Chejov: del humorismo a la agonía y la esperanza

Chejov, un alegre melancólico», así definió Koronenko al gran escritor que se constituyó en uno de los últimos escritores clásicos rusos.

Nacido en 1860, en Taganrov (Crimea), se pueden advertir tres etapas, aunque desiguales en duración, en su proceso de creador literario, y que están de acuerdo con sus conceptos sobre temas fundamentales: el sentido de la vida, de la muerte, del sufrimiento, la eternidad del alma, el bien y el mal.

Sus primeros pasos están vinculados a la Revista Humorística Strekoza (Ninfa) en la que colabora con breves narraciones de humor, entre ellas su primera novela humorística «Una carta al vecino letrado» (1880).

Posteriormente, durante cinco años trabaja para otra revista, «Oskolki» (Astilla), que le publica textos cortos para caricaturas, chistes, y una columna entre satírica y costumbrista sobre la vida de todos los días.

Afortunadamente, tuvo en el escritor Grigorovich, un amigo de «buena vista», que descubrió en  él  condiciones para producir cosas mejores, y le aconsejó abandonar aquellas fruslerías literarias. El consejo lo decidió a intentar algo de mayor envergadura.

Por esos años -1884-1886- alternó la producción narrativa con la dramática. Su primer drama importante fue Ivanov.  Y casi enseguida, su novela «La Estepa».

Es en esta época en que su creación va dejando atrás el humorismo inicial y a lo sumo satiriza las miserias humanas, mientras su concepción de la vida se tiñe de pesimismo.

Y es en «La Estepa» precisamente donde el escritor descubre la dignidad humana debajo de las máscaras de sus personajes, y considera una actitud indigna satirizar sus miserias.

Si antes estaba convencido de que la burla podía ser un instrumento para corregir los defectos de los hombres, en esta segunda etapa siente un vacío interior, considera inútil su oficio de escritor: «Representamos la vida tal como es, y después…nada», expresa, aludiendo a su convicción de que el mundo es así, y lo seguirá siendo a pesar de todo.

Es en este tiempo de marcado pesimismo, que da algunas de mejores obras: sus cuentos más logrados: «La sala número seis» y «Relato para un desconocido»; las piezas teatrales «La Gaviota», «El canto del cisne» y «El tío Vania».

Es la época de su encuentro con el músico Tchaikowski, a quien le dedicó su segundo libro de narraciones, «Los hombres aburridos».

Pero en sus últimos años superaría esa forma de ver y de pensar que «los artistas que escriben deben confesar que en este mundo todo es incomprensible»

Las teorías de Darwin le convencerán de la evolución de la vida y de la humanidad. Se percatará de que el camino de la humanidad hacia la superación de sus problemas es largo, y largo el camino que conduce a Dios. El ser humano avanza constantemente, y aunque todavía no ha llegado al final, está muy lejos ya del principio. Es necesario creer más en la humanidad que en sí mismo. Advierte que el error es mirar la realidad, aislada del contexto histórico. Y se reconcilió con su vocación de escritor. Crear personajes convencidos de que llegaría el día en que la vida sería digna de ser vivida.

El magistral cuento «La Sala Número 6″ es un buena demostración de esa evolución. Chejov se reflejó en dos personajes: el doctor Ragin, al principio escéptico y pesimista, y en el paciente «loco» Gromov, capaz de los más altos ideales y esperanzado en un futuro mejor, que termina modificando el pensamiento de su médico. El tema de locura y la cordura, tiene aquí antecedentes en Erasmo y sobre todo en Cervantes. Algo hace recordar el famoso pasaje de la aventura de los leones y el discurso de Don Quijote al Caballero del Verde Gabán.

En el cuento de Chejov, la muerte de Ragín anterior a la de su antiguo paciente, es todo un símbolo del triunfo de la fe en la humanidad sobre el escepticismo y la desesperanza.

Aunque por sus temas, Chejov tiene alguna vinculación con Dostoievski, Turgueniev y Tolstoi, sin embargo, se aleja de ellos por su estilo. Estos, caracterizaban a sus personajes mediante extensas descripciones, sin olvidar los antecedentes de sus vidas. Chejov se concentra en la acción y elimina todo aquello que no tiene relación inmediata con ella. Se limita al personaje y su situación, y este laconismo será propio tanto de su narrativa como de su teatro. Aplicó sin concesiones a su obra, el concepto de que «la brevedad es hermana del genio». Y en esta concisión  están presentes los ambientes exteriores de sus personajes, sus estados anímicos a través de gestos, palabras y acciones, y hasta la propia realidad rusa de su tiempo.