¿Ahora qué le vas a decir a tu hijo?

El notable partidazo que le regalaron al fútbol, Peñarol y Palmeiras, el miércoles a la noche. Del 2-0 «manya» al 3 a 2 brasileño. Entonces, ¿qué derecho hay de producir todo lo producido en materia de intolerancia, violencia y patoterismo? La emisión de la TV para consumo de quien quiso ver, la acumulación de reacciones destempladas. Primero en la cancha. Después en la tribuna.
Son futbolistas profesionales: ¿cuál es la responsabilidad que les cabe? ¿Qué imagen ofrecen?
¿Por qué un partido de fútbol (que es un juego), tiene que terminar en medio de ese lenguaje penoso de los puños crispados, para que el colega que está enfrente se convierta en blanco predilecto de la misma reacción casi demoníaca?
Lo sucedido por sobre todo, potencia la conclusión: ni en Montevideo ni en Salto, ni en ámbito alguno, se puede jugar sin policías. No hay caso: no se puede.
En tanto, padres de tantos niños, ¿qué argumento o razón a mano para que esos mismos niños entiendan la andanada bravucona, después de 90 minutos de fútbol?
El fútbol tampoco puede con la violencia.
Al fin de cuentas seguirá siendo nomás, la miserable partera de la historia.
-ELEAZAR JOSÉ SILVA-