Con éxito se presentó “Aeroplanos”

Ante un público de ochenta o noventa personas, se presentó el martes en la noche, en el Aula Magna de la Regional Norte, la obra “Aeroplanos”. Se trata de una pieza teatral escrita en la década de los 90 por el argentino Carlos8 Gorostiza. La representación duró aproximadamente una hora y quince minutos.

“Aeroplanos” ya había sido presentada por el grupo Sintapujos en otras oportunidades. Haberla presenciado nuevamente nos llevó a repasar algunos apuntes ya escritos, revisar algunos conceptos y compartirlos ahora con los lectores de EL PUEBLO:

Conforman la obra sólo dos personajes, Paco y Cristóbal, representados por Oscar Bibbó y Carlos Blanc, respectivamente. Son dos amigos de edad ya avanzada, viudos, que recuerdan diferentes aspectos de sus vidas, y logran así un diálogo atrapante, entretenido, pero, sobre todo, con un contenido profundo y lleno de actualidad. Recuerdan, ríen, discuten, lloran. Y por momentos, se escucha el vals «Aeroplanos», con el que los personajes tienen un lazo afectivo muy especial y le da a la obra un acertado ambiente musical. La propuesta logra inmediatamente identificar al espectador con las vivencias de los propios personajes -en el caso de los más adultos- o con lo que éstos reflexionan acerca de otras generaciones.

El tono general es la nostalgia, entendida como el recuerdo con cierta tristeza de aquello que pasó y ya no se podrá recuperar; aunque «Aeroplanos» termina con un gran mensaje de esperanza que trata de decir «hay cosas que siempre se pueden recuperar». Existen también varios pasajes cargados de humor. Y también algunos donde el espectador es invadido por la tristeza, quizás porque reconoce determinadas situaciones como muy cercanas a sí mismo. Situaciones dolorosas como por ejemplo cuando Cristóbal le dice a su amigo que quiere ser el primero de los dos en morirse, para no tener que quedarse solo. O cuando el propio Cristóbal le informa que llegó el momento de quedarse totalmente solo porque su hija, su yerno y los nietos se van a vivir al exterior y piensan dejarlo en una casa de salud.

Esto último es ya casi al final de la obra y provoca una gran reacción de Paco, se rebela: «¿se van?, ¿te dejan solo?, ¿en una casa de salud?, no, no te pueden hacer esto!». Y es ese uno de los momentos más elevados de la obra, quizás sea el clímax del que hablan algunos teóricos, el momento de mayor tensión. Ese grito de rebeldía de Paco es también el grito de una generación, Paco encarna el pedido de compasión de una generación a otra. Sobre el final surge la idea de Paco -más optimista, más soñador-: «vámonos de viaje, vámonos a España». Después de dudar un poco, Cristóbal acepta.

Y ese viaje es todo un símbolo: símbolo de liberación, símbolo de ruptura de las cadenas de la rutina y del abatimiento propio de la tercera edad, símbolo de ruptura con la soledad, la quietud y la melancolía. El viaje será en «aeroplano». Los dos actores finalizan la obra con una posición del cuerpo -con los brazos extendidos- que imita a los «aeroplanos» o a los pájaros. Demás estaría decir que un aeroplano se parece  a un pájaro… y un pájaro es libertad. Un gran mensaje, entonces. Un canto a la vida. Porque hay cosas que siempre se está a tiempo de recuperar, porque como escribió Machado, «Hoy es siempre todavía».







Recepción de Avisos Clasificados