“Anden siempre con una pelota bajo el brazo; con la pinta no se juega al fútbol”

Fue el viernes 22 cuando ELBIO HERNÁNDEZ visitó la Obra Social Don Bosco para compartir sus vivencias con los jóvenes del proyecto joven.
Y con la misma claridad que tenía para meter una pelota al compañero mejor ubicado o hacer una gambeta, fue contando a los jóvenes y educadores sus vivencias de niño y joven en la Obra y en su vida.
Su niñez la vivió en el barrio Cien Manzanas, en ese entonces estaba la capilla de chapa y allí era en donde jugaban al futbol con sus compañeros. «Era nuestra diversión, era lo único que teníamos».» Luego de la escuela íbamos a la cancha y con el primer pelotazo aparecían todos». Se quedaban hasta la noche jugando al futbol, «a la primera llamada corríamos para casa».
Cuando se desarmó la capilla y se comenzó a construir la obra junto a sus amigos ayudaban a trasladar las chapas, traer ladrillos y con cuanta ganas hacíamos todo esto porque nuestra segunda casa la están construyendo. Cuando se comenzó con el cine él ayudaba como acomodador. Para poder jugar al fútbol tenían que asistir a catequesis, no podíamos entrar al salón a jugar al futbolito o a la carolina.
En su casa también tenía que respetar las normas para poder jugar al futbol, «era la peor penitencia. Después de todo, cuantas veces teníamos  que llegar a casa antes que nos agarre el cinto de la vieja, porque había pasado la hora de llegada».
Pero en ningún momento nos sentíamos mal porque los viejos nos marcaban firme y nosotros no teníamos la libertad que tienen Uds. Hoy en día, cosa que agradezco ya que nos enseñaron a ser responsables en todo los órdenes de la vida.  Mi madre me enseño a cocinar, lavar la ropa y a coser. Esas enseñanzas las agradezco mucho, ya que cuando estuve solo en Montevideo me sirvió para manejarme en la vida. «Mijo Ud. No sabe con quién se va a casar y si sabe cocinar y coser, solía decirme».
ESO DE QUERERSE
EN EL BARRIO
A «Cubilla» Hernández, la invitación se la trasmitió PEDRO PONCE DE LEÓN, como coordinador de las actividades que se desarrollan en la Obra Social Don Bosco. Elbio aceptó solícitamente y Pedro no dejó de convertirse en puente entre el crack y el auditorio, sumando niños y adolescentes. «Recuerdo que en aquellos tiempos de nuestra niñez  no teníamos muchas cosas en nuestras casas y donde encontrábamos todos los elementos de diversión lo encontrábamos en la Obra. Era nuestra segunda casa. En la Obra aprendí muchas cosas. Unas de las mejores enseñanzas fue la solidaridad y el cariño. Cuando necesitábamos algo siempre había alguien que se acercaba y te ayudaba y junto a esto el cariño de las personas que lo rodeaban. Nos conocíamos todos en el barrio y nos queríamos. En la Obra esperábamos la llegada del responsable para poder entrar a jugar, antes de poder tener alguna actividad recreativa nos hacían cortar el pasto, barrer entre otras cosas, y siempre lo hacíamos con gusto porque sabíamos que era la manera de pagar la entrada a los juegos. Ustedes gurises, no se hacen una idea de lo que tienen para disfrutar, ya que nosotros no teníamos todas las comodidades que tienen ahora».
DESDE EL CORAZÓN
DE LA OBRA
«Teníamos un grupo de unos 60 jóvenes de ambos sexos que veníamos todos los días, siempre había algo para hacer. Dactilografía, costura y catequesis, y de ese grupo salieron muchos matrimonios donde está incluido el mío».
La charla se mezcló entre sus vivencias en el barrio y en la Obra. «ç
«Las canchas tenían más piedras que pasto, las pelotas pesaban con 5 kilos y tenían una lengüeta para proteger donde se inflaba la cámara, había que ver cuando venía un centro y cabeceabas como dolía si cabeceabas el tapón que se salía y si la pelota estaba mojada pesaba como 10 kilos  y el calzado eran las famosas alpargatas. Los partidos eran de diez minutos o a un gol y el que ganaba quedaba en cancha, y el último tiempo usábamos los zapatos de goma y como jugábamos muchas horas no había quien aguante el olor cuando nos sacábamos los mismos. Al cine de todos los fines de semana al principio fue un cine en un salón, pero como no teníamos muchas opciones la gente venía y pasamos el cine a la capilla ya que era el lugar más grande y eso nos llevó a organizarnos y realizar un trabajo en grupo, unos boleteros otros de porteros algunos oficiábamos de acomodadores y otros a la cantina porque entre película y película vendíamos refrescos y golosinas, pero nadie se quería perder los capítulos del Zorro, por eso nadie faltaba»
AQUEL HERMANO GRAÑA
Las evocaciones de «Cubilla». Los recuerdos van fluyendo. La generosidad de la memoria, abre su propio abanico. Elbio. El Campeón con River Plate en Salto. Con la selección en el Litoral y en el Interior, hasta que pisando la década de los 80, cargó el bolso de sueños queridos. De sueños de jugador. Pero también de ser humano. Acaso, para que la vida no dejase de ocultar ningún sentido.
«El hermano Graña nos enseñaba teatro y allí formamos la embajada de la alegría», puntualizaba. Por último Elbio le dejo dos mensajes a los jóvenes. «Aprovechen esta oportunidad que tienen de formar parte de esta Obra, ya que no siempre se consigue una casa que los reciba y les brinde todas las oportunidades que tienen acá, la comida los talleres y educadores que los acompañan en todo momento. Y para Uds, jóvenes que quieren jugar al fútbol, antes el primer regalo que nos hacían era un par de medias el Short y la camiseta, pero con la pinta no se juega al fútbol. Se juega con la pelota, anden siempre con una pelota bajo el brazo, y donde puedan denle contra la pared de derecha e izquierda, calzados y descalzos para poder sentir la pelota, dominio de la misma de esa forma es la manera de poder hacer lo que quiero con la pelota».
A todo esto había pasado más de una hora de charla de Elbio y los gurises de la Obra, «Tengo en casa junto a la colección de camisetas, colgados los títulos de Carpintero, Electricista y de Director Técnico. Son un adorno porque no podía comerme los pocos pesos que guardé como futbolista, y hoy en día trabajo en una exportadora de pescados y vivo feliz con mi señora a quien conocí cuando tenía 9 años. La vida no solo pasa por el fútbol. La condición humana, también tiene demasiado que ver».

