Alerta abierto del Salto inconcluso

Cuando Jonathan dos Santos se volvió sabio en la habilitación a Píriz. La definición de Alexander a la medida de la fórmula recomendable. Después de todo, el instinto de los que resuelven, siempre suele ser aspecto vital. El 1 a 0 transitorio de Salto, en la medida que fue acentuando antes, una actitud hasta más generosa y menos proclive a la duda.
Ahora bien: ¿cuál es la medula que debiera regir el pensamiento critico para este Salto inconcluso? Por sobre todo, la ausencia de resolución para cerrar partidos.
Cuando debe estocar, clava el freno. Se apega a la duda y cae en distracciones, hasta propias de un funcionamiento que a Salto le cuesta. Es que después del gol de Píriz, la convicción aterrizaba de hecho, sin vuelos de fantasías. Había que volver a buscar y volver a decidir. Apretar el gatillo.
Sin embargo, como frente a Bella Unión, la misma actitud del que se apaga y se oculta. Del que no se renueva en la vocación de la apuesta ofensiva. Por eso con este Salto es cuestión de alerta. Artigas llega al empate desde su mérito en la maniobra de laboratorio.
El equipo de Wilmar concluyó con un empate en el bolsillo que le viene bárbaro. Llegó poco menos que anestesiado en su ilusión. El empate le devolvió vida y proyección.
EL PRODUCTO A MEDIA LUZ
Los años de Ramón Rivas en la función, le limitan el espacio a convencionalismos de ocasión. A establecer en palabras, lo que la convicción no refleja. El DT sabe que este Salto, no es el Salto que quiere. El de la faceta esquiva en el segundo tiempo ante Bella Unión y del de la no certeza ante Artigas, cuando Alexander Píriz llegó al desnivel.
Por eso, Salto va siendo producto a media luz, sin que el empate que pasó, le ultraje chance. Después de todo, Salto no tiene que rendirle cuentas a los rivales: depende de Salto. Pero clave la evolución, desde un sector de respuesta quebrada: el medio campo. Sucede que Ramón no ha podido estabilizar esa zona. Lesiones en cadena, comenzando con la de Richard Requelme. El medio campo en un equipo, es el que regula. Y al equipo le ha faltado justamente eso: criterio de regulación.
Y de mitad de cancha para arriba, Salto aflora excesivamente condicionado a dos Santos. Porque además, no ha dejado de caer en un fútbol vertical. Las bandas sin capitalizar y el enredo de ofensiva, elocuencias de un nivel que suele herirse más de la cuenta.
Esencial: que Salto sustente continuidad de producción. No la ha tenido. En los tres partidos le convirtieron goles. Las señales de desajustes en la trinchera defensiva, han sido reales.
La semana es vital. Restan 270 minutos para la conclusión de la segunda rueda en el Grupo “A” de la Copa Nacional. El empate frente a Artigas no convoca los duendes de la angustia. Pero marca una necesidad: que el Salto creíble derrote al Salto inconcluso. De eso se trata. Ni más ni menos.
-E.J.S-

Cuando Jonathan dos Santos se volvió sabio en la habilitación a Píriz. La definición de Alexander a la medida de la fórmula recomendable. Después de todo, el instinto de los que resuelven, siempre suele ser aspecto vital. El 1 a 0 transitorio de Salto, en la medida que fue acentuando antes, una actitud hasta más generosa y menos proclive a la duda.

Ahora bien: ¿cuál es la medula que debiera regir el pensamiento critico para este Salto inconcluso? Por sobre todo, la ausencia de resolución para cerrar partidos.

Cuando debe estocar, clava el freno. Se apega a la duda y cae en distracciones, hasta propias de un funcionamiento que a Salto le cuesta. Es que después del gol de Píriz, la convicción aterrizaba de hecho, sin vuelos de fantasías. Había que volver a buscar y volver a decidir. Apretar el gatillo.

Sin embargo, como frente a Bella Unión, la misma actitud del que se apaga y se oculta. Del que no se renueva en la vocación de la apuesta ofensiva. Por eso con este Salto es cuestión de alerta. Artigas llega al empate desde su mérito en la maniobra de laboratorio.

El equipo de Wilmar concluyó con un empate en el bolsillo que le viene bárbaro. Llegó poco menos que anestesiado en su ilusión. El empate le devolvió vida y proyección.

EL PRODUCTO A MEDIA LUZ

Los años de Ramón Rivas en la función, le limitan el espacio a convencionalismos de ocasión. A establecer en palabras, lo que la convicción no refleja. El DT sabe que este Salto, no es el Salto que quiere. El de la faceta esquiva en el segundo tiempo ante Bella Unión y del de la no certeza ante Artigas, cuando Alexander Píriz llegó al desnivel.

Por eso, Salto va siendo producto a media luz, sin que el empate que pasó, le ultraje chance. Después de todo, Salto no tiene que rendirle cuentas a los rivales: depende de Salto. Pero clave la evolución, desde un sector de respuesta quebrada: el medio campo. Sucede que Ramón no ha podido estabilizar esa zona. Lesiones en cadena, comenzando con la de Richard Requelme. El medio campo en un equipo, es el que regula. Y al equipo le ha faltado justamente eso: criterio de regulación.

Y de mitad de cancha para arriba, Salto aflora excesivamente condicionado a dos Santos. Porque además, no ha dejado de caer en un fútbol vertical. Las bandas sin capitalizar y el enredo de ofensiva, elocuencias de un nivel que suele herirse más de la cuenta.

Esencial: que Salto sustente continuidad de producción. No la ha tenido. En los tres partidos le convirtieron goles. Las señales de desajustes en la trinchera defensiva, han sido reales.

La semana es vital. Restan 270 minutos para la conclusión de la segunda rueda en el Grupo “A” de la Copa Nacional. El empate frente a Artigas no convoca los duendes de la angustia. Pero marca una necesidad: que el Salto creíble derrote al Salto inconcluso. De eso se trata. Ni más ni menos.

-E.J.S-