Algunos aspectos de la legítima defensa

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Hugo Lemos

El artículo 26 del Código Penal establece la Legítima Defensa, como medida que exime la pena, tema harto discutido por la sociedad, muchas veces sin fundamento. Mucha gente se pregunta si puede “defenderse” por lo general a los tiros, si alguien entra a su casa sin permiso y con fines espurios. Y si bien el espacio no nos permite desarrollarnos mucho, es importante decir que: la legítima defensa es el límite entre la lesión con intención a una persona y la necesidad de cometerla para evitar un daño inminente contra la integridad física del ofensor por el victimario.
Es decir, una cosa es herir a una persona, incluso causarle la muerte, por el solo hecho de que la persona ingresó a nuestra casa. Y otra muy distinta es hacerlo al cabo de que éste nos enfrentó, poniendo en riesgo nuestra integridad física, y es justo en ese momento, cuando no tenemos certeza de si nuestra vida corre peligro que actuamos para evitar ser dañados e incluso ultimados, respondiendo con violencia.
Pero además, hay ciertos elementos que establece la norma que deben ser cumplidos para cabalmente para que se den las circunstancias que determinan la legítima defensa como por ejemplo: la Agresión ilegítima, la Necesidad racional del medio empleado para repelerla o impedir el daño. La Falta de provocación suficiente por parte del que se defiende, entre otras, y uno de los elementos que menciona el artículo 26 es la racionalidad del medio empleado para repeler el daño. Es decir, si el otro no tiene arma, yo no puedo invocar defensa asestándole varias puñaladas o dándole varios balazos, porque mi intención no se ajusta a lo que establece la norma, sino a la de cometer el daño por sí mismo. Cabría decir más, pero la seguimos la próxima.







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