“Siempre me he puesto del lado de la gente”

Con Carlos Rodrigo Pintos Brandón
funcionario de Registros Médicos del Hospital

Con Carlos Rodrigo Pintos Brandón funcionario de Registros Médicos del Hospital

Tiene 45 años y lleva casi dos décadas trabajando en el Hospital Regional Salto, primeramente en la sala de Emergencias y en estos últimos años en el sector de Registros Médicos de la institución.

Carlos Rodrigo Pintos Brandón nació en Salto pero por la labor paterna se crió en la ciudad de Artigas… también estuvo radicado en Rivera y luego en la capital del país.

Su padre era fabricante de botas y calzados. Acompañó a su progenitor hasta que llegó la etapa de independizarse y tomar su propio rumbo.

Hace público su agradecimiento por el lugar que ocupa y reconoce la gestión del Dr. Juan Pablo Cesio “que ha renovado el hospital en muchos aspectos y también el valor humano de sus compañeros”.

Considera que en estos años el servicio del Hospital ha evolucionado y que se sigue trabajando para mejorar.

¿Cómo fue esa infancia viajando y radicándose en diferentes ciudades?

-“Provengo de un hogar de padres separados… mi madre Florentina Brandón en la actualidad vive en Montevideo y es una pastoraaldorso001 evangélica.

Mantenemos una buena relación… no es la ideal debido a la distancia, con mi padre Juan Francisco también me llevo bien”.

¿Qué rescata de esa experiencia de conocer diferentes comunidades del interior del país?

-“Con el paso del tiempo fui entendiendo que no fue tan malo. Que las cosas que nos suceden en la vida no son precisamente un castigo sino un aprendizaje.

¿Cuántos años lleva trabajando en el Hospital?

-“El 1ro. de marzo cumplí 16 años de función. Antes me dedicaba al cuidado de enfermos… empecé más o menos a los 25 años. Fue en la empresa de Florentino dos Santos y luego en Asisper.

Luego me involucré en la política, con el Dr. Luis Batlle Bertolini, que es como mi padre… me ayudó muchísimo a reinsertarme en mi tierra natal.

Así fue que trabajé en política con él casi cuatro años.

Entré a Salud Pública y el tiempo se me acortó para dedicarme al ámbito político, pero siempre me mantuve cerca”.

¿Cómo fueron esos primeros tiempos en la Emergencia del Hospital?

-Cuando ingresé a trabajar a la emergencia en ese entonces había muy poca gente… creo que solamente dos funcionarios.

El vasco Lizasoain – que en ese momento era el referente – fue quien se encargó de enseñarme.

También recibí mucha enseñanza del actual director Juan Pablo Cesio, que en ese entonces pertenecía al staff médico de la emergencia.

Desde que entré hasta el 2000 todavía estábamos en la era del papel y se recibía un promedio de ochenta personas por día.

Hoy son casi trescientas las que concurren a diario a la emergencia.

Más adelante se informatizó el registro de usuarios.

A partir de ese momento el trabajo se tornó un poco más ágil, ya que llenar las hojas a mano llevaba mucho tiempo”.

¿Y desde el punto de vista humano, qué rescate hace de la experiencia?

“Ningún funcionario podría llegar a hacer dinero en este trabajo, con salarios tan bajos como tiene Salud Pública hasta el día de hoy.

Lo más importante que se puede distinguir es el vínculo que se establece con la sociedad.

De a poco sentí que me fui consolidando en esa referencia humana… uno termina haciendo más y más por la gente sin esperar nada a cambio.

Sentí simplemente que debía dar lo mejor a todas esas personas que llegaban enfermas y vulnerables por la situación que estaban viviendo, necesitadas de contención.

Dentro de las posibilidades, siempre traté de colaborar.

¿Recuerda particularmente un suceso que lo haya movilizado?

“Indudablemente que la emergencia es una puerta abierta a las fatalidades…uno se alegra cuando los pacientes salen bien, curados… pero allí siempre existe el riesgo de que suceda un hecho trágico.

No es que el fallecimiento de las personas mayores no impacte… pero sí es muy triste y chocante ver niños morir.

Recuerdo el caso de un niño… ese día me tocó cumplir doble turno en la emergencia.

Vino con algunas ronchas en la piel… yo estaba apuntando sus datos mientras él me sonreía.

Cuando pasó a consulta le dieron la medicación, porque en primer momento se pensó que se trataba de un cuadro alérgico.

Cercano a la una de la mañana, los padres volvieron con el niño que se había agravado.

El niño me miró fijamente y la sonrisa de él fue apenas una mueca.

Una hora después comenzaron a llamar a los médicos del CTI y enfermeras… desgraciadamente se trató de púrpura fulminante y el niño terminó falleciendo.

Se vivió en la emergencia una tristeza muy grande… fue duro presenciar el dolor desgarrador de los padres, que no hay forma de calmarlo.

El médico del CTI en ese momento era el Dr. Benzo (fallecido), un gran profesional y ser humano.

Ese fue uno de los casos más conmovedores que viví.

La muerte se vuelve algo cotidiano en esos lugares… los suicidios, los accidentes…

Creo que durante los quince años que estuve en la emergencia – con mucho respeto a los médicos – me puse del lado de la gente.

Es muy difícil para un ser humano tener que asumir que está enfermo”.

¿Considera que en todo este tiempo se ha logrado avanzar en la calidad de atención?

“El Hospital ha cambiado mucho… hoy podemos decir que prácticamente es un hospital cinco estrellas.

Leo y me informo acerca de otros hospitales y Salto – aún quedando muchas cosas por hacer – tiene un hospital de buen nivel, con una dirección que se ha preocupado por brindar comodidad al paciente y al acompañante.

Las oficinas también están mejor”.

Y con respecto a la espera en farmacia y los demás reclamos del público ¿Cómo es la situación actual?

“Creo que en ningún otro hospital del país se da tanta medicación como en éste; solamente no se le da al paciente cuando no hay.

También voy a quebrar una lanza por mis compañeros,  porque el grupo humano es bueno.

El trabajo de la farmacia es muy delicado, porque hay que ser muy meticuloso en lo que se le entrega al paciente.

Todo lo que el paciente lleva tiene que quedar bien registrado.

Por ello se dan las demoras. Esperar, se espera en todos lados.

Las dos químicas que trabajan allí tienen a la farmacia en excelentes condiciones”.

¿Cómo se siente desempeñándose hoy en el área de Registros Médicos?

“Como funcionario, siento que todavía estoy aprendiendo y por suerte cuento con el apoyo de los demás compañeros.

También nuestra labor es de extrema responsabilidad, pues no nos podemos equivocar.

Allí la gente va a buscar la fotocopia de su historia clínica para jubilarse, nada se puede omitir.

Se trabaja con información para el BPS”.

¿Cuáles son los mayores reclamos que hacen los pacientes?

“La gente se pone mal cuando se terminan los números para especialistas o se le demora en entregar una historia… casi siempre es por los tiempos.

Ahora hay funcionarias que se encargan exclusivamente de llevar las historias a las policlínicas.

Se han hecho muchísimas cosas pero falta todavía… como prioridad habría que darles a los funcionarios otro día libre semanal.

María Fernanda Ferreira







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