Adriana Compá, una luchadora que venció al cáncer tras diez años de dura batalla, “no hay que tenerle miedo”

Entrevista a Adriana Compá

Adriana Compá es una reconocida y querida empresaria del medio, que durante 10 años luchó contra un cáncer al que finalmente venció, gracias a su fe en Dios y a los médicos que la operaron hace un año en San Pablo y que aún no se explican la fortaleza de esta salteña, una auténtica campeona de la vida.

Perfil de Adriana Compá Casada. Es del signo de Sagitario. De chiquita quería ser modista de alta costura. Es hincha de Universitario y Peñarol. ¿Una asignatura pendiente? Haber tenido mi casa de alta costura.  ¿Una comida? Lengua a la vinagreta.  ¿Un libro? La Biblia.  ¿Una película? Prefiero del género comedia y románticas, nada que me haga pensar.  ¿Un hobby? Reunirme con amigos.  ¿Qué música escucha? Románticas, pero el himno de mi vida es “celebra la vida” de Axel.  ¿Qué le gusta de la gente? La honestidad, la transparencia, el amor.  ¿Qué no le gusta de la gente? La falsedad y la envidia.

Perfil de
Adriana Compá
Casada. Es del signo de Sagitario. De chiquita quería ser modista de alta costura. Es hincha de Universitario y Peñarol.
¿Una asignatura pendiente? Haber tenido mi casa de alta costura.
¿Una comida? Lengua a la vinagreta.
¿Un libro? La Biblia.
¿Una película? Prefiero del género comedia y románticas, nada que me haga pensar.
¿Un hobby? Reunirme con amigos.
¿Qué música escucha? Románticas, pero el himno de mi vida es “celebra la vida” de Axel.
¿Qué le gusta de la gente? La honestidad, la transparencia, el amor.
¿Qué no le gusta de la gente? La falsedad y la envidia.

- Cuando el médico le dijo que tenía cáncer, ¿qué pasó por su cabeza?
– Eso fue hace 10 años, la primera vez. No me olvido más, fue un 21 de diciembre. Fui sola a ver el resultado de la biopsia que me habían hecho porque estaba segura que no iba a dar nada malo, no quise que nadie me acompañara, y cuando el médico me ve, me dice, “¿viniste sola?”, ahí me di cuenta que algo pasaba. Nunca fui una persona de entregarme, siempre me gustó pelearla. Hacía muchísimos años que la venía peleando por un hijo que nunca se dio, y a consecuencia de ese exceso hormonal que tuve de tantos tratamientos para quedar embarazada, fue que me apareció cáncer de endometrio.
Me dijeron que había que operar al otro día, les dije que no, que iba a pasar las fiestas con mi familia y el 1º de enero cumple mi esposo e iba a festejar su cumpleaños como todos los años, tal cual hice. Le dije al doctor que el 2 me internaba y que el 3 me operaban. Y así lo hice.

- ¿Cómo se lo comunicó a la familia?
– Por supuesto que al primero que llamé fue a mi esposo, le pedí que fuera a buscarme que yo estaba sola en el Centro Médico. Ahí ya fui a la doctora Marina Vinci, a quien nombré mi madrina de confirmación porque gracias a ella fue que se detectó el primer cáncer. La llamé porque ella no era la persona que me había dado el diagnóstico. Me dijo que fuera al Sanatorio Salto, que es donde estaba, me explicó bien lo que era y nos vinimos con mi esposo a la casa de mis padres para contarles.
No era el mejor día porque justo ese día, 21 de diciembre, mis padres cumplían años de casados. Esas fiestas, tanto navidad como año nuevo de ese año, no nos vamos a olvidar más, porque eran lágrimas… (se emociona) llantos… me emociono todavía al recordar… y yo miraba el futuro… que no sabía si iba a tenerlo… porque comenzaba todo. Era algo incierto lo que me esperaba, pero yo sabía que no iba a bajar los brazos, jamás.
Mis amigos y toda mi familia siempre me dicen que lo que me admiran es que jamás me vieron, en estos 10 años de lucha, derramar una lágrima. Siempre dije que si lloro es de alegría, de felicidad, de emoción, pero las angustias son mías, jamás las quise compartir con nadie porque siento que no tengo derecho a hacer sufrir a quienes me rodean y que tanto me quieren.

