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Con B. G. Recluida en I.N.R. por venta de drogas

En la Zona Este de nuestra ciudad, pegadita a la de chacras, vivía B, con su hijo de un año y su esposo.
Tuvo desde su infancia una forma de vivir particular y compleja. Tanto así que asegura estar recluida actualmente por tanta necesidad económica.
Con 21 años y su esposo de 38 también recluido, llega al INR el día 26 de abril de este año, por venta de drogas. Cargando con su hijo a cuestas.
“Todo lo que hice, lo hice por mi hijo”, comienza diciéndonos.
“Durante mi infancia vivía como una india.
Éramos mi padre y mis hermanos en un campo, afuera.B.G [1]
¿Tiene mamá?
Sí, pero mi mamá es una mamá rara, digamos.
Ella estuvo conmigo cuando yo iba a la escuela.
Nosotros siempre vivíamos con retazos, nunca tuvimos una ropa de marca, ni sabíamos lo que era un vaquero lindo.
Íbamos a la escuela de la zona y allí estuvimos hasta los siete años, porque falleció mi padre y nos quedamos solitos con mamá y mi hermano mayor.
¿Cuántos hermanos son?
Éramos nueve, pero ese hermano mayor que prácticamente quedó a cargo de nosotros con mamá, a la semana que falleció papá, falleció él.
Le dio apendicitis y cuando lo llevaron al doctor, ya se le había reventado el apéndice.
Allí quedamos solos con mamá y ella no se quiso hacer cargo de nosotros.
¿Cuál fue el motivo?
Mi mamá tenía una nueva pareja y el muchacho no quería que nosotros estuviéramos con ella.
Decía que éramos muchos.
Decidió entonces mamá que nos iba a llevar al hogar, pero mi hermana mayor por parte de padre, que tiene cuatro hijos, se impuso y dijo que ella se iba a hacer cargo, aunque fuéramos unos cuantos.
En total éramos doce en la casa de mi hermana.
Allí nos fuimos para el barrio Caballero. Y los vecinos comenzaron a complicar, que éramos muchos, que era mucho el griterío y el bochinche.
El barrio ya era complicado y como la casa era chiquita, nos fuimos todos para Río Negro, donde mi hermana alquiló una casa que era un lugar muy grande. Lo utilizaba gente que trabajaba en la naranja.
¿Cuándo decide trasladarse a Salto nuevamente?
Cuando tenía 16 años.
Se había empezado a complicar, porque mis hermanos también se hacían adolescentes. La más chiquita se vino con 3 años y la más grande con 20, haciéndose cargo de los otros más chicos.
Y así nos instalamos en Salto otra vez.
¿Tenían contacto con su mamá?
No. Es que ella no se quiso hacer cargo de nosotros. Nunca nos quiso. Nunca.
Prefirió al marido que a nosotros.
Por eso, no es que yo la odie, pero le tengo mucho rencor.
Si me hablo con ella, son dos palabras y ya está. Empezamos a discutir.
No entiendo cómo pudo pasar eso que ella dice, que no podía tenernos con ella.
No hay excusa. Como cualquier madre sola, si ella quiere, puede.
Por eso tengo mucho rencor.
Además lo que pasó con mi hermano cuando falleció, nosotros éramos chicos y no entendíamos nada, pero hoy sí.
Recuerdo, que nos acercábamos a mi hermano, mientras él estuvo acostado antes de ir al hospital, lo veíamos mal y le preguntábamos qué le pasaba.
El pobre no nos quería decir todo lo que le dolía, porque se daba cuenta que nosotros éramos chicos, no íbamos a entender y nos hacía salir, diciéndonos que fuéramos a jugar y sin embargo, estaba por morir.
El rencor más grande que tengo, es porque ella no estaba ahí.
Cuando fuimos a llamarla, ya que ella se había ido de casa con el nuevo marido, corriendo fuimos hasta la casa. Atravesando campos. Cuando llegamos de nuevo, que estuvimos todos, ya era tarde.
Llamaron la ambulancia, lo llevaron al hospital, pero se le había reventado el apéndice a mi hermano.
Le guardo mucho rencor, porque si mamá hubiese estado en ese momento, él se salvaba.
Estoy segura de que hubiera sido otro el desenlace.
