“Maté el deseo de escapar a la pobreza y vivir con lo puesto”

Héctor Antonio Cattani, de aquel futbolista de los 70 a este predicador.

confieso este stress agudo que no me falta, es por tantos viajes. Mi cerebro está agotado en un 50% y debo extremar los cuidados. He convivido con comunidades aborígenes, he descubierto la magia de algunas provincias argentinas como Salta y Jujuy y la pobreza de la mayoría de los países de América Central. Nací en calle Piedras 460. Fui a la Escuela 3. Después al Ipoll y comencé a jugar al Baby Fútbol en Plaza Artigas con el “Negro” Guibert. A los 13 años fui a  Arsenal y con 16 debuté en Primera División. Disfruté del equipazo del 78, el orientado por el “Pacho” Jardín. Era completito. Orlando Viera era rústico, pero impasable. Ese equipo tenía un balanceo perfecto entre técnica y fuerza, pero también un profundo amor a esa camiseta. Ahí vi jugar a Carlos Dos Santos, en Arsenal. Era frío y pasional jugando. Lo mataban a patadas. Los defensas contrarios no le bancaban la gambeta. Albín, Rolfo, el “Lolo” Mendoza, Valiente, Jacques, Vidiella, Cuello, Moreno…¡jugaban y jugaban!.”.
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Después de ese tiempo en Arsenal, HÉCTOR ANTONIO CATTANI se fue a Nacional de Montevideo, en medio de aquel remolino de incipientes crack liderados por Juan Ramón Carrasco. Tras ese tiempo de palpitaciones, cruzó el charco y descubrió en la Paternal, a Argentinos Juniors, naciendo algunos meses después su pasión vivificante por San Lorenzo de Almagro…. ”Ahí en Argentinos, jugaba un moreno bajito, al que no había que pegarle por que nos decían: “Ese nos va a dar de comer”. Ese moreno bajito era Maradona. El hecho es que al tiempo, voy a una peluquería y ahí estaban cubriendo todas las paredes, fotos de San Lorenzo. Nació el amor por los “cuervos”. Hasta que se organizó un campeonato de fútbol en un seminario y comencé a matar el deseo de escapar a la pobreza y vivir con lo puesto. Porque fui a Buenos Aires buscando en el fútbol, la respuesta económica, hasta que un predicador hizo un llamado de consagrar la vida a Dios. De rodillas en la mitad de una cancha, creo que lloré como nunca”.
Fue en febrero de 1980. Héctor se convertiría después en Pastor de la Iglesia Bautista.
Surcó mares, exploró tierras, oteó la miseria humana y convivió con ella. De aquel salteño del barrio Lazareto con un sueño de futbolista, a este peregrino de la fe, para admitir en algún momento frente a EL PUEBLO que “la opulencia no sirve para vivir. Nunca me adherí a cedas y shopping. Me conformo con mate y tortas fritas. Vivimos tiempos en que prevalece la ingeniería del mal y la vanidad del hombre juega su propio partido. No faltan predicadores que mercantilizan con la fe. Son los mismos que trasmiten un mensaje hueco, sin contenido. No faltan en este mundo, los que se montan en sus pecados y ahí están. Es el show y el comercio. La sensibilidad humana va por otro camino y el cielo será de última, un lugar de reencuentro, después de esta carrera, donde la destrucción se va multiplicando y surge la penosa comprobación que nos va ganando”.
Fue una tarde cualquiera, de días pasados. De esas tardes recientes en Salto, con el calor agobiando, espantando…pero en la mansedumbre de la Iglesia, el encuentro con EL PUEBLO, de aquel futbolista ahora Pastor Evangélico.
Este Héctor de la memoria sin diques de contención. El listado de lo anecdótico. Los nombres que la historia no resigna, mientras la esencia del ser pretende jugar su propio partido. Como para prolongar la creencia humana, a pesar de los pesares que se enquistan…y también asquean.
-ELEAZAR JOSÉ SILVA-