- Entonces, el 3 de enero la operaron…
– Me operaron, me sacaron útero, ovarios, trompa, todo, y empezaron primero con radioterapias externas y después terminé con la radioterapia de cesio, que gracias a dios lo prohibieron y no lo hacen más porque es algo espantoso.
Cuando mi intestino ya no quería más, no se animaban a hacerme la segunda parte del tratamiento, pero el adorado doctor Musé, que es con quien me atendía en Montevideo, decía que lo tenía que hacer porque yo era muy joven, tenía 46 años, porque podía escaparse alguna célula y reproducirse.

- ¿A este cáncer llegó debido al tratamiento hormonal al que se sometió para poder quedar embarazada? ¿Nadie le advirtió lo que podía pasar?
– No, y es lo que siempre digo. Hice 16 años tratamientos para poder quedar embarazada, tanto en Salto como en Montevideo, en Argentina, y nunca nadie me dijo “vamos a parar con las hormonas porque en un futuro podés tener cáncer”. Entonces, lo que les digo siempre a las mujeres es que querer tener un hijo es lo más lindo que Dios nos dio, pero que si Dios no nos manda ese hijo, pensemos que es por algo, no enloquezcamos. Y si igualmente quiere hacer el tratamiento, que sea consciente que podés –porque tampoco es seguro que el tratamiento termine en un cáncer- correr el riesgo que en un futuro podés terminar en un cáncer. No lo digo por ser experta, sino porque me lo dijeron los médicos oncólogos de Montevideo y de Salto que fue el exceso de hormonas lo que me provocó el cáncer de endometrio.

- Su cáncer tuvo etapas en estos diez años…
– Sí, sí, porque empezó primero en el endometrio. Después empecé con los dolores abdominales, y el abdomen que se me inflamaba. Pensaron al principio que tenía el colon irritable, de ahí pasaron a distintas cosas que podían ser, esto o aquello, hasta inclusive me operaron de la vesícula…

- ¿No se le pasó por la cabeza que había vuelto el cáncer?
– No porque me decían que estaba todo bien. Uno de los tomografistas me dijo, “quedate tranquila que no hay nada, esto es simplemente una mancha de la operación anterior”. Toda la vida confié en el médico, toda la vida fui amiga de ellos. Recién ahora es que comencé a abrir los ojos y ver que las cosas no eran así, que había muchas cosas en las que había que haber precaución.
Cuando me agarra una doctora nueva, una endocrinóloga, la doctora Andrea Casañas, era justo Semana Santa y me descompuse mal, fui desesperada porque ya no podía más, y me dice, “acá hay algo más”, y me manda a hacer la tomografía donde vuelve a salir lo mismo que el año anterior, los tumores, estaban alojados en el mesenterio. Ahí comenzó el drama porque había que operar de nuevo. Me volvieron a operar, me sacaron unos tumores pero otros no pudieron. Empecé con la quimioterapia, seis quimios de cinco horas cada una. Me sentía mal, cada vez estaba peor, las quimios me afectaban horrible la médula, no podía caminar casi a lo último. Pero nunca me di por vencida. Siempre me dije que no iba a poder conmigo, que yo iba a poder con él.

- ¿Es cierto que un médico le llegó a decir que le quedaban meses de vida?
– Sí, me lo dijeron cuando llegué a San Pablo. Era complicado, y después que me abrieron vieron el estado en que estaba mi intestino, que ya tenía un pedazo muy grande necrosado, me dijeron que lo máximo que me quedaba de vida era un mes y medio o dos meses, porque cuando empieza a morirse el intestino, no hay quien lo pare y sin intestino no podemos vivir. Por eso fue tan grande la operación en San Pablo, demoró 14 horas y media.

