Adelantamos «El protocolo fantasma», cuarta entrega de la serie Misión Imposible de Tom Cruise

La guerra fría dio bastante letra a occidente en materia cinematográfica y de televisión. El más destacado de los personajes de espionaje -y que aún sigue dando que hablar- fue y es James Bond, mientras que en materia de equipos de espías, nada ha igualado a la fecha a la incomparable Misión Imposible.

Comenzó siendo una serie de televisión en 1966 cuando a través de la cadena norteamericana CBS lanzara su primer programa piloto, que casualmente tiene alguna relación con «El protocolo fantasma», cuarta película de la saga iniciada por el exitoso Tom Cruise.

En efecto, ya en 1966 existía preocupación por los misiles cedidos gentilmente por la entonces Unión Soviética a cualquier país sudamericano (¿coincidencia con lo vivido unos años antes en la crisis de los misiles con Cuba?), entonces se encomendó a la FMI (contrario a lo que usted ya está pensando se trata de la Fuerza Misión Imposible) a que se hiciera de los misiles entregados a un dictador sudamericano y misión cumplida.

Esa nueva serie de televisión rindió un total de 206 episodios divididos en nueve temporadas en dos épocas distintas, la primera de 1966 a 1973 y la segunda época de tan solo dos años comenzó en 1988. Lo novedoso de esta serie y que la llevó a tener tanto éxito en su tiempo refería esencialmente a dos condimentos indispensables, el uso de la tecnología electrónica y las máscaras que transformaba a los personajes, y lo más saliente, que tenía que ver con la extraordinaria música del argentino Lalo Schifrin, que daba inicio a cada episodio junto a una mecha encendida que cruzaba toda la pantalla mientras se adelantaban imágenes de lo que se vería esa noche en la tele.

Elementos indispensables que no pasaron inadvertidos al talentoso Tom Cruise cuando en 1996 decide hacerse con la franquicia y animarse a trasladarla al cine junto a otro talento del suspenso cinematográfico, alumno dilecto de Alfred Hitchcock, como alguna vez confesó Brian Di Palma. La película fue un éxito, sin embargo la relación entre la figura de la película y su director resultó fuertemente erosionada ante la diversidad de criterios creativos en algunas escenas. Razón por la cual, Cruise equivoca el rumbo y pone en la dirección de la segunda parte (2000) a un artesano chino de la acción, John Woo.

De todas formas, la película fue un éxito de taquilla pero se veía que había perdido fuerza respecto a su predecesora. La estrategia era clara, se apostaba más a una cinta de acción que de suspenso. Pero la caída definitiva se dio cuando en la tercera parte Cruise vuelve a cambiar la dirección y la parte creativa y designa a un exitoso de la televisión, quien luego de crear la serie más vista de los últimos tiempos (Lost), se abocó a varios proyectos televisivos y cinematográficos, al extremo de ser comparado como el nuevo Spielberg, nos referimos a J.J. Abrams.

La tercera parte no anduvo, y se llegó a pensar que sería la última que veríamos. Pero Cruise no ha llegado al firmamento de Hollywood por nada, es un batallador, y comenzó a pelear para recuperar la estrella perdida.

En fin, se estrenó hace unos días la cuarta entrega de Misión Imposible, donde se vuelve a cambiar de dirección, en esta ocasión el elegido fue Brad Bird, dejándose sin embargo a J.J. Abrams la parte creativa del guión. Lo raro de la elección es que Bird tiene como principales referencias a películas animadas, como «El gigante de hierro», «Los increíbles» y «Ratatouille».

Se decide hacer entonces algunos otros cambios siendo el único personaje que se reitera en cada una de las películas Ethan Hunt (Cruise), ingresando a escena nuevos personajes, como el protagonizado por el actor del momento Jeremy Renner, Paula Patton y el comediante británico Simon Pegg. La acción se mezcla con un leve tono de comedia con la presencia de Pegg, pero lo cierto es que las escenas de acción se roban la película con el condimento adicional que Cruise ha decidido a su edad (49 añitos que comienzan a notarse en la gran pantalla) hacer las escenas más jugadas sin necesidad de dobles, algo similar que había caracterizado históricamente las películas del actor galo Jean Paul Belmondo.

Lo cierto es que esta película recupera la mística de las primeras dos entregas, olvidando lo negativo de la tercera, notándose una intriga bastante bien elaborada. Una vez más Cruise debe hacerse cargo de una misión sin ningún tipo de respaldo, siendo perseguido en esta ocasión tanto por el gobierno ruso como por el norteamericano al acusársele de haber volado el Kremlin, nada más y nada menos.

Claro que la acusación es injusta y se lo utiliza como tapadera del verdadero villano de la película, el gran actor sueco Mikael Nyqvist, quien tiene como objetivo iniciar la tercera guerra mundial a través de un ataque con misiles nucleares a los Estados Unidos. La misión de Cruise, quien desde ya se sabe que decidió aceptar, es impedirlo. En resumen, la película trata de eso y algún misterio más que le pone sabor al film.

Vale la pena verla.