Al motociclista herido de gravedad el pasado 23 de enero lo “armaron” de nuevo, según expresó su propio padre

En la madrugada del 23 de enero pasado ocurrió un accidente de consecuencias trágicas: dos motocicletas chocaron de frente en avenida Pascual Harriague y sus conductores fueron derivados inmediatamente al CTI.
Jorge Marcelo Rodríguez (de 26 años) dejó de existir a los pocos días, al tiempo que Gastón Miquelarena (de 22 años) sufrió graves lesiones y debió superar una intervención quirúrgica de cuatro horas en la que estuvo a punto de perder la pierna derecha.
Paradójicamente, cuando ambos heridos llegaron al hospital para ser atendidos, los médicos creyeron que Rodríguez tenía más chance de salvarse que Miquelarena. Pero finalmente fue este último quien le hizo un dribbling a la muerte y logró sobrevivir.
Miquelarena estuvo internado 15 días en el CTI y casi un mes en Cuidados Intermedios, hasta que finalmente la semana pasada fue dado de alta. Sin embargo, aún debe concurrir tres veces por semana a realizarse curaciones en la rodilla derecha, en la que le colocaron varios tornillos y una placa metálica, idéntico procedimiento que se le efectuó en la mano derecha.
“¿Cómo está Gastón? Bárbaro… Hoy nos parece mentira que ya lo tengamos en casa, después de haber visto la magnitud del accidente. Los médicos que lo operaron nos dijeron que lo armaron de nuevo, así que imagínense cómo fue la cosa”, admitió Deolindo Miquelarena, padre de Gastón, en diálogo con EL PUEBLO.
Gastón vivió jornadas críticas, pero logró superarlas. El mismo día del accidente lo trasladaron al hospital de Tacuarembó para realizarse una tomografía computada. Dicho estudio era vital para determinar si su cerebro había sufrido algún daño, ya que el fuerte impacto le destrozó el casco que llevaba puesto y le provocó una herida craneal. El resultado del estudio deparó el primer alivio, porque no se descubrió ninguna lesión.
La segunda tomografía se la realizaron en el Centro Médico de nuestra ciudad y en ella aparecieron dos hematomas de pocos milímetros, que encendieron la luz de alerta. Pero la tercera tomografía volvió a deparar resultados normales y Gastón recibió el alta del neumólogo.
ERA AMIGO
DEL FALLECIDO
Un hecho desconocido, que afectó aún más a Gastón, es que el hombre fallecido en el accidente era uno de sus amigos. “Eso fue lo que nos dolió a todos, porque él venía a casa a jugar al playstation con mi hijo”, aseveró su padre, quien es jubilado municipal y vive con el propio Gastón.
Hoy en día, cuando Deolindo observa las fotos de cómo quedó la motocicleta tras el accidente, no puede creer que su hijo esté con vida. “Es increíble que hoy esté en casa, y que ya esté caminando y hablando con nosotros. Es que por cómo quedó la moto, nadie entiende cómo sobrevivió. Realmente estamos muy agradecidos con todos los médicos que lo trataron, porque hicieron lo imposible para que él se recuperara. El cirujano que lo operó ingresó a las 10 de la noche al block quirúrgico y salió a las 2 de la madrugada, todo transpirado, para decirnos que se había encontrado con un cuadro peor al que decían los estudios, pero así y todo hizo un trabajo brillante y lo armó de nuevo, como él bien dice”, recalcó Miquelarena (padre).
Gastón no recuerda nada del accidente, ni de los momentos posteriores al mismo. Pero ese detalle, hoy en día, poco importa. Recuperó completamente el apetito y eso, según su padre, es otro buen indicio de que la recuperación va completándose de acuerdo a lo previsto.

En la madrugada del 23 de enero pasado ocurrió un accidente de consecuencias trágicas: dos motocicletas chocaron de frente en avenida Pascual Harriague y sus conductores fueron derivados inmediatamente al CTI.

Jorge Marcelo Rodríguez (de 26 años) dejó de existir a los pocos días, al tiempo que Gastón Miquelarena (de 22 años) sufrió graves lesiones y debió superar una intervención quirúrgica de cuatro horas en la que estuvo a punto de perder la pierna derecha.

Paradójicamente, cuando ambos heridos llegaron al hospital para ser atendidos, los médicos creyeron que Rodríguez tenía más chance de salvarse que Miquelarena. Pero finalmente fue este último quien le hizo un dribbling a la muerte y logró sobrevivir.

Miquelarena estuvo internado 15 días en el CTI y casi un mes en Cuidados Intermedios, hasta que finalmente la semana pasada fue dado de alta. Sin embargo, aún debe concurrir tres veces por semana a realizarse curaciones en la rodilla derecha, en la que le colocaron varios tornillos y una placa metálica, idéntico procedimiento que se le efectuó en la mano derecha.

“¿Cómo está Gastón? Bárbaro… Hoy nos parece mentira que ya lo tengamos en casa, después de haber visto la magnitud del accidente. Los médicos que lo operaron nos dijeron que lo armaron de nuevo, así que imagínense cómo fue la cosa”, admitió Deolindo Miquelarena, padre de Gastón, en diálogo con EL PUEBLO.

Gastón vivió jornadas críticas, pero logró superarlas. El mismo día del accidente lo trasladaron al hospital de Tacuarembó para realizarse una tomografía computada. Dicho estudio era vital para determinar si su cerebro había sufrido algún daño, ya que el fuerte impacto le destrozó el casco que llevaba puesto y le provocó una herida craneal. El resultado del estudio deparó el primer alivio, porque no se descubrió ninguna lesión.

La segunda tomografía se la realizaron en el Centro Médico de nuestra ciudad y en ella aparecieron dos hematomas de pocos milímetros, que encendieron la luz de alerta. Pero la tercera tomografía volvió a deparar resultados normales y Gastón recibió el alta del neumólogo.

ERA AMIGO

DEL FALLECIDO

Un hecho desconocido, que afectó aún más a Gastón, es que el hombre fallecido en el accidente era uno de sus amigos. “Eso fue lo que nos dolió a todos, porque él venía a casa a jugar al playstation con mi hijo”, aseveró su padre, quien es jubilado municipal y vive con el propio Gastón.

Hoy en día, cuando Deolindo observa las fotos de cómo quedó la motocicleta tras el accidente, no puede creer que su hijo esté con vida. “Es increíble que hoy esté en casa, y que ya esté caminando y hablando con nosotros. Es que por cómo quedó la moto, nadie entiende cómo sobrevivió. Realmente estamos muy agradecidos con todos los médicos que lo trataron, porque hicieron lo imposible para que él se recuperara. El cirujano que lo operó ingresó a las 10 de la noche al block quirúrgico y salió a las 2 de la madrugada, todo transpirado, para decirnos que se había encontrado con un cuadro peor al que decían los estudios, pero así y todo hizo un trabajo brillante y lo armó de nuevo, como él bien dice”, recalcó Miquelarena (padre).

Gastón no recuerda nada del accidente, ni de los momentos posteriores al mismo. Pero ese detalle, hoy en día, poco importa. Recuperó completamente el apetito y eso, según su padre, es otro buen indicio de que la recuperación va completándose de acuerdo a lo previsto.