Aún no pude superar haber dejado de correr

Hoy es policía de tránsito, aunque cumple tareas de custodia en un depósito municipal de motos y autos incautados por infracciones ubicado en el barrio la Aguada, casi enfrente de la Torre de Antel (empresa pública de telefonía). Luego de sus ocho horas diarias en dicho lugar cumple tareas como guardia de seguridad en un almacén en la Curva de Maroñas. Vive en el barrio Malvín Norte, en elmiguel direnna (4) conocido complejo de viviendas Euskal Erría. A pasos de ahí se desempeña como orientador técnico de la generación 2005 del Club Malvín Alto Baby Fútbol.  Nació en el barrio Lazareto y vivió su infancia también en el Cerro. En su adolescencia se trasladó a la capital del país, de donde retornó por unos años a Salto, para volver a irse y afincarse con su familia. Con sus 34 años Miguel Ángel Direnna Sattler recibió a EL PUEBLO gentilmente. Este salteño hace una década ganó «Rutas de América» y ocupó el podio varias veces tanto en dicha competencia internacional como en la «Vuelta Ciclista del Uruguay». Un domingo por la mañana nos encontramos y, mate de por medio de mano en mano, discurrimos sobre el recuerdo de su historia, desde el barrio Lazareto, el Cerro, su primera bici, su venida a Montevideo, sus afectos, y su trayectoria deportiva.

