Apostando al país de los emprendedores

Con Noel Alejandro Méndez Malaquina y la fábrica de dulces

“Este debe ser un país de pequeños emprendedores, esa debe ser la gran apuesta, porque así se levantó Italia de la Segunda Guerra, creo que si todos empujamos un poco podemos generar cosas muy positivas, lo que pasa es que el uruguayo es difícil para eso”, así resumió su manera de pensar Noel Alejandro Méndez Malaquina, un salteño que conoce y quiere a su ciudad, que piensa en grande y que desde hace un tiempo tiene el placer de combinar sus dos noelpasiones, el comercio y la cocina. Formado en lechería, su padre era tambero y su madre maestra rural. Comenzó vendiendo sus productos, los dulces y mermeladas Celinda, puerta a puerta. Hoy tiene un local comercial propio en la zona de Daymán el cual es referencia para los visitantes del lugar y ha dado sus primeros pasos para expandirse. Vivió en Colombia y España.
Tiene una hija de la que está orgulloso y feliz porque lo acompaña, y comparte el negocio con su madre a quien identifica como la “gran impulsora” de este emprendimiento. Actualmente, a su intensa actividad diaria, agarró la changa de presidir la Asociación de Gastronómicos, Hoteleros y Afines de Daymán (AGHA), una organización que busca potenciar la zona y como “a todo, hay que ponerle garra”, dice como un cliché. Con él las 10 últimas de la última.

¿Dónde estudió y creció?
Hice escuela pública, fui a la Nº4 y a la Nº2, crecí en la zona del centro, jugaba al básquetbol en Salto Uruguay, fui al Liceo Piloto (Nº2), después hice UTU, ahí estudié Cocina, fui al Liceo Nº5 y después cursé la Tecnicatura en Lechería en Colonia Suiza (Colonia) también de UTU. Mi padre tenía tambo en Itapebí y en Arroyo Malo (Paysandú), pero se fundió como mucha gente durante la crisis del 2002.

¿Estuviste ligado al tambo de tu padre, por eso estudiaste lechería?
En realidad yo lo acompañé a mi viejo hasta que se fundió, porque mi viejo perdió todo y no pude seguir la parte de producción, entonces me dediqué a la parte de industrialización, así fue como al final empezó a gestarse la producción de dulces que es el giro al que se dedica mi comercio.

¿Cómo surge la instalación en la zona de Daymán?
Fue cuando mi madre vino como directora de la Escuela Nº34 de Daymán, donde no solo trabajaba sino que también vivía, y yo llegué a vivir ahí. Trabajé en la zona, conocí el lugar y si bien tuve la oportunidad de viajar por algunos países, me instalé acá para quedarme.

¿Pero cuándo nace la idea de empezar a elaborar dulces para vender?
Cuando terminé el Liceo y después de que me vine de la Escuela de Lechería, estaba trabajando en el parque acuático Acuamanía, y trataba todo el tiempo con turistas. Allí vi la posibilidad de hacer una empresa familiar, aparte mi madre tenía el antecedente de que siendo maestra rural había creado la cooperativa de mujeres rurales cuando estaba en Parada Herrería, en esa cooperativa hacían dulces de todo tipo, pero sobre todo dulces de frutas. Y yo por mi trabajo en el parque trataba todo el tiempo con turistas, fue ahí que noté la necesidad que tenían de comprar un producto autóctono del lugar y no lo encontraban. Entonces se me ocurrió porqué no usar el conocimiento que tenía de hacer dulce de leche y de los dulces que hacía mi madre, para poner este negocio de Dulces Artesanales Celinda, y hoy tenemos 35 variedades diferentes de dulces, mermeladas y dulce de leche.

¿Y tu madre qué tuvo que ver con este emprendimiento?
Mi madre tuvo que ver mucho porque ella cuando estaba en la cooperativa que se llamaba Las Campesinas hacían dulce de frutas y ella elaboraba esos dulces, y los incorporó a la venta del local nuestro. Ella es mi socia, me acompaña en el emprendimiento y tiene mucho que ver porque era la directora de la escuela en Daymán y en cierta medida estaba muy ligada a la zona, no éramos desconocidos acá.

