“La República Batllista” de Gerardo Caetano tuvo una brillante presentación en Salto

Hoy por: Jorge Pignataro

Ante un Auditorio de Casa Quiroga desbordado de público, se presentó en la noche del viernes el libro “La República Batllista”, del historiador Gerardo Caetano. La profundidad del discurso del autor, su fluidez, claridad y amenidad, así como la pasión con que fue expresado, hicieron una velada sumamente disfrutable, que no sería exagerado calificar como brillante. Las palabras de apertura del Esc. Enrique Cesio se extendieron por aproximadamente quince minutos, para luego dar paso a Gerardo Caetano que habló aproximadamente una hora. Cabe destacar que este libro es el primer tomo de una trilogía que viene preparando Caetano, auque aún no maneja con precisión las fechas de aparición de los próximos tomos. La actividad tuvo la organización de la Asociación Marosa di Giorgio, el patrocinio de Banda Oriental (editorial que publicó el libro) y Comisión Honoraria de Casa Quiroga, el auspicio de la Intendencia de Salto y la adhesión de la Academia Nacional de Letras, de la que Caetano forma parte.

A continuación ofrecemos sólo algunos pasajes de la oratoria, lo que será ampliado en próximas ediciones.

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Gerardo Caetano junto al Prof. Enrique Cesio.

Esc. Enrique Cesio: “La familia Batlle es un instrumento de la formación de este país

Las palabras de presentación estuvieron a cargo del Escribano Enrique Cesio, integrante de la Asociación Marosa di Giorgio. Cesio destacó principalmente la rigurosidad del trabajo de Caetano, la gran cantidad de documentos que presenta en el libro y la fineza con que los maneja; está todo tan bien fundamentado que “nada puede considerarse una vana opinión”, sostuvo. Pero Cesio comenzó haciendo a referencia a la figura de Batlle; en parte medular de su alocución expresó: “Batlle es una especie de ícono, es un símbolo, una figura carismática y que está omnipresente a través de las avenidas, las calles, escuelas, liceos, monumentos, rutas. Alguien podría pensar que está sobredimensionado, sin embargo esa familia, la familia Batlle, y no solamente su prócer Don José Batlle y Ordóñez, es un instrumento de la formación de este país, de una manera que a veces quizá no tenemos conciencia total. En una línea directa, desde el general Lorenzo (Batlle), pasando por José Batlle y Ordóñez, siguiendo por Luis Batlle Berres y terminando por Jorge Battle Ibáñez, esta línea troncal ha ejercido la presidencia del país durante veinticuatro años de su vida institucional. Y si a eso le agregamos que Don Lorenzo en 1847 ya era Ministro y que las diversas ramas de los que no fueron presidentes pero fueron hijos, sobrinos, hermanos, tíos, abarca toda la gama de Ministerios, senaturías diputaciones, entes autónomos, hasta hoy, es realmente una cuestión nacional ese tema, más allá de la evaluación desde el punto de vista ideológico o político que se pueda hacer de este proceso”. Cesio valoró especialmente “esta revisión que hace Caetano de tomar ese período y volverlo a analizar a pesar de las miles de páginas que se han escrito, en los libros, en las revistas, en los diarios, en los análisis políticos, en los clubes políticos”. Y agregó: “Caetano puede hacer esto porque es alguien que pertenece a esta maravillosa saga que tenemos los uruguayos de grandes historiadores, y yo me permitiría señalar a Eduardo Acevedo, Juan Pivel Devoto, Barrán y Nahum y la generación de Caetano, que le ha metido al estudio histórico una cuestión fundamental, que es el análisis global de la sociedad, no solamente desde el punto de vista político sino sobre los demás elementos que configuran la vida política del  país”.

Gerardo Caetano: el concepto República “nos expresa, nos singulariza, más allá de banderías políticas”

“Yo empecé como historiador estudiando el batllismo –inició su discurso Gerardo Caetano– y lo hice en años muy terribles para el país, que eran los años de la dictadura, y en aquella época la gran mayoría de los historiadores uruguayos, restringidos como todos los ciudadanos del país a una vida muy estrecha por los dictadores de turno, encontraron la vía para interpelar su presente justamente explorando este período del pasado (el batllismo)”.

En cuanto al libro, dijo que “tiene como objeto de estudio un pleito: el pleito entre las dos familias ideológicas fundamentales de aquella época, donde se estaba matrizando la forma de conseguir la democracia, la República entre nosotros. Los uruguayos cuando hablan de la Nación, y de esto también trata el libro, hablan de la República, hablamos del Presidente de la República y no del Presidente de la Nación, del Banco de la República y no del Banco de la Nación…Esto nos expresa, nos singulariza, más allá de banderías políticas”. Todo esto, explicó el disertante, no fue solamente obra de Batlle o de su ideología, “esto no emergió de la hegemonía ni política ni ideológica de un grupo político sino que expresó una transacción…”, pero “a mi juicio marcó el modelo de ciudadanía tanto en sus ideas como en sus prácticas, que fue un modelo republicano liberal, en ese orden: republicano liberal”, enfatizó.

Agregó que generalmente se concibe la historia uruguaya como liberal, sin embargo analizando el período batllista, “uno advierte que esa concepción es incompleta, es insuficiente, que esa idea de un liberalismo vago es una parte de la verdad, pero hay otra parte que debe incorporarse y que se asocia a esa matriz de transacción republicano-liberal. Y sobre esto debatieron los hombres del Novecientos. Había una familia ideológica del republicanismo solidarista, que estaba liderada por el batllismo radical, cuya figura era el propio Batlle y Ordoñez, que era un radical como muchas veces se olvida que era. Del otro lado había otra familia ideológica que era la del liberalismo individualista”.

Hoy en día “no encontraremos a nadie que se llame conservador, ni siquiera los más recalcitrantes conservadores”

“En esa traducción –prosiguió Caetano – muchas veces los componentes del liberalismo individualista se llamaban a sí mismos ‘porveniristas’, que era la manera de llamar lo que hoy más contemporáneamente y en una expresión más marginal en la época, sería el progresismo. Los liberales individualistas muchas veces se definían, como luego no ocurriría, como conservadores. En Uruguay hoy si sometemos a interrogación a todos los dirigentes políticos de todos los partidos y les preguntamos si se considera conservador, no encontraremos a nadie que se llame conservador, ni siquiera los más recalcitrantes conservadores, que vaya que los hay. Esto en el Novecientos no pasaba, Luis Alberto de Herrera, por ejemplo, señalaba: me complazco en pertenecer a las clases conservadoras y hacía una autodefensa muy talentosa, muy calificada”.