“Uruguay está a la vanguardia”

CON MARIO VARGAS LLOSA.
Vargas Llosa revela que sigue esperando el Honoris Causa de la Udelar

CON MARIO VARGAS LLOSA.

Vargas Llosa revela que sigue esperando el Honoris Causa de la Udelar

(Desde Perú. Por: Gabriel Gargurevichvie. Publicado por el Cultural de EL PAIS)

Al final, conseguí entrar a la fortaleza de Mario, ubicada en el distrito bohemio de Barranco. Cuando se abrió el ascensor, estaba ahí, parado al lado de una señora pequeña, severa, una de sus asistentas. Juntos parecían actores de una película de misterio; amables, con una sonrisa en el rostro, pero dueños de un plan secreto.

Ahí, en sus dominios, con una espectacular vista al mar, cumplían el protocolo. Mario sabe cómo protegerse, y aunque sea una persona afable, es intimidante hasta la médula. Y no se deja llevar. Cuando lo quieres encauzar hacia determinado tema, se las huele y te regresa a su camino, de las narices. La entrevista comenzó en la terraza de su departamento, con una puesta de sol de fin de verano y unos pajaritos cantores como telón de fondo.

Al inicio, Mario parecía estar haciendo su trabajo. O parte de su trabajo. Pero a medida en que se iba adentrando en la conversación, la pasión, inevitable, empezó a brotar de sus palabras cantadas. Sus ojos se achinaban mientras mostraba una franca sonrisa.

Su pasión por la literatura nunca estuvo asociada con la bohemia, ni siquiera cuando descubrió su vocación de escritor, en los años cincuenta, cuando entró a la universidad. Sus intereses eran otros, y se preguntaba cómo iba a organizar su vida para no ser «un escritor de días domingos», un abogado o un profesor universitario que dedica todo su tiempo a enseñar o a litigar, y que escriba en los descansos de fin de semana, «mi gran preocupación era esa». Y su sueño era ir a Europa, donde estaban las grandes editoriales que no encontraba en Perú. Antes de llegar a París, e incluso antes de estudiar en la Universidad Complutense de Madrid gracias a una beca que le otorgó la universidad San Marcos y el Banco Popular, conoce a Julia, la famosa «tía Julia», hermana de Olga, la esposa de su tío Lucho, es decir su tía política. Se casó con Julia a los 19. Ella tenía 29. «Pero fíjate, qué curioso. El hecho de casarme, de asumir responsabilidades, ¿a qué me llevó? A organizar mi vida con gran disciplina, y a no perder nunca el tiempo», recuerda. Por eso nunca hizo bohemia. «Y porque nunca me ha atraído».

-¿Le atrajo la admiración de la gente?

-Nooo. La admiración de la gente al final se convierte en un problema serio; pierdes libertad, pierdes privacidad. Mi vida, en Lima, es muy limitada. Ya no puedo hacer las cosas que hacía normalmente. Me acuerdo que cada vez que venía a pasar unos meses, hacía todo un recorrido en ómnibus y descubría barrios nuevos… Eso, en un momento dado, ya fue imposible…

En París se reencuentra con Patricia, su prima hermana, hija de su tío Lucho. Fue junto a su hermana Wanda a estudiar a la Sorbona, cuando todavía era una adolescente, y se hospedó en el piso de Mario y Julia (que era, además, su tía directa, hermana de Olga, su madre). En París se enamoraron, poco después de la separación de Mario y Julia, en mayo de 1964. Un año después, en 1965, se casaron en Lima. Fue junto a Patricia que, años después, descubrió al Qi Gong cuando fueron a una clínica de ayuno, según cuenta el escritor. Todas las mañanas, desde hace treinta años, Mario practica, de quince a veinte minutos, el Qi Gong, como el personaje de su última novela, El héroe discreto, Felícito Yanaqué. «En realidad, Felícito tomó eso de mí». El Qi Gong se trata de una respiración hecha de movimientos lentísimos; más que un ejercicio físico, es un ejercicio que serena, que sosiega. Para el escritor es magnífico obtener de esta disciplina «una seguridad que normalmente no tengo, una especie de distancia contigo mismo, una concentración mayor… Empezar el día así es bueno. Lo entiendo muy bien en el caso de Felícito Yanaqué…».

LA IMPORTANCIA DE FLAUBERT.

-¿Cuál es la parte más interesante de su proceso creativo?

-Nunca sé realmente la obra que voy a escribir hasta que la obra está terminada. Aunque no comienzo a escribir sin tener primero un plan, un esquema, unas trayectorias. Eso para mí es indispensable antes de empezar a redactar. Porque la experiencia me ha mostrado que en el proceso, voy siempre alterando el proyecto, convirtiéndolo en algo a veces muy distinto, hasta contradictorio, con lo que era la idea inicial. Entonces el trabajo, y este es uno de los atractivos que tiene, es un trabajo que al mismo tiempo es una búsqueda. Cuando pones en movimiento unos personajes, desencadenas una historia; esa historia, en un momento dado, cobra una dinámica que es muy propia, muy personal. Entonces, más que imponer la historia a los personajes, se trata de dejar que ellos mismos te vayan guiando, ¿no? Es muy bonito, para mí es la parte más interesante, más misteriosa del trabajo creativo.

-¿Cuáles fueron sus principales temores cuando empezó a escribir?

