“Siempre tengo sueños nuevos, los que voy cultivando en mi interior para que en algún momento florezcan”

Sarah Ardaix asumió el pasado 1º de febrero la dirección del Colegio y Liceo Salesianos “Nuestra Señora del Carmen”, cargo que por primera vez es ocupado por una mujer. EL PUEBLO dialogó con ella sobre la institución educativa que le toca dirigir, los desafíos y preocupaciones que tiene por delante.
- ¿Cómo fue recibir la noticia que dirigiría este centro educativo con tanta historia en Salto?
- Para mi fue sumamente inesperado porque crecí en esta casa y siempre ha habido un director salesiano, un sacerdote. Así que cuando recibí la propuesta me sorprendió mucho y hubo una resistencia interna en mi hacia el cambio.
- ¿Es la primera mujer que ocupa este cargo?
- Sí.
- ¿Es algo revolucionario?
- (Se ríe) Sí, evidentemente es como un hecho histórico, hay un quiebre. Pero los salesianos a nivel de la Inspectoría del Uruguay y en el mundo entero están recuperando el tiempo que le pueden dedicar directamente a los chiquilines, entonces una de las cosas que ocupa mucho tiempo es la gestión, para estar con los gurises tenés que liberar y renunciar a cosas…
- ¿Delegar?
- Sí, delegar. Y bueno, se entendió que estaban dadas las condiciones como para que eso pudiera suceder acá en Salto, donde la presencia salesiana tiene muchos años, hay muchos laicos bien formados por los mismos salesianos. Fíjese que yo misma entré a la casa con 5 años, hice toda la escuela, todo el liceo…
- Y sigue acá.
- Y sigo acá (risas), y como yo hay muchas personas.
- Luego de recibir la propuesta y haberlo pensado, ¿cómo enfrentó el desafío del cambio?
- Con mucha alegría por diferentes razones. Una de ellas, la más fuerte, es que me daba la oportunidad de estar a tiempo pleno en el colegio. Me siento muy feliz trabajando junto a Don Bosco por los niños y los jóvenes. En ese sentido hubiera podido estar en la dirección u otra cosa porque las tareas en una casa salesiana son siempre pasajeras, hoy puede ser esto y mañana puede ser otra cosa diferente.
- Lo suyo venía perfilado para el lado de la docencia, capacitándose pedagógicamente incluso en el exterior del país.
- Sí, igual la dirección te da la posibilidad de pensar lo educativo junto con una comunidad. La dirección tiene una alta carga pedagógica también, desde ese punto de vista es muy lindo, te da la posibilidad de trabajar con los docentes, con los padres, con los mismos gurises. Yo sigo con docencia directa con los chiquilines, a mí me encanta y me parece muy importante no perder ese espacio en el aula. Porque fuera del aula tenemos mucho contacto, por ejemplo ahora, nos vamos dos días con los alumnos del preuniversitario a Buenos Aires, tenemos los campamentos, tenemos las jornadas de espiritualidad, tenemos el patio en el día a día.
- ¿Cómo fue su primer día en la dirección?
- Muy natural, porque los gurises ya sabían del cambio desde noviembre o diciembre, y estaban contentos. Ellos lo vivieron también con muchísima naturalidad y eso para mí fue fundamental. Después las otras personas que están en el equipo de dirección del colegio me han apoyado mucho, y el grupo docente es un precioso grupo con el que vengo compartiendo desde hace años como compañera. Entonces, la verdad que ha sido mucho más natural de lo que uno puede pensar al mirarlo desde afuera.
- ¿Cuáles son los desafíos que debe enfrentar en la dirección?
- Estamos en un momento de encrucijada en lo educativo como país, y Salto no escapa a eso. Pienso que los principales desafíos van por ese lado, por ver cómo podemos hacer con lo que tenemos para brindar una educación de calidad, una educación integral al estilo de Don Bosco, que es una educación que parte del corazón. Don Bosco educa con el corazón, no podemos dejar el corazón de lado, ese gran motor de lo educativo. El afecto, el cariño, los vínculos que se van entretejiendo entre los chiquilines y los educadores, y los chiquilines entre sí.
- Hoy se habla mucho de los problemas que tiene el país, especialmente en lo que refiere a los valores, donde todos observan que la educación juega un papel fundamental, algo que se ha descuidado. Esto se está discutiendo en el país en pleno proceso electoral. ¿Cuál es el aporte que desde los salesianos se hace en ese sentido?
- Hay aportes sumamente importantes. El primero es educar en, desde y para la alegría. En un mundo que parece entristecido, agraviado, vapuleado, ayudando a los chiquilines a descubrir que cultivar la alegría significa cumplir con las pequeñas obligaciones cotidianas, es sumamente importante. Y dentro de esas obligaciones, por ejemplo, está el asistir a clases y estudiar, esforzarse en el estudio. No olvidarse que no somos solamente estudiantes, que hay un mundo que necesita que nos involucremos, que descubramos al prójimo en el otro, que nos vayamos formando en la solidaridad. Todos los sistemas educativos que son exitosos se apoyan muchísimo en el valor de la solidaridad, es preguntarse no solamente qué es lo que yo quiero hacer sino quién quiero ser. Ir a lo más profundo de la vocación humana.
