Atentado en Bangkok deja 19 muertos. Había cuerpos por todos lados, dicen los testimonios

“Aquí venimos a gastar, no a recoger cadáveres”, dice una joven conmocionada.
La Policía despliega decenas de perros especializados en detectar bombas.
El cartel que cuelga del puente por donde discurre el metro elevado parece ahora una ironía trágica: “Bienvenido a la increíble Tailandia”, se lee.
Hasta las 18:55 quizás esa habría sido la imagen asociada a la intersección de Rajprasong. El céntrico cruce lleva años siendo un enclave donde a diario se entremezclan los ritos religiosos y las danzas folklóricas tailandesas que se organizaban en el templo de Erawan con el despliegue de sofisticación y furor consumista al que se podía asistir en ingentes recintos comerciales como Central World.
Ayun Sommartaya no puede asumir lo ocurrido. La joven tailandesa también vincula el nombre de Rajprasong al lujo de complejos como Central World o Gaysom. “Aquí venimos a gastar no a recoger cadáveres”, precisa aún bajo la conmoción.
El estremecedor espectáculo que se puede apreciar en Rajprasong ciertamente no sería extraño en capitales tan atribuladas como Bagdad. Dos cadáveres permanecen tirados sobre el asfalto. Cubiertos con sábanas.
La carretera se encuentra jalonada de charcos de sangre y hojas papel. “Son para cubrir los trozos de cuerpos”, explicó un Policía.
Según el teniente Suparat Meeprech, portavoz de la Policía Turística, se trató de un ataque destinado a causar una “carnicería”. “La bomba explotó cuando un grupo de turistas chinos se encontraba dentro del altar (de Erawan). Los destrozó”, dijo.
La jornada más trágica desde 2010
La onda expansiva destrozó decenas de vidrieras de los edificios y arrancó -como si fuera plástico maleable- la sólida verja que rodea el mausoleo.
Bangkok, la capital tailandesa, asiste a su jornada más trágica desde los enfrentamientos que sufrió en el 2010.El atentado de hoy ha dejado al menos 19 muertos y decenas de heridos tras la explosión en el templo de Erawan, un enclave particularmente visitado tanto por turistas como por feligreses locales. La mayoría de las víctimas eran tailandeses pero también había dos chinos y un filipino.
“De repente todo estaba lleno de cadáveres y trozos de carne. Es lo más terrible que he visto nunca. Parecía Siria”, precisó uno de los socorristas del Hospital General de la Policía, que se encuentra ubicado a metros del suceso.
La cercanía del habitáculo permitió evacuar de forma apresurada a las decenas de heridos. Muchos de ellos en sillas de ruedas.
“Era como un mercado de carne. Había cuerpos por todas partes. Algunos en pedazos. Las piernas estaban donde se suponía que tenía que estar la cabeza. Era horroroso”, le secundó Marko Cunningham, un paramédico del servicio de ambulancias local, en declaraciones a la agencia Reuters.
Otros dos artilugios
Aunque en un principio la policía afirmó que se trataba de una moto-bomba, más tarde indicaron que el artefacto había sido confeccionado con un tubo metálico repleto de dinamita. Los agentes añadieron que habían descubierto otros dos artilugios que no llegaron a estallar en el mismo emplazamiento.
La zona ya había sido el objetivo de otro pequeño atentado en febrero pasado con otra bomba artesanal, que causó un solo herido. Sin embargo, en aquella ocasión el general Prawut Thawornsiri, un portavoz de la Policía, reconoció que el atentado “no pretendía matar” a nadie sino “crear pánico”.
El nuevo ataque ha conseguido generalizar la psicosis. Las fuerzas de seguridad desplegaron a decenas de perros especializados en detectar bombas y artificieros que se dedicaron a patrullar por los hoteles y recintos comerciales del entorno en medio de repetidas falsas alarmas.