ENTRE LAZARETO Y EL CERRO
Hizo Primaria «en la Escuela 4, Juan Zorrilla de San Martín» (enfrente a Jefatura y a la Plaza «33») y hasta segundo de Secundaria «en el liceo Piloto del Cerro». Nació en barrio Lazareto, «en calle Cervantes, cerca del Club Lazareto. Ahí viví muchos años, después (como a los 7 años) me fui para el Cerro, donde transcurrió mi vida, en una casa ubicada a pocas cuadras del Cuartel por calle Osimani». Su venida a Montevideo, en la adolescencia, no le fue fácil: «extrañaba como loco, la gente era diferente, tenía miedo de salir a entrenar en la calle, fue muy sacrificado».
VENDÍ LA BMX
«Tuve la suerte de hacer carrera en el ciclismo. Ingresé a ese mundo por medio de un tío, el Pocho Suárez, que trabajaba en la Intendencia de Salto. Él era el que daba los permisos para hacer los circuitos  de las carreras de ciclismo en distintas zonas de la ciudad. Fue así que me preguntó si no me gustaría correr en bicicleta. Yo tenía 11 años, me entusiasmé, vendí la «BMX» y me compré una bici de «media carrera», bien común», nos relata Miguel.
«Me había entusiasmado, empecé a entrenar, corría. Empecé a hacer amigos». Recordó, de aquella época, a los «hermanos Romero». El primer año fue «muy sacrificado en cuanto al rendimiento porque entrenaba a «lo Dios que es grande», a veces se olvida de las carreras y «me iba a pescar».
Desde el primer día «hubo algo que me llevó a perseverar. Hubo algo interno que me decía que iba a llegar alto. El segundo año que corrí iba mejor, llegaba con todos, me metía tercero, cuarto o quinto. Al tercer año ya empecé a ganar algunas carreras. Y hasta que dejé de correr siempre fue un camino en ascenso, gracias a Dios».
TRAYECTORIA
Miguel fue ganador de «Rutas de América» en 2003, ocupó el segundo lugar en 2004 y 2005. En 2004 salió tercero en la «Vuelta Ciclista del Uruguay». En 2006 se fue a competir en Brasil. Se lo considera un especialista en la modalidad de «contrarreloj individual». Integró el Club Nacional, Amanecer, Fénix, Villa Teresa, Cruz del Sur, Peñarol, Alas Rojas, Policial, Avaí (de Florianópolis en Brasil) y el Salus Supermercado (también de Brasil).
A LOS 14 A MONTEVIDEO
Nuestro entrevistado se trasladó a Montevideo cuando tenía 14 años. «Llegué directo a correr en el Club Nacional, a un nivel más exigente. Al comienzo me costó un poco la manera de correr, los nuevos compañeros, pero me adapté». Con 17 años se fue a correr «al  (Club Ciclista Social y Deportivo) Amanecer. Fue una época buena aunque no figuré en los primeros lugares pero empecé a correr en primera categoría». Recordó los ciclistas con los que compitió desde joven: «me choqué con Gustavo Figueredo, Federico Moreira, Sergio Tesitore, Milton Wynants, Gregorio Bare y muchos más valores que ganaron en todas partes del mundo y de renombre. En el Amanecer éramos todos juveniles y en ese tiempo surgió la participación en Venezuela, donde «anduvimos bastante bien». Con 18 años corrí «las primeras Rutas y Vueltas y fuimos revelación junto con Carlos Oviedo, otro ciclista salteño (ya fallecido)».
ENTRENAR Y ENTRENAR
«Me consideraba internamente que no era un ciclista del montón, por eso nunca abandoné. El momento en donde me di cuenta de que estaba para cosas mayores fue cuando me fui del Club Ciclista Fénix. En ese tiempo fui pieza fundamental del argentino Quiroga, le daba la bici en los peores momentos. Y para estar ahí con él tenía que estar a la par. Al final me fui al Policial en donde me empezó a entrenar Juan José Timón, que fue técnico de la selección y de grandes ciclistas. Desde esa vez me cambió la mentalidad para entrenar, más duro, con cosas que la mayoría no las hacía. Ese fue el momento en el que yo de pasar a perder por 7 minutos en una «crono» (contrarreloj) al otro año perdí por 1 minuto». «Empecé a mejorar, seguí entrenando, me fui al Alas Rojas donde tuve la suerte de estar con Javier Gómez, un argentino, con quien aprendí muchísimo. Fui a correr a Argentina. Ahí considero que evolucioné de manera más acelerada y empecé a rozar los primeros puestos con la gente de primera categoría».
¿Qué significó ganar Rutas de América en 2003?
