13 años después del crimen del cambista, nunca se logró capturar a quien llevó al delincuente en moto hasta el lugar

Sería quien ideó el asalto y tras recibir su parte del botín, nunca se supo quién fue.

La Policía de Salto celebraba un nuevo aniversario de su creación a nivel nacional el 18 de diciembre del 2003, con un acto en el frente del edificio de la Jefatura local por calle Artigas, concentrando un importante número de funcionarios de alto rango y personal subalterno que estaban presentes.

En ese mismo instante, a media mañana, una moto se acercó hasta la esquina de Brasil y Albisu donde funcionaba un comercio de cambio y se manejaba dinero en efectivo, allí ingresó un sujeto joven, morocho, alto, delgado quien sin mediar palabras esgrimió un arma de fuego que sacó de entre sus ropas y le pidió a quien atendía el negocio, Carlos Da Silva, que le entregara la plata.
“Dame la plata o te quemo”, habrían sido las palabras según surgió después de las actas. La víctima nerviosa, le entregó el dinero, pero el delincuente le disparó hiriéndolo en la cabeza, tomando un monto de dinero que el cambista le había puesto sobre la mesa.
Pero no se había percatado que en el lugar había otra persona que estaba en el baño y que al salir del mismo quedaron frente a frente, pero gatilló y la bala no salió, el otro individuo empezó a gritar y a tirarle con todo lo que tenía a su lado, por lo cual el delincuente optó por fugarse del lugar. El compañero y socio del comerciante llamó a la Policía que llegó a los pocos minutos al lugar junto a una ambulancia de emergencia médica que trasladó al herido a un centro asistencial.
Carlos Da Silva falleció a las pocas horas y el hecho había pasado a ser un caso de homicidio. Durante esos días la Policía realizó rastrillajes y recorridas, hubo idas y venidas pero no daban con ninguno de los implicados en este caso, el primero, que fue el que lo llevó hasta allí y el segundo que fue quien disparó y dio muerte a Da Silva.

ENTREGA
Para la Policía no había dudas, el hecho había sido una “entrega”, quien trasladó al asesino hasta el lugar sabía que allí se manejaba dinero en efectivo y que en las inmediaciones había poca guardia. Tuvieron idea hasta de cómo era la moto por algunos testigos del caso, pero pasaron los meses y el socio de da Silva colaboraba con la investigación porque quería lograr el esclarecimiento del caso.
¿Quién lo mandó? Es la pregunta que aún sobrevuela en los investigadores.
Meses después del crimen, supieron que el posible asesino estaría oculto en el barrio Borro de Montevideo y hasta allí llegó la Policía, donde pudieron capturarlo, lo trasladaron hasta Salto y fue procesado por “coautoría” de homicidio.
Pero, al momento de cometer el crimen el joven tenía 17 años de edad, por lo cual fue alojado en el INAU y cumplió la pena máxima para un adolescente que es de 5 años. Sin embargo, en sus declaraciones nunca supo decir quién fue que lo llevó hasta el lugar del hecho, ya que adujo “haberlo conocido la noche anterior y no haberlo visto más”.
Esa incógnita fue la que persiguió a la Policía que años después dio por cerrado el caso, cuando aún falta dar con uno de los delincuentes, quien armó el robo y condujo al delincuente hasta el lugar y además lo esperó para ponerlo a salvo de la Policía.
El entorno de la víctima siempre siguió buscando al responsable de que ese crimen se haya producido por facilitar las cosas, pero hasta ahora nunca halló respuestas. Mientras tanto, en el barrio el negocio no abrió más y nunca nada volvió a ser igual.