¿Tenía amigos antes de llegar acá?
Tenía solo una compañera, pero en sí, yo misma no era de salir mucho.
Además siempre he vivido en lugares apartados de un barrio o la ciudad misma.
¿Consumió alguna vez droga?
No, nunca. Nada.
Y alcohol probé una vez cerveza, pero no me gustó.
Ni fumo siquiera. Mejor, por mi hijo que está conmigo acá.
¿Qué sucedió para que hoy se encuentre aquí?
Yo me encuentro hoy acá porque no hay trabajo, no hay nada.
Le dije al Juez cuando declaré: vos vas a la Intendencia, o al MIDES y tenés que hacer un curso para que te den algo.
Cuántas veces fui hasta el MIDES a pedir la tarjeta, que no tenía para comprar pañales y me dijeron que no. Que tenía que esperar no sé qué cosa, ir a la asistente social y no sé cuánto más.
Yo les quiero hacer entender que por algo voy.
Algunas van y le dan, y uno que está necesitando en verdad, no.
¿Cómo se relacionó con la droga?
Es la primera vez que estoy acá.
Lo entendía hasta ahí nomás. Porque mi marido me los hacía a los chasquis y yo los vendía. Él se iba siempre de la casa.
La gente que atestiguó fue siempre en mi contra y aunque mi marido también haya “caído”, es como que yo soy la culpable de todo.
A él nunca lo acusaron de venta.
Y yo se lo dije a la jueza: es verdad, porque él en ningún momento vendió, era yo.
¿Cómo “funcionaba” lo que hacían?
Mi marido me armaba los chasquis y se iba a trabajar, por ejemplo los domingos de mañana, se iba, porque trabajaba en un carrito cerca de casa y ganaba trescientos pesos. Mi hijo era chiquito.
Necesitaba pañales, yogur, leche y demás. Y la plata no daba. Aparte todo caro.
¿Cómo los distribuía?
En mi casa.
¿Era entonces su casa una boca de venta?
Sí, claro.
Todos iban a casa. Yo no salía a ningún lado.
¿Cómo la sorprende la Policía cando la arrestan?
Pasa todo muy rápido.
Nosotros estábamos durmiendo cuando ellos entraron.
¿Tenía algún indicio de denuncia contra usted?
No, pero la gente allá es toda envidiosa.
Porque si uno está mal, nadie hace nada por darte algo. A veces estaban mirando que mi hijo estaba con hambre y nunca fueron capaces de darme nada.
Pero siempre cuando uno avanza, que te comprás un vaquero, con esfuerzo o comés bien nomás, ellos ya, los mismos vecinos tienen envidia.
Yo recuerdo ese día y me juego la cabeza de que fue una vecina que estaba ahí en un momento de venta, que supuestamente tenía llamada anónima.
Los policías me dijeron que un vecino había llamado reiteradas veces.
¿Era usted consciente de que esto podía pasar?
Sí, yo era consciente. Sabía que esto podía pasar porque ya habían “caído” unas cuantas del barrio, pero nunca pensé que los mismos vecinos que supuestamente se daban de vecinos míos, iban a ser los que me iban a “quemar”.
Estoy segura de que fue una persona a tres casas siguientes a la mía.
Yo salía y les decía que no tenía nada adentro de mi casa.
Si mirás el expediente de mi causa, lo que la Policía sacó de adentro de mi casa fueron ciento treinta pesos.
Que yo me dormí esa noche pensando qué iba a hacer con ciento treinta pesos.
Porque no tenía nada más.
La plata que había, ya se había gastado en las cosas para comer y los pañales para mi hijo.
¿Cómo fue el momento de su captura?
Eran las ocho de la mañana y golpearon fuerte la puerta.
Lo despierto a mi marido, preguntándole qué era ese ruido y cuando él se fue a levantar, la Policía entró. Todos con armas y encapuchados, el nene al lado mío.
Un policía me habló y descubrió que ahí había un niño.
Fue cuando mi marido le dijo, “bajá el arma que está mi hijo acá”.
Pero él ya había visto todo. Después que me llevaron a mi, lo llevaron a casa de mi hermana a mi hijo y él le contaba todo a mi hermana.