«Fue muy especial por el momento en el que estaba. Me había ido a correr a Peñarol, cuando se armó el equipo con Federico (Moreira) en la temporada 2001 – 2002. Peñarol nos quiso retener pero al final fue todo política por las elecciones, luego prácticamente nos corrieron y quedamos todos en la calle ya con la temporada arrancada.  Yo pasé casi todo el año corriendo solo. Me bancaba todo de mi bolsillo. La poca plata que había juntado en las carreras me la empecé a comer, porque no tenía de donde sacar. Ese año Javier Gómez y Bustamante me invitan a correr la Vuelta de la Provincia de Buenos Aires, en Argentina. Quedé cuarto y a la vuelta me enlisté en el Villa Teresa a un mes de las Rutas. Fuimos a correr la Vuelta Chaná (en Soriano), donde hicimos podio con Javier Gómez. Se largan las Rutas de América, quedo quinto en el Prólogo. La etapa Durazno – Mercedes hubo una fuga grande en donde se fueron unos 5 y yo me fui con ellos. Sacamos más de un minuto. Al otro día gané la crono».
¿Te dejó muchos amigos el ciclismo?
«Gracias a Dios solo te puedo hablar de cosas buenas que me dejó el ciclismo: muchos amigos hasta el día de hoy. Igual te digo que desde que dejé de correr no miro  ni escucho ciclismo. Ni me he arrimado a alguna carrera desde que dejé en 2008″.
¿Cómo decidiste dejar de correr?
Estaba corriendo en el club «Sales Supermercado» de Belo Horizonte (Brasil). Fue un año muy positivo en competencias de alto nivel. Me fui a un equipo más grande en Vitoria, Espíritu Santo (cerca de Río de Janeiro) que al final quedó sin patrocinio y dejó de competir. Extrañaba como loco (a mis gurises, mi casa, mi mujer) por eso decidí volver a correr acá. Tuve la mala suerte de caer en «Rutas» y me quebré la cadera. Fue una época difícil para mi vida. Solo trabajaba mi mujer y estuve parado, sin entrenar, como dos meses. Gracias a la operación del doctor Del Campo (uno de los mejores traumatólogos del país) a los 15 días andaba en la bici de nuevo. Hubo un amigo (el petiso Luis) que fue el único que me traía un surtido a casa y me permitió trabajar con él en el reparto de artículos de limpieza tres veces por semana. Luego empecé a trabajar en el service de Panavox, en la construcción, y volví a correr para el Amanecer. Pero se hacía cuesta arriba por el esfuerzo. A todas esas contras se suma que pasaba poco tiempo en casa, con tres gurises, y ya no valió la pena. Por eso decidí colgar la bicicleta».
¿Fue complicada la decisión?
«Sí. Hasta el día de hoy no lo puedo superar. Tengo ganas de volver a correr. Tengo amigos que me dan manija para que vuelva. El ciclismo es una parte muy importante en mi vida. Yo conseguí muchas cosas y conocí mucha gente por el ciclismo. Y estoy donde estoy gracias a eso. Si no hubiese corrido en bicicleta no hubiese conseguido los trabajos que tuve, no me hubiera comprado mi casa, entre otras cosas».
SUS HIJOS Y EL BABY FÚTBOL
Tiene tres hijos, Santiago (5), Sebastián (8) y Camila (11). «Ellos son mi mundo» nos dice orgulloso. «Por el ciclismo pasaron cumpleaños de mis hijos en donde no estuve. Desde Brasil  llamaba por teléfono y lloraba como loco y eso me partía al medio». Sus hijos varones integran el equipo de baby fútbol del barrio, el «Malvín Alto». Es un club muy cálido y con un ambiente muy sano. Un día faltó el ayudante técnico y me pidieron que colaborara». Hace 5 años que está en esa tarea, hizo el curso de técnico y este año es técnico de la categoría 2009, en la que participa su hijo menor. «Todos los días uno aprende con los niños. Uno orienta, y es mucho más que jugar al futbol», nos dice con entusiasmo.
POLICÍA
Su actual tarea de Policía la realiza no por motivos económicos («ganaba más en mi anterior trabajo»). Tíos y primos han sido policías y «es algo que siempre de chico me gustó. Después nunca se había dado. Hace un tiempo me surgió la posibilidad y hace tres años que estoy trabajando. Es algo que me gusta hacerlo». Pertenece al cuerpo de Policía de Tránsito y trabaja de efectivo  en el depósito de vehículos incautados.
SER SALTEÑO
Se emociona al recordar su época en Salto. «Soy salteño y la tierra te tira» nos dice al momento de relatarnos encuentros fortuitos con gente de Salto en Montevideo. Esa circunstancia le imprimía algo especial a los momentos en que con el ciclismo llegaba al departamento. Recordó etapas en las que ocupó el podio en nuestra ciudad en distintas competencias. «Recuerdo un momento en el que me colocan la medalla de oro en Salto y mi tío Julio lloraba de emoción. Esas cosas me ponen la piel de gallina».

