Artistas que se fueron en 2017

Comenzar un nuevo año suele implicar, en cualquier ámbito, una mirada hacia atrás para observar en perspectiva el “saldo” que el año anterior ha dejado. En el ámbito de la Cultura, hoy nuestra mirada se dirige a los artistas de renombre, a nivel nacional, fallecidos en 2017. Sin descartar que el lector pueda acordarse de otros para agregar a la lista, pensamos en: César Rodríguez Musmanno (artista plástico fallecido el 23/3), Jorge Damiani (pintor fallecido el 17/7), Washington Benavidez (escritor fallecido el 24/9), Coriún Aharonián (musicólogo fallecido el 8/10), Daniel Viglietti (músico, compositor, fallecido el 30/10) y Bolívar Gaudín (artista plástico fallecido el 2/12). Lo que sigue son brevísimos pasajes de notas publicadas por EL PUEBLO ante cada uno de dichos fallecimientos.
Sobre Rodríguez Musmanno dijimos el 26 de marzo: “Este jueves último falleció el arquitecto, el artista plástico (a él le gustaba definirse como “artistaplasticoaquitecto”)… falleció el “Ojito” César Rodríguez Musmanno, el que dejó tantas obras en Salto y en tantas otras partes del mundo, el que le gustaba como a pocos el mostrador de boliche (en cada regreso a Salto tenía siempre un tiempo para la pasada por El Pibe o El Vasco) y allí, copa mediante, además de leer diarios, conversaba con quien se acercara, sobre los más diversos temas: arte, política, actualidad del país en general, con esa sencillez que como tantas veces se ha dicho, es característica de los espíritus más grandes. Falleció el ideólogo de importantes edificios para esta ciudad y el creador de inolvidables murales (el muralismo era para él uno de los caminos de su tan ansiada “democratización” o “apertura de cultura para todos”). Fue director de obras y director de planificación de la Intendencia Municipal de Salto. En 1965 inició su experimentación de “integraciones plásticas”, en 1980 se radicó en Montevideo. Ejerció la docencia en la Facultad de Arquitectura y en la Universidad del Trabajo. Ha realizado innumerables exposiciones de sus obras, individuales y colectivas. Recibió distinciones en Salones del Interior y en la Bienal de Salto. Publicó con Leonardo Garet, el libro “Bares en lluvia” (2004). Socio Honorífico de CUAP-AIAP-UNESCO, Presidente de la Comisión Uruguaya de Artistas Plásticos.
Sobre Jorge Damiani, el 30 de julio dijimos: “…uno de los mayores plásticos del país, además de maestro de algunos de los más destacados pintores más jóvenes. Palabras del ex Presidente Julio Ma. Sanguinetti: Jorge Damiani, un exponente de lo mejor del arte pictórico nacional, capaz de transmitir vivencias a un tiempo melancólicas e intensas, desafiando el efectismo de estos tiempos de vulgarización. En 1957, en la Bienal de San Pablo, Alfredo H. Barr, el legendario director fundador del MOMA, figura mayor en la difusión de las nuevas dimensiones del arte, compró para el museo la obra “Agonía”, de Jorge Damiani. Es un gigantesco Cristo yacente, en escorzo como lo pintó Andrea Mantegna 500 años antes, pero ahora corporizado geométricamente y con la figura de una madre adolorida en un imponente primer plano. Más allá de cualquiera de los otros grandes premios que recibió en su vida, ese juicio del crítico más relevante de su tiempo, establece la dimensión cualitativa de la obra de este artista nuestro que falleció hace dos domingos, en Montevideo, a los 85 años. La obra de Jorge Damiani llena un espacio temporal de un largo medio siglo, con un trabajo paciente, meditado, que no se ató nunca a modas y buscó sus propios caminos…”.
El 26 de setiembre, sobre Washington Benavídez escribimos: “Hay poetas que logran que su nombre nunca resulte extraño, ni al académico ni al mendigo; a nadie, aún a quienes nunca leyeron su obra. Hay otros que logran, no que su nombre sino que sus versos sean los conocidos por todos, aún sin que todos sepan el nombre de su autor. Están los poetas de verso hermético o lenguaje oscuro y los de lenguaje claro para el verso sencillo. Hay poetas de obra que no podría existir fuera de los bordes de una página de libro y también los que son una invitación a que se le acerque música para acompañarlos por el aire. Hay poetas de “obra culta” y otros de “obra popular”, aún sin que hasta ahora haya precisión –y menos acuerdo- en cuáles son sus límites. Están los poetas que crean con el estilo de su país –una vidalita, por ejemplo- y los que prefieren estilos que vienen de lejos –por ejemplo el haiku- . Pero cada tanto, y muy cada tanto, el tiempo puede dar un poeta en el que todo lo anterior se reúna. En este caso estaremos, simplemente, ante un Washington Benavidez. Seguramente, es la coexistencia de esa multiplicidad de voces en la voz de un solo poeta lo que explica el desdoblamiento en los tantos seudónimo que utilizó: Pedro Agudo, John Filiberto, Washington Benavidez –y Benavides- David, Gabino, Tablada, Drumond, Hokusai, Caín, Sansueña. Escribió todo: desde poemas –en todos los estilos posibles-, canciones, cuentos y novelas, ensayos, notas periodísticas de diversa índole y temática… todo! Fue su vida de 87 años y la creación a través de la palabra una sola cosa”.
