“Vivimos en un mundo donde por tener un bienestar económico perdemos de vista lo más importante, la calidad del vínculo afectivo”

“En la mayoría de los casos, los intentos
de suicidio son como un llamado de atención”

“En la mayoría de los casos, los intentos de suicidio son como un llamado de atención”

Vivir no es fácil, más bien es complejo. Uno incluso puede nacer con alguna patología o ésta generarse a partir del mundo que lo rodea y condiciona. Para conocer cuáles son algunas de esas patologías psicológicas a las que podemos enfrentarnos, EL PUEBLO dialogó con la psicóloga María Manassi.

– Quisiera hablar con usted sobre las patologías psicológicas que sufrimos en el siglo XXI.

– En general le puedo decir lo que en treinta años he visto más frecuentemente y cómo han evolucionado. No suelo etiquetar porque eso de poner un diagnóstico a veces tiene su contra en cuanto a que la persona va evolucionando, siendo la patología como un modo de estar o de ser en el mundo. Nosotros solemos pensar desde el psicoanálisis kleiniano (por Melanie Klein, psicoanalista austríaca) que las personas se van aferrando a determinados mecanismos de defensa que conforma entre ellos una determinada” patología” como forma de integrarse a una sociedad o un contexto determinado para sobrevivir.

Predominará, a partir de los primeros vínculos, como es el primer vínculo con el pecho materno, ni siquiera es con la persona-madre sino con un objeto que es el pecho nutricio, que es el que salva al niño de la muerte, de acuerdo a cómo él vivencie esa relación es cómo se va a determinar más adelante su ser en el mundo, su forma de vivir. Más allá de cómo las cosas sean, lo importante es cómo las vive el bebé. Si de pronto vive la demora de su mamá como un rechazo, va a determinar un determinado camino, si lo vive tolerando esa espera e interpretándola de otra manera, probablemente tenga una vida mucho más saludable.

– ¿Cuáles son las principales patologías que hoy sufre la gente?

– En general hay patologías que se pueden vincular con lo heredado, pero la gran mayoría se van constituyendo a partir de los vínculos familiares, del contexto. Estas situaciones como el estrés, la violencia, la competitividad, de alguna manera todo eso en el mundo siempre existió, pero hoy el tema del consumismo, de la sobrevaloración de las cosas materiales, todo ese cambio de perfil de ser por lo que tenés y no tanto por quién eres, también va a determinar más allá de las cosas que congénitamente uno pueda traer, por qué esa persona viene de determinada manera.

Los primeros vínculos van a determinar cómo podés resolver más adelante situaciones como el estrés o situaciones como la violencia que hoy vemos, cada vez con mayor sadismo, que es grave en chiquilines, en niños, lo vemos con lo que hoy se llama “bullying”, que es una forma de persecución a un niño, que generalmente es el más introvertido o que se puede defender menos, es como aquel al que agarran de punto. No agarran de punto por lo general al más popular. Y ese niño o ese jovencito siente que no puede salir de esa situación, por lo que muchas veces las ideas de autoeliminación surgen como una única posibilidad.

– Una palabra que está sonando bastante últimamente es el pánico, la gente se enferma de pánico, ¿Qué es eso?

– Sí, crisis de ansiedad o crisis de pánico, exactamente. Eso está muy vinculado con el estrés, como decíamos, con todo esto que ha venido evolucionando. Tiene mucho que ver con situaciones que en algún momento de la vida le tocó vivir de forma traumática…

– ¿A qué le llama vivir un momento traumático?

– A algo que le sucede sorpresivamente y le impide la posibilidad de la descarga, porque en general, por ejemplo, te quemás yMariaOndina reaccionás. Una situación traumática, no permite esa reacción, te quedas paralizado. Eso genera un montón de energía que en lo emocional no es cuantificable, que queda flotante “nada se pierde, todo se transforma”, la energía también, o sea que las emociones también. Entonces con el tiempo se olvida la representación de ese episodio, pasa al inconsciente y la emoción que acompañó ese hecho queda como flotando, pero en determinado momento de su vida alguna otra situación actúa como disparador, y de alguna manera a nivel inconsciente se vincula con aquella otra situación y comienzan las crisis de pánico, que son un conjunto de síntomas que tienen que ver con el sistema nervioso autónomo…

– ¿Qué tipo de síntomas?

– Bueno, taquicardia, adormecimiento de miembros, la disnea que es cuando sentís que no podés respirar, cuando lo que en realidad sucede es que te estás hiperoxigenando, y como el cerebro no está acostumbrado a hiperoxigenarse, sobreviene como una sensación de mareo. Es una vivencia de muerte real, sentís que te morís…

Así que se asocia a determinadas situaciones o momentos y empezás a limitarte en casi todos los aspectos de la vida, a encerrarte por temor a que surja la crisis, es terriblemente invalidante, a menos que tengas la suerte de poder consultar porque ayudado con la medicación y con una psicoterapia en dos o tres meses se te va. Igualmente, vivirlo es una experiencia terrible.

– ¿Qué diferencia hay entre el mobbing y el bullying? Parto de la base que ambos tienen que ver con la violencia.