ENTRE LAZARETO Y EL CERRO

Hizo Primaria «en la Escuela 4, Juan Zorrilla de San Martín» (enfrente a Jefatura y a la Plaza «33») y hasta segundo de Secundaria «en el liceo Piloto del Cerro». Nació en barrio Lazareto, «en calle Cervantes, cerca del Club Lazareto. Ahí viví muchos años, después (como a los 7 años) me fui para el Cerro, donde transcurrió mi vida, en una casa ubicada a pocas cuadras del Cuartel por calle Osimani». Su venida a Montevideo, en la adolescencia, no le fue fácil: «extrañaba como loco, la gente era diferente, tenía miedo de salir a entrenar en la calle, fue muy sacrificado».

VENDÍ LA BMX

«Tuve la suerte de hacer carrera en el ciclismo. Ingresé a ese mundo por medio de un tío, el Pocho Suárez, que trabajaba en la Intendencia de Salto. Él era el que daba los permisos para hacer los circuitos  de las carreras de ciclismo en distintas zonas de la ciudad. Fue así que me preguntó si no me gustaría correr en bicicleta. Yo tenía 11 años, me entusiasmé, vendí la «BMX» y me compré una bici de «media carrera», bien común», nos relata Miguel.

«Me había entusiasmado, empecé a entrenar, corría. Empecé a hacer amigos». Recordó, de aquella época, a los «hermanos Romero». El primer año fue «muy sacrificado en cuanto al rendimiento porque entrenaba a «lo Dios que es grande», a veces se olvida de las carreras y «me iba a pescar».

Desde el primer día «hubo algo que me llevó a perseverar. Hubo algo interno que me decía que iba a llegar alto. El segundo año que corrí iba mejor, llegaba con todos, me metía tercero, cuarto o quinto. Al tercer año ya empecé a ganar algunas carreras. Y hasta que dejé de correr siempre fue un camino en ascenso, gracias a Dios».

TRAYECTORIA

Miguel fue ganador de «Rutas de América» en 2003, ocupó el segundo lugar en 2004 y 2005. En 2004 salió tercero en la «Vuelta Ciclista del Uruguay». En 2006 se fue a competir en Brasil. Se lo considera un especialista en la modalidad de «contrarreloj individual». Integró el Club Nacional, Amanecer, Fénix, Villa Teresa, Cruz del Sur, Peñarol, Alas Rojas, Policial, Avaí (de Florianópolis en Brasil) y el Salus Supermercado (también de Brasil).

A LOS 14 A MONTEVIDEO

Nuestro entrevistado se trasladó a Montevideo cuando tenía 14 años. «Llegué directo a correr en el Club Nacional, a un nivel más exigente. Al comienzo me costó un poco la manera de correr, los nuevos compañeros, pero me adapté». Con 17 años se fue a correr «al  (Club Ciclista Social y Deportivo) Amanecer. Fue una época buena aunque no figuré en los primeros lugares pero empecé a correr en primera categoría». Recordó los ciclistas con los que compitió desde joven: «me choqué con Gustavo Figueredo, Federico Moreira, Sergio Tesitore, Milton Wynants, Gregorio Bare y muchos más valores que ganaron en todas partes del mundo y de renombre. En el Amanecer éramos todos juveniles y en ese tiempo surgió la participación en Venezuela, donde «anduvimos bastante bien». Con 18 años corrí «las primeras Rutas y Vueltas y fuimos revelación junto con Carlos Oviedo, otro ciclista salteño (ya fallecido)».

ENTRENAR Y ENTRENAR

«Me consideraba internamente que no era un ciclista del montón, por eso nunca abandoné. El momento en donde me di cuenta de que estaba para cosas mayores fue cuando me fui del Club Ciclista Fénix. En ese tiempo fui pieza fundamental del argentino Quiroga, le daba la bici en los peores momentos. Y para estar ahí con él tenía que estar a la par. Al final me fui al Policial en donde me empezó a entrenar Juan José Timón, que fue técnico de la selección y de grandes ciclistas. Desde esa vez me cambió la mentalidad para entrenar, más duro, con cosas que la mayoría no las hacía. Ese fue el momento en el que yo de pasar a perder por 7 minutos en una «crono» (contrarreloj) al otro año perdí por 1 minuto». «Empecé a mejorar, seguí entrenando, me fui al Alas Rojas donde tuve la suerte de estar con Javier Gómez, un argentino, con quien aprendí muchísimo. Fui a correr a Argentina. Ahí considero que evolucioné de manera más acelerada y empecé a rozar los primeros puestos con la gente de primera categoría».

¿Qué significó ganar Rutas de América en 2003?

«Fue muy especial por el momento en el que estaba. Me había ido a correr a Peñarol, cuando se armó el equipo con Federico (Moreira) en la temporada 2001 – 2002. Peñarol nos quiso retener pero al final fue todo política por las elecciones, luego prácticamente nos corrieron y quedamos todos en la calle ya con la temporada arrancada.  Yo pasé casi todo el año corriendo solo. Me bancaba todo de mi bolsillo. La poca plata que había juntado en las carreras me la empecé a comer, porque no tenía de donde sacar. Ese año Javier Gómez y Bustamante me invitan a correr la Vuelta de la Provincia de Buenos Aires, en Argentina. Quedé cuarto y a la vuelta me enlisté en el Villa Teresa a un mes de las Rutas. Fuimos a correr la Vuelta Chaná (en Soriano), donde hicimos podio con Javier Gómez. Se largan las Rutas de América, quedo quinto en el Prólogo. La etapa Durazno – Mercedes hubo una fuga grande en donde se fueron unos 5 y yo me fui con ellos. Sacamos más de un minuto. Al otro día gané la crono».