Fue el viernes 22 cuando ELBIO HERNÁNDEZ visitó la Obra Social Don Bosco para compartir sus vivencias con los jóvenes del proyecto joven.

Y con la misma claridad que tenía para meter una pelota al compañero mejor ubicado o hacer una gambeta, fue contando a los jóvenes y educadores sus vivencias de niño y joven en la Obra y en su vida.

Su niñez la vivió en el barrio Cien Manzanas, en ese entonces estaba la capilla de chapa y allí era en donde jugaban al futbol con sus compañeros. «Era nuestra diversión, era lo único que teníamos».» Luego de la escuela íbamos a la cancha y con el primer pelotazo aparecían todos». Se quedaban hasta la noche jugando al futbol, «a la primera llamada corríamos para casa».

Cuando se desarmó la capilla y se comenzó a construir la obra junto a sus amigos ayudaban a trasladar las chapas, traer ladrillos y con cuanta ganas hacíamos todo esto porque nuestra segunda casa la están construyendo. Cuando se comenzó con el cine él ayudaba como acomodador. Para poder jugar al fútbol tenían que asistir a catequesis, no podíamos entrar al salón a jugar al futbolito o a la carolina.

En su casa también tenía que respetar las normas para poder jugar al futbol, «era la peor penitencia. Después de todo, cuantas veces teníamos  que llegar a casa antes que nos agarre el cinto de la vieja, porque había pasado la hora de llegada».

Pero en ningún momento nos sentíamos mal porque los viejos nos marcaban firme y nosotros no teníamos la libertad que tienen Uds. Hoy en día, cosa que agradezco ya que nos enseñaron a ser responsables en todo los órdenes de la vida.  Mi madre me enseño a cocinar, lavar la ropa y a coser. Esas enseñanzas las agradezco mucho, ya que cuando estuve solo en Montevideo me sirvió para manejarme en la vida. «Mijo Ud. No sabe con quién se va a casar y si sabe cocinar y coser, solía decirme».