– Si, tienen que ver con la violencia; el bullying es la violencia en el ámbito escolar o liceal entre los jóvenes, mientras que el mobbing tiene que ver con la persecución laboral.

– ¿O sea que es más o menos lo mismo dependiendo específicamente del ámbito donde se produzca?

– Exactamente, es en ámbitos diferentes y con diferentes edades también, pero siempre está debajo de todo el tema de la envidia, la competitividad y el sadismo, donde la violencia adquiere su máxima expresión. Una cuota normal de agresividad es necesaria para crecer, para desarrollarse y salir adelante, pero cuando es en exceso, ya es violencia y hay determinados tipos de violencia que son realmente terribles. Hay situaciones en las cuales, muchísimos casos terminan de la peor manera, en suicidio.

– Entremos entonces en este tema, el suicidio. ¿En qué edades se producen más suicidios?

– En general se ve en adolescentes, hoy por hoy se está viendo casos de chicos de menor edad. Normalmente  a partir de los 15 o 16 años, pero también se está viendo en gurises más chicos, que es algo que alarma y muchísimo. Y después en personas que están en la adultez, desde 40 en adelante, momento que generalmente coincide con algunas pérdidas, duelos, igual que en la adolescencia. Eso es lo que tienen en común.

– ¿Cuáles son las causas que llevan a una persona al suicidio?

– Por la experiencia que tengo en los grupos de trabajo, en los adolescentes el factor común de todos ellos es el bullying, es el sentirse rechazado, que no tienen un lugar en esta sociedad, no pueden socializar desde el contacto personal con otras personas, tienen una autoestima súper baja. En cambio pueden socializar con otros a nivel virtual a través de las redes sociales. Se han contactado con otras personas con gustos parecidos de otros lugares.

Esto permite igual que sistemáticamente en el proceso terapéutico, desechar esa idea impuesta desde el exterior, de que es el único al que le pasa eso, que no encuentra un lugar de pertenencia en este medio social, que es un “bicho raro”. Eso, por suerte va desapareciendo, dejando lugar a una autoimagen más fortalecida y una valoración diferente de la vida.

Y en los adultos, el factor común es la violencia doméstica. Digamos, como consecuencia de un vínculo donde se ejerce la violencia generalmente sobre la mujer, o en caso de hombres haberla vivido en su infancia, sobre todo la violencia psicológica, ahí lo primero que se deteriora es la autoestima. El mensaje que nos dan es, “para qué estoy viviendo si no sirvo para nada ni para nadie, si soy un o una inútil, lo único que hago es hacer daño, hago todo mal, soy responsable de todo lo malo que pasa”, y encima tiene el castigo y el sufrimiento real proporcionado por el agresor.

Muchas veces las ideas de autoeliminación están vinculadas con patologías, con trastornos emocionales. Generalmente estados depresivos o depresión instaurada como patología severa. Me interesa destacar que la depresión es tratable. Entonces, esas personas, ya sean adolescentes o adultos, una vez que empiezan a trabajar el tema vínculos, autoestima, el poder ver la vida desde otro lugar, el poder verse asimismo y a revalorarse, salen adelante. Comienzan a disfrutar de estar vivos.

En los grupos con los que trabajo no he tenido casos de reintento en dos años, eso es importantísimo. Generalmente trabajamos con películas o música, muchas cosas que tienen que ver con la temática, con lo que a ellos les sucede, para que así se identifiquen y vean que existen otras opciones.

– En estas situaciones tiene mucho que ver el mundo que rodea a la persona que intenta suicidarse, ¿se debe entonces también trabajar el contexto de cada uno?

– Si, en general se supone que el grupo familiar de alguna manera tiene que poder ver esos factores de riesgo para pedir ayuda y que por ahí pasan por alto. En la mayoría de los casos, los intentos de suicidio son como un llamado de atención, que diría que en el peor de los casos, se les va la mano y terminan en lo peor que es el suicidio. En general uno ve que lo hacen pero siempre hay alguien cerca que los rescata, es entonces como un pedido de ayuda, “soy yo, ténganme en cuenta”.

– Preocupa que la persona en vez de buscar alternativas a sus problemas los resuelva quitándose la vida.

– A veces se intenta y no son escuchados. Vivimos en un mundo donde no tenemos tiempo, donde por ahí por tener un montón de cosas materiales o un bienestar económico y demás, perdemos de vista lo más importante que es la calidad del vínculo afectivo. Eso va de alguna manera haciendo que uno va de pronto con algún planteo a su casa y le terminan diciendo, “en otro momento porque ahora no tengo tiempo”. Y en otro momento, “no, esos son pavadas, mirá, no te falta nada, tenés todo, ¿de qué te quejás?” cuando en definitiva el dolor viene del alma, lo que le falta es amor, no pasa por lo material.

No quiere decir esto que vayamos a buscar un culpable, porque no lo hay, lo que tenemos que tratar es de repensar qué es lo importante. Suelo decir que prefiero tener un hijo feliz, no me importa si es o no exitoso profesionalmente o laboralmente, cuando acá se mide la felicidad a través del éxito. “¡Es brillante!”, pero, ¿es feliz? Prefiero tener a alguien que pueda conformarse con ser rico internamente y no ser como dice Sabina, “tan pobre que lo único que tenía era dinero”.