¿Te dejó muchos amigos el ciclismo?

«Gracias a Dios solo te puedo hablar de cosas buenas que me dejó el ciclismo: muchos amigos hasta el día de hoy. Igual te digo que desde que dejé de correr no miro  ni escucho ciclismo. Ni me he arrimado a alguna carrera desde que dejé en 2008″.

¿Cómo decidiste dejar de correr?

Estaba corriendo en el club «Sales Supermercado» de Belo Horizonte (Brasil). Fue un año muy positivo en competencias de alto nivel. Me fui a un equipo más grande en Vitoria, Espíritu Santo (cerca de Río de Janeiro) que al final quedó sin patrocinio y dejó de competir. Extrañaba como loco (a mis gurises, mi casa, mi mujer) por eso decidí volver a correr acá. Tuve la mala suerte de caer en «Rutas» y me quebré la cadera. Fue una época difícil para mi vida. Solo trabajaba mi mujer y estuve parado, sin entrenar, como dos meses. Gracias a la operación del doctor Del Campo (uno de los mejores traumatólogos del país) a los 15 días andaba en la bici de nuevo. Hubo un amigo (el petiso Luis) que fue el único que me traía un surtido a casa y me permitió trabajar con él en el reparto de artículos de limpieza tres veces por semana. Luego empecé a trabajar en el service de Panavox, en la construcción, y volví a correr para el Amanecer. Pero se hacía cuesta arriba por el esfuerzo. A todas esas contras se suma que pasaba poco tiempo en casa, con tres gurises, y ya no valió la pena. Por eso decidí colgar la bicicleta».

¿Fue complicada la decisión?

«Sí. Hasta el día de hoy no lo puedo superar. Tengo ganas de volver a correr. Tengo amigos que me dan manija para que vuelva. El ciclismo es una parte muy importante en mi vida. Yo conseguí muchas cosas y conocí mucha gente por el ciclismo. Y estoy donde estoy gracias a eso. Si no hubiese corrido en bicicleta no hubiese conseguido los trabajos que tuve, no me hubiera comprado mi casa, entre otras cosas».

SUS HIJOS Y EL BABY FÚTBOL

Tiene tres hijos, Santiago (5), Sebastián (8) y Camila (11). «Ellos son mi mundo» nos dice orgulloso. «Por el ciclismo pasaron cumpleaños de mis hijos en donde no estuve. Desde Brasil  llamaba por teléfono y lloraba como loco y eso me partía al medio». Sus hijos varones integran el equipo de baby fútbol del barrio, el «Malvín Alto». Es un club muy cálido y con un ambiente muy sano. Un día faltó el ayudante técnico y me pidieron que colaborara». Hace 5 años que está en esa tarea, hizo el curso de técnico y este año es técnico de la categoría 2009, en la que participa su hijo menor. «Todos los días uno aprende con los niños. Uno orienta, y es mucho más que jugar al futbol», nos dice con entusiasmo.

POLICÍA

Su actual tarea de Policía la realiza no por motivos económicos («ganaba más en mi anterior trabajo»). Tíos y primos han sido policías y «es algo que siempre de chico me gustó. Después nunca se había dado. Hace un tiempo me surgió la posibilidad y hace tres años que estoy trabajando. Es algo que me gusta hacerlo». Pertenece al cuerpo de Policía de Tránsito y trabaja de efectivo  en el depósito de vehículos incautados.

SER SALTEÑO

Se emociona al recordar su época en Salto. «Soy salteño y la tierra te tira» nos dice al momento de relatarnos encuentros fortuitos con gente de Salto en Montevideo. Esa circunstancia le imprimía algo especial a los momentos en que con el ciclismo llegaba al departamento. Recordó etapas en las que ocupó el podio en nuestra ciudad en distintas competencias. «Recuerdo un momento en el que me colocan la medalla de oro en Salto y mi tío Julio lloraba de emoción. Esas cosas me ponen la piel de gallina».