mucho, puedo entender que a la gente no le guste, pero yo las quiero mucho, entonces me gusta mostrarlas. Y tengo muchas fotos que sigo queriendo mucho, por eso no es que vaya pensando en otra muestra, es que tengo más cosas para mostrar, y sigo sacando fotos. Pero para armar otra muestra se necesita tiempo y tener cierto presupuesto, pero yo soy un fotógrafo amateur en el sentido literal de la palabra y “amador”, capaz que de a poquito encuentre alguna forma de financiar mejor esta pasión.

- ¿No vende las fotos?

– Si alguien las quiere comprar (risas), he regalado algunas y quiero regalar más a gente que quiero. Sí, por qué no, se pueden vender (risas).

Perfil de JUAN MIGUEL PETIT

Casado, tiene tres hijas. Es del signo de Leo, “pero nunca lo leo” (risas). De chiquito quería ser golero, “me gustaban mucho los goleros que se vestían todo de negro como (Ladislao) Mazurkiewicz, como Lev Yashin, ‘la araña negra’, me gusta esa idea de atajar la pelota”. Es hincha de Nacional.

¿Una asignatura pendiente?

Miles, y por suerte siguen apareciendo más, ese es el problema (risas).

¿Una comida?

Lamentablemente también miles (risas).

¿Una película?

Me gusta mucho el cine pero tengo mala memoria, así que respondo con lo más recientes que vi, “Relatos salvajes”.

¿Un hobby?

Si tuviera tiempo para un hobby me dedicaría a sacar fotos.

¿Qué le gusta de la gente?

Que no mienta o que haga un gran esfuerzo por no mentir.

¿Qué no le gusta de la gente?

Cuando miente a sabiendas o cuando miente para hacerte ir para un lado o para el otro.

¿Un libro?

“Crónica del ángel gris” de Dolina, “Los cuentos de Fontanarrosa” y “Le Luthiers de la L a la S”, a lo que podríamos agregar las obras completas de Felisberto Hernández que leí de veterano y los cuentos de Cortázar. Y no me quiero hacer el intelectual porque no lo soy, pero esta respuesta tiene que ver con la fotografía en el sentido de la aparición de lo que el fotógrafo francés (Henri) Cartier-Bresson decía ‘el instante decisivo’. Cartier-Bresson pintaba, hacía cine y estaba vinculado a los surrealistas, y ‘el momento decisivo’ es justamente poder captar algo inesperado que ocurre en un espacio común. Entonces, en esas versiones criollas tan variadas que le dije de Dolina, Cortázar, Felisberto y muchos más, hay como una cosa surrealista de lo cotidiano. En el café de la esquina pasan cosas impresionantes.







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