ESO DE QUERERSE EN EL BARRIO

A «Cubilla» Hernández, la invitación se la trasmitió PEDRO PONCE DE LEÓN, como coordinador de las actividades que se desarrollan en la Obra Social Don Bosco. Elbio aceptó solícitamente y Pedro no dejó de convertirse en puente entre el crack y el auditorio, sumando niños y adolescentes. «Recuerdo que en aquellos tiempos de nuestra niñez  no teníamos muchas cosas en nuestras casas y donde encontrábamos todos los elementos de diversión lo encontrábamos en la Obra. Era nuestra segunda casa. En la Obra aprendí muchas cosas. Unas de las mejores enseñanzas fue la solidaridad y el cariño. Cuando necesitábamos algo siempre había alguien que se acercaba y te ayudaba y junto a esto el cariño de las personas que lo rodeaban. Nos conocíamos todos en el barrio y nos queríamos. En la Obra esperábamos la llegada del responsable para poder entrar a jugar, antes de poder tener alguna actividad recreativa nos hacían cortar el pasto, barrer entre otras cosas, y siempre lo hacíamos con gusto porque sabíamos que era la manera de pagar la entrada a los juegos. Ustedes gurises, no se hacen una idea de lo que tienen para disfrutar, ya que nosotros no teníamos todas las comodidades que tienen ahora».

DESDE EL CORAZÓN DE LA OBRA

«Teníamos un grupo de unos 60 jóvenes de ambos sexos que veníamos todos los días, siempre había algo para hacer. Dactilografía, costura y catequesis, y de ese grupo salieron muchos matrimonios donde está incluido el mío».

La charla se mezcló entre sus vivencias en el barrio y en la Obra. «ç

«Las canchas tenían más piedras que pasto, las pelotas pesaban con 5 kilos y tenían una lengüeta para proteger donde se inflaba la cámara, había que ver cuando venía un centro y cabeceabas como dolía si cabeceabas el tapón que se salía y si la pelota estaba mojada pesaba como 10 kilos  y el calzado eran las famosas alpargatas. Los partidos eran de diez minutos o a un gol y el que ganaba quedaba en cancha, y el último tiempo usábamos los zapatos de goma y como jugábamos muchas horas no había quien aguante el olor cuando nos sacábamos los mismos. Al cine de todos los fines de semana al principio fue un cine en un salón, pero como no teníamos muchas opciones la gente venía y pasamos el cine a la capilla ya que era el lugar más grande y eso nos llevó a organizarnos y realizar un trabajo en grupo, unos boleteros otros de porteros algunos oficiábamos de acomodadores y otros a la cantina porque entre película y película vendíamos refrescos y golosinas, pero nadie se quería perder los capítulos del Zorro, por eso nadie faltaba»

AQUEL HERMANO GRAÑA

Las evocaciones de «Cubilla». Los recuerdos van fluyendo. La generosidad de la memoria, abre su propio abanico. Elbio. El Campeón con River Plate en Salto. Con la selección en el Litoral y en el Interior, hasta que pisando la década de los 80, cargó el bolso de sueños queridos. De sueños de jugador. Pero también de ser humano. Acaso, para que la vida no dejase de ocultar ningún sentido.

«El hermano Graña nos enseñaba teatro y allí formamos la embajada de la alegría», puntualizaba. Por último Elbio le dejo dos mensajes a los jóvenes. «Aprovechen esta oportunidad que tienen de formar parte de esta Obra, ya que no siempre se consigue una casa que los reciba y les brinde todas las oportunidades que tienen acá, la comida los talleres y educadores que los acompañan en todo momento. Y para Uds, jóvenes que quieren jugar al fútbol, antes el primer regalo que nos hacían era un par de medias el Short y la camiseta, pero con la pinta no se juega al fútbol. Se juega con la pelota, anden siempre con una pelota bajo el brazo, y donde puedan denle contra la pared de derecha e izquierda, calzados y descalzos para poder sentir la pelota, dominio de la misma de esa forma es la manera de poder hacer lo que quiero con la pelota».

A todo esto había pasado más de una hora de charla de Elbio y los gurises de la Obra, «Tengo en casa junto a la colección de camisetas, colgados los títulos de Carpintero, Electricista y de Director Técnico. Son un adorno porque no podía comerme los pocos pesos que guardé como futbolista, y hoy en día trabajo en una exportadora de pescados y vivo feliz con mi señora a quien conocí cuando tenía 9 años. La vida no solo pasa por el fútbol. La condición humana, también tiene demasiado que ver».







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