Confieso este stress agudo que no me falta, es por tantos viajes. Mi cerebro está agotado en un 50% y15 2 12 033 debo extremar los cuidados. He convivido con comunidades aborígenes, he descubierto la magia de algunas provincias argentinas como Salta y Jujuy y la pobreza de la mayoría de los países de América Central. Nací en calle Piedras 460. Fui a la Escuela 3. Después al Ipoll y comencé a jugar al Baby Fútbol en Plaza Artigas con el “Negro” Guibert. A los 13 años fui a  Arsenal y con 16 debuté en Primera División. Disfruté del equipazo del 78, el orientado por el “Pacho” Jardín. Era completito. Orlando Viera era rústico, pero impasable. Ese equipo tenía un balanceo perfecto entre técnica y fuerza, pero también un profundo amor a esa camiseta. Ahí vi jugar a Carlos Dos Santos, en Arsenal. Era frío y pasional jugando. Lo mataban a patadas. Los defensas contrarios no le bancaban la gambeta. Albín, Rolfo, el “Lolo” Mendoza, Valiente, Jacques, Vidiella, Cuello, Moreno…¡jugaban y jugaban!.”.

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Después de ese tiempo en Arsenal, HÉCTOR ANTONIO CATTANI se fue a Nacional de Montevideo, en medio de aquel remolino de incipientes crack liderados por Juan Ramón Carrasco. Tras ese tiempo de palpitaciones, cruzó el charco y descubrió en la Paternal, a Argentinos Juniors, naciendo algunos meses después su pasión vivificante por San Lorenzo de Almagro…. ”Ahí en Argentinos, jugaba un moreno bajito, al que no había que pegarle por que nos decían: “Ese nos va a dar de comer”. Ese moreno bajito era Maradona. El hecho es que al tiempo, voy a una peluquería y ahí estaban cubriendo todas las paredes, fotos de San Lorenzo. Nació el amor por los “cuervos”. Hasta que se organizó un campeonato de fútbol en un seminario y comencé a matar el deseo de escapar a la pobreza y vivir con lo puesto. Porque fui a Buenos Aires buscando en el fútbol, la respuesta económica, hasta que un predicador hizo un llamado de consagrar la vida a Dios. De rodillas en la mitad de una cancha, creo que lloré como nunca”.

Fue en febrero de 1980. Héctor se convertiría después en Pastor de la Iglesia Bautista.

Surcó mares, exploró tierras, oteó la miseria humana y convivió con ella. De aquel salteño del barrio Lazareto con un sueño de futbolista, a este peregrino de la fe, para admitir en algún momento frente a EL PUEBLO que “la opulencia no sirve para vivir. Nunca me adherí a cedas y shopping. Me conformo con mate y tortas fritas. Vivimos tiempos en que prevalece la ingeniería del mal y la vanidad del hombre juega su propio partido. No faltan predicadores que mercantilizan con la fe. Son los mismos que trasmiten un mensaje hueco, sin contenido. No faltan en este mundo, los que se montan en sus pecados y ahí están. Es el show y el comercio. La sensibilidad humana va por otro camino y el cielo será de última, un lugar de reencuentro, después de esta carrera, donde la destrucción se va multiplicando y surge la penosa comprobación que nos va ganando”.

Fue una tarde cualquiera, de días pasados. De esas tardes recientes en Salto, con el calor agobiando, espantando…pero en la mansedumbre de la Iglesia, el encuentro con EL PUEBLO, de aquel futbolista ahora Pastor Evangélico.

Este Héctor de la memoria sin diques de contención. El listado de lo anecdótico. Los nombres que la historia no resigna, mientras la esencia del ser pretende jugar su propio partido. Como para prolongar la creencia humana, a pesar de los pesares que se enquistan…y también asquean.

-ELEAZAR JOSÉ SILVA-







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