- ¿Cómo se logra revertir esa invasión permanente del mundo que incita a la gente a ser individualista, egoísta, consumista, todo lo contrario a lo que usted acaba de sostener?
- Claro, la cultura ambiental tira mucho. Ahora, los niños, los adolescentes y los jóvenes están como naturalmente permeables a buscar lo verdadero en la vida. Fíjese que nosotros sabemos que de los jóvenes depende el cambio…
- ¿Por qué?
- Porque son muy sensibles a las necesidades ajenas, a las necesidades más amplias de la comunidad. Entonces, aceptan la invitación y se vuelven grandes promotores del cambio. Nosotros creemos profundamente en los jóvenes. Creo que muchas veces si no dan más es porque no les damos las posibilidades como para que puedan dar más, pero basta que la necesidad les sea planteada para que ellos recurran a un gran capital que tienen dentro.
- ¿Y qué papel juega la familia? Porque luego del colegio el niño o joven retorna a su hogar y puede encontrarse con otra realidad que la que se le inculca en el aula.
- La familia y el colegio son grandes aliados, lo que pueden juntos no tiene techo. Si uno está desbalanceado con respecto al otro, ahí empiezan los problemas. La escuela también necesita dar respuesta a muchas necesidades que tiene la familia que a veces no queremos ver o no podemos responder como deberíamos. Pero cuando trabajamos juntos, los cambios son posibles.
Nosotros tenemos acá una comunidad de padres que trabajan muchísimo, integrados al colegio. Tenemos por ejemplo un equipo de padres articuladores, de cada clase hay delegados de padres que hacen de puente entre el equipo de dirección y los demás, entonces mantenemos un diálogo permanente. Y tiene que ser así porque sabemos que tenemos tesoros acá adentro, y por esos tesoros tenemos que dar cuenta a los padres, que son quienes confían en el colegio para ayudarlos en la educación de los hijos.
- Tuve la oportunidad de entrevistar en este mismo colegio a quien sería posteriormente designado por el Vaticano como Arzobispo de Montevideo, me refiero al Padre salesiano Daniel Sturla. ¿Cómo recibieron aquí la noticia de su nombramiento?
- Con muchísima alegría. Recuerdo que ese día hicimos una fiesta espontánea alargando el tiempo del recreo. No sabés lo que era el patio entre partidos de fútbol, básquetbol, pusimos música. Evidentemente que es un ser humano sumamente capaz que ha sido un gran compañero como salesiano y que tiene muchísimo para dar.
- ¿Esto le da más responsabilidad a los salesianos?
- No, creo que no. Los salesianos formamos parte de la Iglesia, dentro de la Iglesia hay diferentes carismas, y nosotros somos uno de esos carismas. No existe carisma especial si Dios no lo regala. Lo que tenemos para aportar a la Iglesia es justamente ese saber hacer con los jóvenes, eso es lo que nos caracteriza. Nuestra responsabilidad es dejar, como Don Bosco, todo en la cancha. Don Bosco decía, hasta el último aliento para los jóvenes, cada minuto de mi vida dedicado a la educación. No permitía que nadie le robara tiempo desde ese punto de vista, porque él sabía que su llamado, su vocación era ese. Eso es lo que tenemos que, entre todos, seguir haciendo.
- Don Bosco a fines del siglo XIX se destacó por rescatar a jóvenes que estaban en las calles, ¿todavía quedan niños y jóvenes para rescatar?
- Pero cómo no, sin duda. La presencia salesiana en Uruguay tiene muchísimas experiencias de trabajo. En Salto tenemos la Obra Social Don Bosco con todos sus proyectos, por ejemplo el Miguel Magone que trabaja con jóvenes infractores. Acá los alumnos del colegio tienen con sus animadores trabajo en los barrios todos los sábados a la tarde animando oratorios, como le decimos nosotros, que es ir a los barrios populares. Ahí pasan la tarde con los niños que reúnen jugando, compartiendo la merienda, aprendiendo, eso es fundamental porque para eso ha nacido la congregación salesiana, y tenemos que seguir dando respuestas a esas necesidades.
Leí que en Salto se suspendieron 800 asignaciones familiares porque los gurises no van a la escuela. Yo pensaba, 800 es un mundo, ¿no? La cantidad de gurises nuestros que no están viniendo a la escuela, al liceo, gurises salteños que tendrían que estar estudiando.
- Y son muchos más en el país.
- Sí. Y pienso, fijate todo lo que tenemos para hacer, con años de escuela laica, gratuita y obligatoria, con años de presencia de la Iglesia, aún con anterioridad a eso, trabajando en la educación y todavía tenemos gurises que no se quedan en el aula.
- ¿Y cómo sigue el año del colegio una vez terminadas las vacaciones?
- Y sigue con todo, porque acá una de las cosas más lindas que tiene es que esto no para nunca, siempre hay mucho trabajo. Veo a esta segunda parte del año con ilusión y con muchas ganas.