-Aparte de los relacionados al ámbito económico, hombre, los temores normales en un muchacho que comienza a escribir; los que tienen que ver con no saber si se tiene realmente el talento para que tu escritura te trascienda… En ese sentido para mí fue importantísimo Flaubert. Leí a Flaubert en el año 1959. Cuando terminé mi estancia en Madrid, me fui a París e inmediatamente descubrí Madame Bovary. Y creo que me hizo descubrir el tipo de escritor que quería ser. O sea, un escritor digamos realista, pero con una gran preocupación por la forma, por la técnica, que es la extraordinaria aportación de Flaubert: una literatura realista pero que al mismo tiempo no tiene nada de la negligencia, de la dejadez con la que se asociaba al realismo. Todo lo contrario, él era una persona extremadamente preciosista, que buscaba la perfección formal. Y para mí fue importantísimo; leí todo Flaubert. Porque Flaubert no es el caso del escritor precoz, genial, un Rimbaud… Todo lo contrario; comienza escribiendo cosas que no valen mucho, que son más bien ecos de lecturas… Pero tenía una enorme ambición y una perseverancia, y una terquedad en busca del acierto, de la excelencia… A mí Flaubert me convenció de que el talento, sino lo tenías, lo podías buscar a base de trabajo, de perseverancia… Yo ya era bastante disciplinado. Pero, sobre todo en el trabajo literario, la influencia de Flaubert fue absolutamente decisiva…

-Cuando consiguió ser un escritor, ¿no tuvo decepciones?

-Hombre, decepciones tienes siempre… Y al mismo tiempo muchas satisfacciones… Pero creo que las satisfacciones más íntimas que tiene, no solo un escritor, sino cualquiera que se dedique a un trabajo creativo, son las que te da el propio ejercicio de lo que estás haciendo, ¿no? Para mí, por ejemplo, fue maravilloso, en un momento dado, poder dedicarme sobre todo a escribir… Nunca había pensado que fuera posible dedicar la mayor parte de mi tiempo a lo que más me gusta, que es escribir, leer; pues esa fue una experiencia absolutamente maravillosa que todavía me parece extrañísima…

BENEDETTI, ONETTI, GALEANO.

-¿Qué opinión tiene de Mario Benedetti?

-Mira, yo creo que él fue… Creo que él escribió un tipo de cuentos y de poesía que representaban una gran novedad en su época. En una época en que la literatura latinoamericana buscaba ser muy vistosa, elegante, brillante, él hizo una literatura sobre una clase media más bien gris, burocrática, que existía, en cierta medida, en el Uruguay de su juventud y de su primera madurez. Después el país se volvió traumático. Pero cuando él comienza a escribir, encuentra un lenguaje y unas historias capaces de expresar, de una manera bastante persuasiva, ese mundo de burócratas, de gente que está atrapada en una rutina de clase media; y consigue mostrar eso con autenticidad, con simpatía, ¿ah?, con cariño… Montevideanos, por ejemplo, es un libro muy bonito, y que parecía imposible de escribir en América Latina; lo que buscaban los latinoamericanos eran historias violentas, épicas, llamativas, personajes de excepción, destinos fuera de lo común, todo lo contrario a lo que muestra Mario Benedetti, ¿no? Y, por otra parte, pues, mira, yo creo que fue un buen escritor… -Frunce el ceño, piensa unos segundos y sigue-: No diría que fue un gran escritor, como lo diría de Onetti, por ejemplo. Pero fue un buen escritor con una obra muy coherente, muy sostenida como ensayista, como poeta, como cuentista… Fuimos muy amigos en un tiempo, nos vimos mucho… Después nos distanciamos políticamente… Emir Rodríguez Monegal, que había sido muy amigo de él y que también se distancia un poco, decía que Benedetti era un cuáquero; en realidad, lo que yo creo es que era producto del colegio alemán en el que estudió… Entonces, tenía cierta rigidez, que creo que más bien era germánica, y entonces, cuando optó por una posición política de extrema izquierda, mantuvo una especie de intransigencia que hacía difícil la relación con quienes no compartíamos sus ideas…

ESPERANDO EL HONORIS CAUSA.

-Cuando visitó el año pasado Montevideo, recibió el reconocimiento de Ciudadano Ilustre de manos de una intendenta…

-Sí, sí, sí, de una intendenta de izquierda -dice, con cierta prisa-. Pero eso no me extraña, Uruguay es un país civilizado, que practica la democracia. La cosa más misteriosa que me ha ocurrido a mí en el Uruguay es que la universidad me dio… Bueno, leí en una revista que la universidad se había propuesto darme un doctorado honoris causa, a pesar de que había sido objetado por estudiantes de izquierda; y efectivamente, recibí una carta del rector, que agradecí, y propuse una fecha para ir a recibir el doctorado honoris causa, pero nunca más volví a recibir ningún tipo de comunicación. Entonces siempre me he preguntado si ese doctorado me lo quitaron… -De pronto, el escritor mira al infinito y su risa suena como una catarata-. ¡Si me lo quitaron discretamente! Quizá prefieren que no vaya a recibirlo porque piensan que se puede provocar algún incidente en la universidad. Entonces, ¡me he quedado con esa enorme curiosidad de saber lo que realmente pasó!

-Quizá luego de que lean esta entrevista en la universidad se acuerden de responder…

-No estoy buscando la respuesta… Pero tengo la duda, la curiosidad de saber qué es lo que demonios pasó para que se diera este silencio sepulcral.