- ¿Qué la salvó, los médicos de San Pablo o su fe?
– Mi fe. Ellos ayudaron porque fue una operación que en Uruguay me dicen que acá nadie la hace. Me sacaron un metro y medio de intestino, todos distintos pedacitos, el hombre hizo un verdadero trabajo artesanal. El mismo médico cuando me dio el alta, le agarré sus manos y le dije, “bendigo estas manos que me salvaron la vida”, el cirujano me respondió, “agradecele siempre a Dios, porque científicamente no nos explicamos cómo está viva”. Realmente, mi caso era muy difícil porque se había dejado pasar mucho tiempo, por eso avanzó mucho. Acá hice 6 meses de quimioterapia y los tumores en vez de achicarse, crecieron.

- Dicen que toda recuperación de la salud pasa muchas veces porque la cabeza del enfermo esté bien, con pensamientos positivos… después que le dicen que le quedan dos meses de vida, ¿cómo logra acomodar su cabeza para producir este milagro de la medicina?
– Porque cuando me lo dijo el médico ya me habían operado.
Ahora que tuve que ir a los controles, esta última vez que fui, que ya va a ser el año de la operación, me dijeron luego de ver todos mis exámenes que para ellos yo era de esos pacientes que no se olvidan más, porque la recuperación que tuve es increíble. Salí del CTI y ya andaba caminando por los pasillos.
Cuando estuve en el CTI, el primer día que me despierto luego de la cirugía, me entró la desesperación de verme toda entubada, atada, y me dije, “Adriana, tranquilízate”, y empecé a rezar el Padre Nuestro y el Ave María y me volví a dormir. Cuando me volví a despertar, volvía con los Padre Nuestro y los Ave María y me volvía a dormir.
Pasé el primer día las 24 horas durmiendo. Al tercer día me pasan a sala, y uno de los médicos le dice a mi esposo, “tu señora es un caso único, nunca tuvimos un paciente que durmiera las 24 horas seguidas, no sé qué hizo”.
Lo que hice fue entregar mi problema a Dios, “te entrego mi problema, sos el único que lo puede resolver”. Yo era consciente que estaba en manos de Dios, en ese momento no era de médicos ni de nada, dependía únicamente de Dios. Le entregué mi problema, mi enfermedad, y me retribuyó de maravilla porque gracias a Dios estoy acá. De todas formas, deseo aprovechar la oportunidad para agradecer a todo Salto por las cadenas de oración que hubo, realmente fueron sanadoras. No quiero nombrar a nadie para no dejar a nadie afuera. Me siento reconfortada, porque fue amor que recibí de todos lados.

- Fueron diez años de una permanente lucha contra el cáncer, con altas y bajas, ¿qué consejo le daría a una persona que esté pasando por lo mismo?
– Antes que nada, hay que tener fe, aferrate a algo y entregale tu problema a Dios o a lo que tú creas, pero cree en alguien, aferrate a alguien. Nunca te des por vencida. Nombrá la palabra cáncer, no le tengas miedo. Yo le decía, “cáncer conmigo no vas a poder, soy más fuerte que vos”. No hay que entregarse jamás, no hay que tener miedo. Es muy difícil, yo entiendo, a uno le nombran la palabra cáncer y ya uno empieza a temblar, pero hay que lucharla, no hay que bajar los brazos, porque la vida es tan linda que merece ser vivida al máximo. Son pruebas que nos pone Dios que tenemos que tratar de superarlas, y cuando tocás fondo, salí con más fuerza, con más ganas de vivir, mira la vida de otra manera.
Por más problemas que están pasando en el mundo, todos tenemos que poner un poquito nuestro para ver la parte linda de la vida. Hay cosas muy feas en todos lados, y las estamos viviendo en este momento, pero pongamos todos un poquito de eso, de felicidad, que hay cosas lindas, que no todo es feo. Y si todos pensamos un poquito en positivo, dejamos de pelearnos unos con otros, dejar un poco de lado esa palabra que lamentablemente el mundo maneja mucho, la envidia, tenemos que desterrar esa palabra. Tenemos que empezar a querernos más, unos a otros, y así será mucho mejor.
Si nos queremos más, palabras como cáncer, cada vez serán usadas mucho menos, porque es el estrés que uno vive, es la angustia, es un montón de cosas que se suman que hace que cada vez esa enfermedad tenga más fuerza.







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