Sarah Ardaix asumió el pasado 1º de febrero la dirección del Colegio y Liceo Salesianos “Nuestra Señora del Carmen”, cargo que por primera vez es ocupado por una mujer. EL PUEBLO dialogó con ella sobre la institución educativa que le toca dirigir, los desafíos y preocupaciones que tiene por delante.

- ¿Cómo fue recibir la noticia que dirigiría este centro educativo con tanta historia en Salto?

– Para mi fue sumamente inesperado porque crecí en esta casa y siempre ha habido un director salesiano, un sacerdote. Así queSección 01-20140709-04858cuando recibí la propuesta me sorprendió mucho y hubo una resistencia interna en mi hacia el cambio.

- ¿Es la primera mujer que ocupa este cargo?

– Sí.

- ¿Es algo revolucionario?

– (Se ríe) Sí, evidentemente es como un hecho histórico, hay un quiebre. Pero los salesianos a nivel de la Inspectoría del Uruguay y en el mundo entero están recuperando el tiempo que le pueden dedicar directamente a los chiquilines, entonces una de las cosas que ocupa mucho tiempo es la gestión, para estar con los gurises tenés que liberar y renunciar a cosas…

- ¿Delegar?

– Sí, delegar. Y bueno, se entendió que estaban dadas las condiciones como para que eso pudiera suceder acá en Salto, donde la presencia salesiana tiene muchos años, hay muchos laicos bien formados por los mismos salesianos. Fíjese que yo misma entré a la casa con 5 años, hice toda la escuela, todo el liceo…

- Y sigue acá.

– Y sigo acá (risas), y como yo hay muchas personas.

- Luego de recibir la propuesta y haberlo pensado, ¿cómo enfrentó el desafío del cambio?

– Con mucha alegría por diferentes razones. Una de ellas, la más fuerte, es que me daba la oportunidad de estar a tiempo pleno en el colegio. Me siento muy feliz trabajando junto a Don Bosco por los niños y los jóvenes. En ese sentido hubiera podido estar en la dirección u otra cosa porque las tareas en una casa salesiana son siempre pasajeras, hoy puede ser esto y mañana puede ser otra cosa diferente.

