“A morir en el exilio”

Rescatar algunos apuntes del columnista Miguel Arregui en la contratapa de diario El Observador de Montevideo de pasadas ediciones bajo el título “A morir en el exilio”, es una tentación sin diques de contenciones. Porque analiza un fenómeno vigente, a la hora de las actitudes mismas y lo sintetiza: “el fútbol uruguayo no es generoso con las estrellas que decaen”. Alude en este caso a Diego Forlán.
“El pasaje sin gloria de Diego Forlán por Peñarol puede ser una parábola sobre la fabulosa vida de los deportistas de élite y su rápida y despiadada decadencia”, escribe Miguel Arregui.
Hasta que va prolongando el dictado de su reflexión: “el fútbol uruguayo venera mejor a tipos rudos de cuna humilde, como Obdulio, el “Negro Jefe” o a Luis Suárez, que salió de abajo y ascendió a dentelladas. Pero Diego Forlán es rubio, creció en Carrasco, se educó en un colegio bilingüe, normalmente no golpea a los rivales y es correcto hasta la exasperación, lo que en principio lo vuelve sospechoso”.
“ENFERMO Y EXITISTA”
No es la primera vez que Miguel Arregui, se pronuncia en temáticas como estas, donde acuden perfiles sociológicos. Después de todo, el comportamiento humano también guarda relación con un juego llamado fútbol. Desde EL PUEBLO, solo es cosa de releerlo otra vez. Y anotar.
“Forlán no hallará paz ni podrá retirarse sintiendo respeto y reconocimiento en un fútbol enfermo y exitista como el uruguayo, que ni siquiera reverencia a las estrellas que se apagan, pues lo que más produce ES MENOSPRECIO, MEDIOCRIDAD, ODIOS Y BARRAS BRAVAS ESTÚPIDAS. LOS MEJORES SE VAN APENAS PUEDEN” (las mayúsculas corren por parte nuestra).
“El jugador es respetado en todas partes del mundo y acá no; eso duele”, opinó Diego Forlán en la conferencia de prensa de despedida”.
En el final de su crónica (felizmente utilísima como bálsamo de análisis, ojalá!), el columnista de El Observador, se atreve más que nunca a abrirnos los ojos en medio de desasosiegos crónicos. Y desliza a rajataba: “El pasado no vuelve y el presente puede ser una condena. Deberá buscar tierras más tolerantes, donde el fútbol sea solo un juego, importante sí, pero sin nuestras habituales connotaciones chauvinistas y dogmáticas”.