“Fútbol salteño es una bomba de tiempo y los dirigentes, el reflejo de la indiferencia”

Desde el Ministerio del Interior, la decisión de un tiempo a esta parte: no más servicio 222 en los campos de juego. Por esa razón, la Liga Salteña de Fútbol ha desembocado en un fin: contratar el servicio de una empresa privada, cuyos funcionarios han sido blanco predilecto de cuestionamientos por “la falta de reacción en situaciones elementales”.
Lo cierto es que los hechos de violencia se acumulan sin más trámite: hinchas que “de pesado” ingresan sin pagar, actitudes patoteras contra boleteros afincados en las canchas, árbitros expuestos a la agresión, etc, conformando un cuadro de situación no menos que aborrecible.
A tal punto que el pasado lunes en el Consejo Superior de la Liga Salteña de Fútbol, el gerente José Luis Sabarrós pensó primero y deslizó después el apunte, profético para algunos: “Así como vamos, el año que viene no hay fútbol”.
Después de todo es cosa real, que el acecho de la violencia, trepa a ojos y oídos de todos. Un árbitro de fútbol de primera línea, ayer a la tarde, tiró la frase a cronistas de EL PUEBLO: “El fútbol salteño es una bomba de tiempo y los dirigentes, el reflejo de la indiferencia. Hablan, pero se lavan las manos. Algunos de ellos, también son instigadores de la violencia. Que no lo reconozcan, es otra cosa”.
LOS CASOS DE IMPUNIDAD
Distintos protagonistas que guardan relación con el fútbol en las canchas, no se han salvado de la impunidad a la hora misma de ejercer el dictado de la violencia. Árbitros centrales, asistentes, cronistas deportivos, delegados, futbolistas y aficionados. No debiera marginarse de la memoria, los apedreos comprobados, a veces denunciados y otras veces, omitidos.
Seis (6) funcionarios de la empresa privada por cada escenario. Si a un escenario asistiesen 300 aficionados, cada 50 personas…¡un funcionario!. El hecho es que para algunos representantes de clubes, “cuando se les dirige la palabra a quienes son parte de la seguridad porque se plantea una determinada situación, no hay respuesta alguna. No se tiene en claro porque se paga por un servicio, que a esta altura es de ineficacia comprobada”.
Pero además, se admite otra reflexión: “No son elementos de choque, incluso algunos de ellos con dudosa capacidad para disuadir”. En tanto, campea la impunidad de quienes ejercen la propia iracundia en un escenario de fútbol, donde la esencia es dolorosamente bastardeada.
“BUSCAR UNA SOLUCIÓN
PARA EL AÑO QUE VIENE”
Si el lector de EL PUEBLO refresca la memoria, admitirá sin más trámite la puesta a punto de narraciones desde estas páginas, en que la violencia no ha sido cuestión tan episódica como fugaz, y si más bien, un hecho prolongándose con martirizadora vigencia. Un domingo sí, y otro también. El pasado lunes en el Consejo Superior, se tiró la pelota hacia adelante, cuando se apuntó a que “hay que buscar una solución para el año que viene”, incluso abriéndose un llamado a empresas de seguridad, tentándose otras opciones. El hecho es que restan cinco (5) fechas para el final de la segunda rueda, más allá de la tercera rueda  a disputarse en el Dickinson, lo que torna más factible el afinamiento de la seguridad. Pero en estas cinco fechas, ¿qué cuestiones inciertas o cuántas dudas acumuladas en materia de seguridad?
En tanto, cabe preguntarse si la indiferencia, será parte nomás, de su reinado sin grietas.

Desde el Ministerio del Interior, la decisión de un tiempo a esta parte: no más servicio 222 en los campos de juego. Por esa razón, la Liga Salteña de Fútbol ha desembocado en un fin: contratar el servicio de una empresa privada, cuyos funcionarios han sido blanco predilecto de cuestionamientos por “la falta de reacción en situaciones elementales”.

Lo cierto es que los hechos de violencia se acumulan sin más trámite: hinchas que “de pesado” ingresan sin pagar, actitudes patoteras contra boleteros afincados en las canchas, árbitros expuestos a la agresión, etc, conformando un cuadro de situación no menos que aborrecible.

A tal punto que el pasado lunes en el Consejo Superior de la Liga Salteña de Fútbol, el gerente José Luis Sabarrós pensó primero y deslizó después el apunte, profético para algunos: “Así como vamos, el año que viene no hay fútbol”.

Después de todo es cosa real, que el acecho de la violencia, trepa a ojos y oídos de todos. Un árbitro de fútbol de primera línea, ayer a la tarde, tiró la frase a cronistas de EL PUEBLO: “El fútbol salteño es una bomba de tiempo y los dirigentes, el reflejo de la indiferencia. Hablan, pero se lavan las manos. Algunos de ellos, también son instigadores de la violencia. Que no lo reconozcan, es otra cosa”.

LOS CASOS DE IMPUNIDAD

Distintos protagonistas que guardan relación con el fútbol en las canchas, no se han salvado de la impunidad a la hora misma de ejercer el dictado de la violencia. Árbitros centrales, asistentes, cronistas deportivos, delegados, futbolistas y aficionados. No debiera marginarse de la memoria, los apedreos comprobados, a veces denunciados y otras veces, omitidos.

Seis (6) funcionarios de la empresa privada por cada escenario. Si a un escenario asistiesen 300 aficionados, cada 50 personas…¡un funcionario!. El hecho es que para algunos representantes de clubes, “cuando se les dirige la palabra a quienes son parte de la seguridad porque se plantea una determinada situación, no hay respuesta alguna. No se tiene en claro porque se paga por un servicio, que a esta altura es de ineficacia comprobada”.

Pero además, se admite otra reflexión: “No son elementos de choque, incluso algunos de ellos con dudosa capacidad para disuadir”. En tanto, campea la impunidad de quienes ejercen la propia iracundia en un escenario de fútbol, donde la esencia es dolorosamente bastardeada.

“BUSCAR UNA SOLUCIÓN PARA EL AÑO QUE VIENE”

Si el lector de EL PUEBLO refresca la memoria, admitirá sin más trámite la puesta a punto de narraciones desde estas páginas, en que la violencia no ha sido cuestión tan episódica como fugaz, y si más bien, un hecho prolongándose con martirizadora vigencia. Un domingo sí, y otro también. El pasado lunes en el Consejo Superior, se tiró la pelota hacia adelante, cuando se apuntó a que “hay que buscar una solución para el año que viene”, incluso abriéndose un llamado a empresas de seguridad, tentándose otras opciones. El hecho es que restan cinco (5) fechas para el final de la segunda rueda, más allá de la tercera rueda  a disputarse en el Dickinson, lo que torna más factible el afinamiento de la seguridad. Pero en estas cinco fechas, ¿qué cuestiones inciertas o cuántas dudas acumuladas en materia de seguridad?

En tanto, cabe preguntarse si la indiferencia, será parte nomás, de su reinado sin grietas.