Cuando me llevaron, un policía me dijo: “vamos” y yo le dije: “pero yo no tengo nada. Revisá, da vuelta toda mi casa patas arriba y vas a ver que no tengo nada”.
Pero me llevaron igual.
¿A partir de allí, qué pasa con su situación?
Me llevan hasta un salón enorme que hay antes de llegar a la Represa de Salto Grande y allí me dejaron toda la noche. Me querían hacer comer y no podía. Estaba muy nerviosa.
Fuimos al juzgado, al hospital, volvimos al mismo lugar donde estábamos y a la noche, dormí en un calabozo.
Al otro día fuimos al juzgado nuevamente y de allí me trajeron para el INR.
¿En algún momento se sintió presionada?
¡Claro!
Me asustaron con el nene, diciéndome que lo iban a llevar para el INAU de Montevideo. Que me lo iban a sacar y yo no lo iba a poder ver más.
Entonces a veces pienso, yo sí vendía.
Pero cuando me llevaron, yo no estaba vendiendo hacía ya dos meses.
Vendí a fines de diciembre y a principios de enero.
Porque ya habían “caído” unas cuantas bocas en esos días, entonces nosotros cortamos la venta.
Mi marido estaba buscando otra cosa, por otro lado.
Pero ta, en ese momento “caí” y me la banqué.
¿Cómo fue su estado anímico a partir de allí?
Hay veces que me llaman de “afuera” mis hermanas para decirme que me robaron en mi casa.
Yo me siento re mal.
No sé qué es lo que voy a hacer, porque estoy acá y no se qué hacer.
Porque no tengo muchas cosas tampoco, pero el día que salga yo quiero tener lo poco que tenía.
Que me llamen y me digan que me robaron, se me cae todo encima.
Pero, sobre lo otro, está todo bien, todo tranquilo.
Es como yo le dije a mi marido: lo que yo hice, lo hice por mi hijo. Me la banco.
Todo lo que tenga que aguantarme, me la banco.
Una, es que si yo no hacía eso, mi hijo se moría de hambre. Quién sabe qué sería de la vida de nosotros.
Y ahora acá, mal o bien estamos bien. Porque tenemos la comida. La verdura a veces no viene muy linda, pero viste que afuera se está peor.
Los pañales pare el nene me lo dan. No un paquete como yo usaba, pero me dan tres por día.
¿Cómo llegaba la droga a sus manos?
Yo nunca vi quién se la daba a mi marido.
Porque era él quien me la daba a mi.
A él lo llamaban o le escribían y él me decía: “Voy a ir a hacer un mandado y ya vengo”.
Cuando él llegaba a casa de vuelta, ya venía con “eso”.
Nunca vi de dónde la traía. Porque en sí, yo con mi marido tenía una relación de que él salía a cualquier hora, volvía a cualquier hora y yo nunca le dije nada.
Tanto los días de semana, como los fines de semana.
El tiene 38 años, yo 21, entonces la mentalidad mía es que viva y disfrute mientras pueda.
Y él hacía eso. A veces se iba a las siete de la noche y venía al otro día a las nueve de la mañana.
Comía se bañaba y se acostaba.
Porque aparte él me invitaba para ir a los bailes y yo no lo quería acompañar, porque tenía a mi hijo chiquito y no me gustaba dejarlo.
Pienso que tampoco lo voy a atar. Yo no soy una mujer de salir. Soy más de estar en mi casa con mi hijo, mirando tele o haciendo algo y él es mucho más fiestero.
Pero el a mi tampoco mucho me ataba.
Cuando a mi se me antojaba ir al centro con mi hijo, él nunca me hizo problemas.
Siempre tuvimos esa manera de tratarnos en los tres años y pico que lleva la relación.
¿Cómo es que surgía la distribución de la droga?
Yo lo único que hacía era cortarle la bolsita y dejársela ahí, que él la arme.
Cuando estaban armadas, él se iba de nuevo y yo las vendía.
¿Quiénes consumían?
Venia gente de todos lados a mi casa.
Eran gurisotes de veinte y pocos años.
¿De todas las veces que abrió la bolsita, nunca se le ocurrió probar la droga?
No.
Porque el humo nomás del cigarro me ahoga.
¡Y el olor que tenía eso, es insoportable!