- Lo suyo venía perfilado para el lado de la docencia, capacitándose pedagógicamente incluso en el exterior del país.

– Sí, igual la dirección te da la posibilidad de pensar lo educativo junto con una comunidad. La dirección tiene una alta carga pedagógica también, desde ese punto de vista es muy lindo, te da la posibilidad de trabajar con los docentes, con los padres, con los mismos gurises. Yo sigo con docencia directa con los chiquilines, a mí me encanta y me parece muy importante no perder ese espacio en el aula. Porque fuera del aula tenemos mucho contacto, por ejemplo ahora, nos vamos dos días con los alumnos del preuniversitario a Buenos Aires, tenemos los campamentos, tenemos las jornadas de espiritualidad, tenemos el patio en el día a día.

- ¿Cómo fue su primer día en la dirección?

– Muy natural, porque los gurises ya sabían del cambio desde noviembre o diciembre, y estaban contentos. Ellos lo vivieron también con muchísima naturalidad y eso para mí fue fundamental. Después las otras personas que están en el equipo de dirección del colegio me han apoyado mucho, y el grupo docente es un precioso grupo con el que vengo compartiendo desde hace años como compañera. Entonces, la verdad que ha sido mucho más natural de lo que uno puede pensar al mirarlo desde afuera.

- ¿Cuáles son los desafíos que debe enfrentar en la dirección?

– Estamos en un momento de encrucijada en lo educativo como país, y Salto no escapa a eso. Pienso que los principales desafíos van por ese lado, por ver cómo podemos hacer con lo que tenemos para brindar una educación de calidad, una educación integral al estilo de Don Bosco, que es una educación que parte del corazón. Don Bosco educa con el corazón, no podemos dejar el corazón de lado, ese gran motor de lo educativo. El afecto, el cariño, los vínculos que se van entretejiendo entre los chiquilines y los educadores, y los chiquilines entre sí.

- Hoy se habla mucho de los problemas que tiene el país, especialmente en lo que refiere a los valores, donde todos observan que la educación juega un papel fundamental, algo que se ha descuidado. Esto se está discutiendo en el país en pleno proceso electoral. ¿Cuál es el aporte que desde los salesianos se hace en ese sentido?

– Hay aportes sumamente importantes. El primero es educar en, desde y para la alegría. En un mundo que parece entristecido, agraviado, vapuleado, ayudando a los chiquilines a descubrir que cultivar la alegría significa cumplir con las pequeñas obligaciones cotidianas, es sumamente importante. Y dentro de esas obligaciones, por ejemplo, está el asistir a clases y estudiar, esforzarse en el estudio. No olvidarse que no somos solamente estudiantes, que hay un mundo que necesita que nos involucremos, que descubramos al prójimo en el otro, que nos vayamos formando en la solidaridad. Todos los sistemas educativos que son exitosos se apoyan muchísimo en el valor de la solidaridad, es preguntarse no solamente qué es lo que yo quiero hacer sino quién quiero ser. Ir a lo más profundo de la vocación humana.

- ¿Cómo se logra revertir esa invasión permanente del mundo que incita a la gente a ser individualista, egoísta, consumista, todo lo contrario a lo que usted acaba de sostener?

– Claro, la cultura ambiental tira mucho. Ahora, los niños, los adolescentes y los jóvenes están como naturalmente permeables a buscar lo verdadero en la vida. Fíjese que nosotros sabemos que de los jóvenes depende el cambio…

- ¿Por qué?

– Porque son muy sensibles a las necesidades ajenas, a las necesidades más amplias de la comunidad. Entonces, aceptan la invitación y se vuelven grandes promotores del cambio. Nosotros creemos profundamente en los jóvenes. Creo que muchas veces si no dan más es porque no les damos las posibilidades como para que puedan dar más, pero basta que la necesidad les sea planteada para que ellos recurran a un gran capital que tienen dentro.