Sobre Coriún Aharonián dijimos el 12 de octubre: “Músico, compositor, musicólogo, pero por sobre todo, una de las mentes más lúcidas que en el campo de la cultura dio nuestro país: Coriún Aharonián. Sobran los dedos de una mano para contar los intelectuales que, con la rigurosidad que él lo hizo, estudiaron música en nuestro país: su esencia, su composición y sus compositores, su pasado y su presente. Director honorario del Centro Nacional de Documentación Musical Lauro Ayestarán del Ministerio de Educación y Cultura. También fue investigador emérito del Sistema Nacional de Investigadores del Uruguay. Publicó ensayos, artículos y libros, enseñó composición en Uruguay y en el extranjero, donde fue conferencista invitado en diversas ocasiones. Entre 1985 y 1991 dio clases en la Universidad de la República y también lo hizo en el Instituto de Profesores Artigas, además de dictar clases en universidades de Brasil, Ecuador, Colombia y Argentina. Su obra musical es austera y despojada, destacándose obras electroacústicas como el Homenaje a la flecha clavada en el pecho de Juan Díaz de Solís o Qué, entre 25 obras de concierto (entre electroacústicas, orquestales y corales) y 26 obras para teatro, así como arreglos para compositores populares como Daniel Viglietti, Rubén Olivera o Los Olimareños. Especialmente significativo fue su papel de resistencia cultural durante la dictadura, con el apoyo y proyección a músicos jóvenes populares”.
Sobre Daniel Viglietti el 5 de noviembre dijimos: “Muy profundo e interesante material sobre él se lee en el libro “Voz y palabra-Historia transversal de la poesía uruguaya”, de Luis Bravo, que tuvimos oportunidad de presentar en Salto en el año 2012. Bravo da mucha importancia a lo que llama “puesta en voz”, es decir, a la creatividad que se suma a las letras una vez que son cantadas o recitadas en alta voz. En una página en la que habla del poeta Juan Capagarry, dice: “…pero el soporte sustantivo de Capagorry en el campo de la puesta en voz poética se produce con la realización del LD ‘Hombres de nuestra tierra‘, junto al compositor Daniel Viglietti … Cada uno de los diez temas musicalizados refiere a un oficio que los títulos, epónimos, preanuncian adoptando las contracciones propias del habla rural: Pión pa todo, Milico ‘e pueblo, Pescador de arroyo, Cañero del norte, hasta el más insólito oficio de Garcero. “…aparte de los dos muy destacados trabajos a dúo con Juan Capagorry y con Mario Benedetti, Daniel Viglietti también musicaliza a Líber Falco, Circe Maia, Washington Benavides, Idea Vilariño, así como a otros poetas y trovadores iberoamericanos (César Vallejo, Nicolás Guillén y a Chico Buarque de Holanda en una excepcional versión del tema ‘Construcción‘)… su propia obra, en la que destacan las canciones A desalambrar, Canción para mi América, Gurisito, Milonga de andar lejos, fue tempranamente versionada por Víctor Jara y luego por cantores de la talla de Mercedes Sosa, Chavela Vargas y Soledad Bravo, entre otras”.
Escribimos sobre Bolívar Gaudín el 7 de diciembre: “Falleció en París, donde vivía desde hace varias décadas. Es, sin dudas, uno de los artistas plásticos más importantes que ha dado Salto, considerando, sin dudarlo, a los de todas las épocas. Más que relevantes resultan su trayectoria y reconocimiento en el plano internacional. Notable ha sido la aceptación de su obra en algunos de los más importantes ámbitos del arte en distintos países. Llama la atención entonces el casi generalizado silencio público ante su muerte en esta, su ciudad natal, lo que podría explicarse (aunque no justificarse) por el hecho de haber estado lejos desde hace más de medio siglo. El Tomo 13 de la Colección Escritores Salteños, dedicado a la novela “Muirakitán”, de Alberto Clulow, que luce como carátula la obra de Gaudín titulada “Boussole”, en la solapa dice: Se radicó en París en 1963, donde desde entonces vive. Realizó un mural para la Radio Teledifusora Francesa en 1972. Se incorporó en 1983 al movimiento internacional Madi. Participó en todas las exposiciones del movimiento Madi en varios países europeos. Expuso en las principales galerías, tales como zodíaco (Madrid, 1978), Simona Bidet (Tolouse, 1979), Galería 96 (París, 1984), Galería de Arte Struktura (Milán, 1994), Von Bartha Vale (Basel, Suiza, 1994), Galería de Arte Struktura (Alburquerque, USA), Claude Dorsal (París, 1996), Convergentes (Nantes, 1998), Exposición Inaugural del Museo Madi (Sobral, CE Durban Segnini Gallery, Miami, USA, 2005)”.







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