¿Cómo fueron los primeros pasos de ese emprendimiento?
Cuando surge la idea yo trabajaba en Acuamanía y con un dinero que traje de un viaje que había hecho a Colombia, donde trabajé un año con una empresa de espectáculos con delfines que estuvo en Daymán a finales de los año 90 y yo me embarqué con ellos para allá, estuve y trabajé allí y me traje un dinero, con ese dinero me compré una moto y 10 frascos, y ahí arrancamos con mi madre y empezamos a vender en los restaurantes de las termas y en los hoteles.
Les dejábamos dulces en los restaurantes para los desayunos, a veces a consignación y el producto gustaba. Incluso con quien era mi pareja y es la madre de mi hija, nos íbamos a algunas zonas de Salto, dejábamos la moto en una esquina y caminábamos varias cuadras vendiendo dulce puerta por puerta.
Y nos fue bien y entonces conseguimos un local chiquito frente a las termas, donde ahí vendíamos el producto pero la elaboración era en nuestra casa. Con el paso del tiempo, pudimos extendernos a un local más grande con elaboración a la vista y eso nos permite otras aspiraciones y oportunidades.

¿Comercializan el producto solo acá en Salto?
La venta es a todos los comercios de plaza, pero también le vendemos a muchísimos visitantes de distintas partes del país que ya nos conocen. Pero actualmente también tenemos un emprendimiento en España, donde estamos en el armado del proyecto aún, pero anhelamos que a más tardar el año que viene estemos empezando la producción. Aunque para haber arrancado con 10 frascos a este momento, estamos contentísimos de cómo se ha dado el desarrollo de todo esto, porque empezamos con poco y ahora estamos vendiendo alrededor de 3.000 kilos mensuales de dulces.

Pasado el tiempo en ese lugar ¿empezó a ver que Daymán se trataba de una comunidad a la que atender?
Siempre estuvimos hablando con los vecinos, con los hoteleros y con los demás gastronómicos, acerca de lo que considerábamos que era lo mejor para Daymán. Opinábamos de cómo había que hacer para ayudar a mejorar el lugar y siempre pensábamos en eso.
A mí quien me convocó para formar una comisión fue Paola Rapetti, que es la actual secretaria de la Asociación (AGHA) de la cual yo soy ahora el presidente, y la titular del Hotel Géminis. Y después de un tiempo de trabajo, se ha sumado también José Luis Bertolotto que es una pieza fundamental. Pero la idea siempre fue mejorar el lugar en todo sentido, desde las calles hasta la situación del parque termal y velar porque se cumpla lo que se promete para esta zona y pelear por eso.

¿Cómo piensa que debe ser el centro turístico de Daymán?
Apunto a un lugar que tenga una buena calidad de servicios y mejorarlos para ponderar el destino. Eso comprende agregarle atractivos nuevos y lograr que Daymán sea un lugar con turismo de calidad.
Porque al pensar a Daymán uno piensa en un turismo de salud, y no apuntamos mucho a eso y por eso la idea nuestra es el atractivo turístico por sí mismo, pero también que el mismo sea identificado con la parte de salud, por el tema que lo que se consume son aguas termales. Queremos un desarrollo real, porque sabemos que Daymán genera mucho a través del turismo, pero no vemos acompasado eso a lo que es el lugar. Sabemos que es un lugar con desarrollo, pero muy desordenado ya que Daymán ha crecido muy poco ordenado.

¿En lo personal sentís que te queda mucho por hacer?
Sí, tengo una hija que me acompaña mucho y que quiero que ella también viva todo este proceso de crecimiento y desarrollo que en lo personal me reconforta.
Y estoy viendo la posibilidad de que puedan crearse algunas empresas afuera del país y después me gustaría que pudiéramos expandirnos y vender la marca, porque si bien la empresa ha crecido mucho siento que nos queda mucho por hacer y en lo personal es una gran apuesta, porque a base del ingenio, de aprovechar nuestras capacidades personales hicimos un emprendimiento familiar, y creo que ese debe ser el mensaje hacia la gente, el del sí se puede, hay que soñar las cosas y hacerlas posibles con trabajo y dedicación.







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