- ¿Y qué papel juega la familia? Porque luego del colegio el niño o joven retorna a su hogar y puede encontrarse con otra realidad que la que se le inculca en el aula.

– La familia y el colegio son grandes aliados, lo que pueden juntos no tiene techo. Si uno está desbalanceado con respecto al otro, ahí empiezan los problemas. La escuela también necesita dar respuesta a muchas necesidades que tiene la familia que a veces no queremos ver o no podemos responder como deberíamos. Pero cuando trabajamos juntos, los cambios son posibles.

Nosotros tenemos acá una comunidad de padres que trabajan muchísimo, integrados al colegio. Tenemos por ejemplo un equipo de padres articuladores, de cada clase hay delegados de padres que hacen de puente entre el equipo de dirección y los demás, entonces mantenemos un diálogo permanente. Y tiene que ser así porque sabemos que tenemos tesoros acá adentro, y por esos tesoros tenemos que dar cuenta a los padres, que son quienes confían en el colegio para ayudarlos en la educación de los hijos.

- Tuve la oportunidad de entrevistar en este mismo colegio a quien sería posteriormente designado por el Vaticano como Arzobispo de Montevideo, me refiero al Padre salesiano Daniel Sturla. ¿Cómo recibieron aquí la noticia de su nombramiento?

– Con muchísima alegría. Recuerdo que ese día hicimos una fiesta espontánea alargando el tiempo del recreo. No sabés lo que era el patio entre partidos de fútbol, básquetbol, pusimos música. Evidentemente que es un ser humano sumamente capaz que ha sido un gran compañero como salesiano y que tiene muchísimo para dar.

- ¿Esto le da más responsabilidad a los salesianos?

– No, creo que no. Los salesianos formamos parte de la Iglesia, dentro de la Iglesia hay diferentes carismas, y nosotros somos uno de esos carismas. No existe carisma especial si Dios no lo regala. Lo que tenemos para aportar a la Iglesia es justamente ese saber hacer con los jóvenes, eso es lo que nos caracteriza. Nuestra responsabilidad es dejar, como Don Bosco, todo en la cancha. Don Bosco decía, hasta el último aliento para los jóvenes, cada minuto de mi vida dedicado a la educación. No permitía que nadie le robara tiempo desde ese punto de vista, porque él sabía que su llamado, su vocación era ese. Eso es lo que tenemos que, entre todos, seguir haciendo.

- Don Bosco a fines del siglo XIX se destacó por rescatar a jóvenes que estaban en las calles, ¿todavía quedan niños y jóvenes para rescatar?

– Pero cómo no, sin duda. La presencia salesiana en Uruguay tiene muchísimas experiencias de trabajo. En Salto tenemos la Obra Social Don Bosco con todos sus proyectos, por ejemplo el Miguel Magone que trabaja con jóvenes infractores. Acá los alumnos del colegio tienen con sus animadores trabajo en los barrios todos los sábados a la tarde animando oratorios, como le decimos nosotros, que es ir a los barrios populares. Ahí pasan la tarde con los niños que reúnen jugando, compartiendo la merienda, aprendiendo, eso es fundamental porque para eso ha nacido la congregación salesiana, y tenemos que seguir dando respuestas a esas necesidades.

Leí que en Salto se suspendieron 800 asignaciones familiares porque los gurises no van a la escuela. Yo pensaba, 800 es un mundo, ¿no? La cantidad de gurises nuestros que no están viniendo a la escuela, al liceo, gurises salteños que tendrían que estar estudiando.

- Y son muchos más en el país.

– Sí. Y pienso, fijate todo lo que tenemos para hacer, con años de escuela laica, gratuita y obligatoria, con años de presencia de la Iglesia, aún con anterioridad a eso, trabajando en la educación y todavía tenemos gurises que no se quedan en el aula.

- ¿Y cómo sigue el año del colegio una vez terminadas las vacaciones?

– Y sigue con todo, porque acá una de las cosas más lindas que tiene es que esto no para nunca, siempre hay mucho trabajo. Veo a esta segunda parte del año con ilusión y con muchas ganas.