Con Amado Dubarry: “Los concursos generan una gran responsabilidad”

Hoy por: Jorge Pignataro

7En los últimos meses, el salteño Amado Dubarry ha obtenido importantes reconocimientos en concursos literarios tanto del Uruguay como fuera del país. Du-barry concurre al Taller Literario Horacio Quiroga, dependiente de la Intendencia de Salto, y en los últimos tiempos viene trabajando con intensidad el relato breve, ejercicio para nada fácil teniendo en cuenta la precisión que el mismo requiere. Justamente en “microrrelatos” es que se ha destacado últimamente, tanto en el concurso organizado por Antel como en el que organiza la fundación Camilo José Cela de España. En el primer caso, logró que uno de sus trabajos quedara seleccionado entre los diez primeros y otros dos dentro de los primeros cien, entre alrededor de diecisiete mil cuentos presentados. En el segundo caso, si bien no obtuvo premio de parte del jurado que actuó en la etapa final del concurso, sí pasó una primera preselección, además de una segunda instancia en que su cuento fue votado por ciento doce usuarios de la web.

En diálogo con EL PUEBLO, Dubarry reflexionó sobre la importancia de los concursos literarios y otras cuestiones vinculadas a la labor de un escritor.

Después de ser reconocido, “el margen de error es menor”

Acerca de la importancia que le asigna a participar en concursos literarios y obtener algún reconocimiento, dice Dubarry: “Los concursos generan una gran responsabilidad porque después que se obtiene algún premio o alguna mención en un concurso, por más chico que sea, la gente ya lee con otra expectativa lo que uno escribe y por supuesto que la exigencia es mayor, el margen de error es menor y por más que uno pueda seguir equivocándose ya tiene que hacerlo con mucha cautela”.

¿Qué características tenía el concurso de Antel?

El concurso de Antel es “Te cuento que”, que está desde hace dos o tres años, y se hace por mensaje de texto en el celular. El máximo es 160 caracteres y hay que poner allí un cuento armado, que tenga su presentación, su desarrollo y su final. Es un ejercicio interesante porque exige el máximo de síntesis. Y la noticia buena es que entre diecisiete mil y algo de cuentos, tres cuentos anduvieron entre los cien seleccionados. Eso implica una publicación en una antología que hace Antel este año y eso es un tremendo orgullo, porque diecisiete mil cuentos no es poca cosa.

Y el de España también pedía microrrelatos, aunque tengo entendido que no de forma tan acotada…

Claro, eran doscientos cincuenta palabras como máximo. La condición era que el cuento empezara con una frase del Premio Nóbel aragonés (Camilo J. Cela) de su novela más célebre, La Colmena, y después en base a eso hilvanar un cuento de doscientos cincuenta palabras, que es una media carilla, ahí uno ya tiene un poquito más de cintura. Se hizo una pequeña preselección donde se exigía que los textos no fueran ofensivos, que mantuvieran cierta prolijidad semántica y que no tuvieran faltas ortográficas. No es mucho pero tampoco es poco, porque hay que dominar algunas cositas. Son ejercicios interesantísimos porque exigen síntesis sin perder calidad y son herramientas para composiciones mayores que ojalá algún día lleguen.

“Fueron muchos años de escribir sin máquina y sin lápiz”

Reflexionando sobre la importancia que tiene la lectura en alguien que escribe o aspira a escribir, decía Dubarry: “¡Cómo forma la lectura, pero la lectura de toda la vida! Uno parece que lee y cayó en un tacho vacío… pero allá un día estás escribiendo y te surge algo leído. Parece que la mente va seleccionando cosas que después va a utilizar. Yo a veces pienso que empecé un poco tarde a escribir, pero no hay mal que por bien no venga, porque como dice Leonardo (Garet), fueron muchos años de escribir sin máquina y sin lápiz. Porque te das cuenta que desde gurí estabas escribiendo sin máquina y sin lápiz”.

¿Qué características piensa que debe tener un narrador?

Ser un muy buen lector en primer lugar. Pero lector de toda una vida, no empezar a leer hoy para escribir mañana. Yo me acuerdo que muchas veces me acostaba a leer el diccionario, entonces uno va asimilando, ampliando el lenguaje. Observar mucho, tratar de pulir cada frase… y exigirse mucho, yo insisto con el trabajo, con pulir, con ponerse del lado del lector y pensar si le gustará o si le parecerá una grosería…es todo un tema pero es apasionante.

“La meta por ahora es ir perfeccionando cada vez más”

Ante la pregunta de qué significa escribir en su vida, responde que “es un poco de todo…, un pasatiempo antes que nada, una forma de buscar expresar cosas. Yo había hecho pintura antes pero lleva mucho espacio físico, hay que tener lugar…en cambio la escritura se puede hacer más arrinconado. Pienso que más que nada es un pasatiempo, ojalá que algún día reporte algún beneficio, que se pueda escribir más cómodo, pero no es la meta tampoco. La meta por ahora es ir perfeccionando cada vez más, aprendiendo de continuo, hay muchísimo para aprender.

Asistir al taller literario “fue un salto significativo”

Durante todo el año 2011, Amado Dubarry asistió al Taller Literario Municipal “Horacio Quiroga”, orientado por el profesor Garet. Sostiene que desde entonces comenzó otra etapa, otra forma de concebir la literatura: “Fue un salto significativo. Te voy a hacer una confesión: los primeros seis meses en el taller fueron los peores meses intelectualmente que pasé, no sabía si largar todo…Se me dio vuelta la cabeza con una cantidad de cosas, pero después, razonándolas todas y viendo como cada cosa se ensamblaba con otra, terminé asimilando y por suerte a fin de año se dieron buenos resultados. Es notable la capacidad crítica que tiene Leonardo, ese poder de exigirte, de probarte a fondo, de no conformarse con lo superfluo sino exigir y exigir. No es fácil aguantar, me costó, pero se notó ese salto significativo y estoy eternamente agradecido.

Concretamente, ¿qué se va a hacer a un taller literario?

Acá se va a aprender a escribir. Se va a desmenuzar, a criticar, a trabajar con oraciones, con ideas, en fin…todo lo que hace a una escritura prolija, a aprender las técnicas de escribir y no andar, como dice el presidente, “tirando bolazos” por ahí.







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