“Actividad Paranormal 3″ hace rendir fórmula ya conocida y asusta un poquito más


Haber filmado “Actividad Paranormal” (2007) y lograr que esta película pudiese exhibirse en alguna cadena de salas más o menos decentes debe haber sido toda una proeza para sus realizadores independientes (escrita y dirigida por el israelí Oren Peli). Pero no fue hasta que “el rey Midas” de Hollywood, Steven Spielberg, tocase con su varita mágica esa película hasta que comenzara la “actividad paranormalmanía”.

Alguien le habló a Spielberg de esa película, pidió verla en su casa y él mismo cuenta que se asustó mucho cuando quiso salir de la sala y la puerta no quiso abrir. El solo decir que esa película logró asustarlo, despertó el morbo de la gente, pero antes de mostrarla en una cadena de cines por todos los Estados Unidos hicieron un estudio de marketing, mejoraron el final y luego al estrellato. Una película que tan solo había costado quince mil dólares comenzaba a recaudar millones (casi doscientos para ser un poco más precisos), amén de la firma de contratos para hacer una segunda y tercera parte, y a cómo está la cosa, no se descarta que sigan llegando más películas de esa estirpe, pues en su primera semana de exhibición en el mundo, incluido Salto, está arrasando la taquilla “Actividad Paranormal 3″. Solo en el gran país del norte lleva recaudado desde el 21 de octubre a la fecha, cincuenta y cuatro millones de dólares.

Pero además, se mantiene el fenómeno iniciado en la segunda parte, en vez de continuar la historia en forma lineal en el tiempo, se decidió por filmar una precuela, es decir, ir atrás en el tiempo y explicar por qué “algo” se apareció de la nada en una casa apacible de una linda parejita de novios y comenzó a molestar a una simpática joven.

“Actividad Paranormal 2″ termina enganchando ambas historias, es decir, comienza un poco atrás en el tiempo y termina aportando información que aclara un poco el final de la primera parte, dejando la puerta abierta para una tercera película, la que acaba de estrenarse hace tan solo una semana y al verla, vuelve a sorprender la historia que allí se cuenta pues la historia gira para otro rumbo que el esperado, en vez de continuar la odisea de Katie, prefiere transformarse en una precuela de la precuela e ir más atrás en el tiempo todavía, cuando las hermanas de la primera y segunda parte (Katie y Kristie) son niñas y donde se cuenta que la “entidad” que las molesta en las películas anteriores tiene nombre, se llama Toby, igual que el amigo de la “Pequeña Lulú”.

Claramente ninguna de las tres películas de esta saga que, se nos ocurre, recién comienza, irá por algún premio de los que suele entregarse en Hollywood, sea el Oscar o el Globo de Oro, pues desde el punto de vista técnico y de libreto sigue siendo bastante flojo, aunque redituable desde el punto de vista de las finanzas.

El asunto que tiene a todos maravillados, es que con poca cosa se puede hacer una película que mantiene el interés de la gente durante poco más de una hora con algún que otro sustito en el medio y aunque parezca mentira, con ganas de ver un poco más para saber cómo sigue la historia. Pero la historia en realidad no sigue, porque avanza como el cangrejo, para atrás.

La primera parte fue filmada con una sola cámara de video, de las comunes, nada del otro mundo. La segunda parte con camaritas de un sistema de seguridad de una casa. La tercera parte, ambientada a fines de los ochenta, utiliza ahora tres cámaras de video comunes de la época, una en la habitación de la pareja (que termina siendo la que luego va de un lado para el otro), otra en la habitación de las niñas y la tercera empotrada en un rotor de ventilador que busca tener movimiento y alcanzar algún ángulo mayor tanto de la sala principal como de la cocina.

Tenemos que reconocer que si la segunda parte superó en calidad los efectos especiales de la anterior -obviamente pues había más plata en el medio, además del asesoramiento directo de los técnicos de Spierlberg-, en esta tercera parte logra superarse aún más tanto en calidad como en cantidad, aunque mantiene la factura artesanal que termina siendo como una rúbrica particular de este tipo de películas.