¿Era pasta base?
Sí. Era de color amarillo, como una barrita de chocolate, amarilla.
¿Qué nombre tiene la barrita?
No lo sé.
Porque a mi cuando me llamaban, me preguntaban: “¿tenés chasqui o del otro?”. Que ahora no me acuerdo el nombre.
¿Qué significó para usted llegar al INR?
Yo tenía un concepto de que todas eran malas las reclusas.
Porque veía en la tele de que llegaba una y la agarraban a piñazos. Yo entré re asustada y pa´ mejor, “primaria”. No tenía idea de cómo era acá adentro.
Pero por suerte, acá estaba la Irene una muchacha re macanuda, que es la que cocina.
Y cuando llegué me presentó a todos, me dijo: “vas a dormir acá, te presto las sábanas” y me prestó ropa y todo.
Estuve dos días sin bañarme, para después llegar acá.
¿Tiene alguna actividad?
Ahora estoy de paquetera (ayudar con los paquetes que llegan), y ayudando en la cocina.
¿Ya está en su conocimiento la pena que deberá cumplir?
No lo sé, porque como dije, soy primaria, no tengo antecedentes, me dijeron que podría estar un año o meses.
Porque además cuenta el hecho de que yo me hice cargo.
Los que están peleando por mi libertad, que son mi cuñada con el abogado, es por un arresto domiciliario.
Porque el niño no puede estar acá. Es muy complicado para poder arreglarme con tres pañales. Es todo un problema la ropa para mi también.
Yo tengo solo una calza y un vaquero que está roto y ahora esta frío para usar esos vaqueros.
Si yo pido que me traigan una calza negra, no te dejan usar. Ahora nomás el frío que hace y tengo que andar con esta que es fina, porque no tengo más.
Pero no sé nada todavía cuánto tiempo tengo que estar.
¿Cómo lo define al INR?
Es bueno, por el lado de que ya me enteré de que hay lugares que son peores que acá.
Tenemos oportunidad de trabajar o estudiar.
Pero a su vez veo que desde que entré acá estoy pidiendo que me hagan un papel para que mi gente pueda cobrar la asignación del niño y está trancado eso.
Porque con esa plata yo puedo comprar lo que necesite para mi hijo.
Me dicen que no, que para eso tiene que estar él afuera, para darle otro tipo de atención.
Es que mi hijo no va a salir de acá. Si me lo llegan a sacar, yo me muero. (Se emociona).
Me dijeron que hasta los 4 años puede estar acá conmigo.
Pero esa plata, sería un gran apoyo para mí.
Pero ya los papeles llegaron a BPS y allí nos dijeron que yo había perdido todo, por el hecho de estar presa. Y que a mi cuñada no le podían pagar.
Lo que se podía hacer, era que yo le dé a mi hijo una tenencia provisoria y que él salga.
Ahí sí, cobraba.
Yo me pregunto a veces, ¿qué hago? Porque yo no tengo a nadie. A ni un familiar mío que me apoye y esa plata no puede irse, es plata de las criaturas, de todas las que están acá.
Lo mismo me pasa con la ropa de mi hijo. Ahora nomás no tiene nada. Todo lo que es joggings y buzos que está usando, le queda cortito.
¿Qué cambiaría de su situación?
El no estar acá.
Porque el día que yo me vaya y sale una plantada de pepinos, me voy a hacer lo que sea, pero a vender droga, no vendo nunca más.
¿Se siente arrepentida?
Sí. Totalmente.
Así sea que digan que es la única solución, no.
No, ya está.
¿Puede enviarle un mensaje a la sociedad?
Que no vayan a hacer lo que yo hice.
No es lindo.
Lo ven fácil, pero no es.
Hay veces que acá adentro tenemos que presenciar cosas, como sucedió con una de las internas, que deseaba suicidarse y yo parecía que moría de los nervios. Temblaba de ver todo eso.
Es una situación inolvidable, porque cerraba los ojos y parecía que la veía.
Tal vez, para quien no tiene nada que perder, ta…
Pero no lo recomiendo para nadie.
¿Cómo se imagina su salida de INR?
Muy complicada, porque tengo que empezar todo de cero.
Y volver a mi barrio… es como volver a un lugar desconocido”.