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Con… I.G. – Recluida en INR por venta de drogas.

I.G. es una madre de familia de 45 años de edad que se encuentra recluida en el Instituto Nacional de Rehabilitación desde hace siete meses. Por motivos que asegura no están claros, sosteniendo ella ser inocente.
Su numerosa familia está compuesta por ocho hijos. Dos de ellas, sus esposos junto a su propio esposo se encuentran también privados de libertad por motivos similares.
Logró cumplir un estudio primario y en su mente está presente el de la Informática, para lograr una fuente laboral, que está convencida de encontrar cuando deje la cárcel.
Su domicilio anterior es en Zona Este. Rozando el límite del cono urbano de nuestra ciudad con el cordón hortícola de Salto.
Narrando su historia desde el INR así comenzaba:I.G [1]
“Mi vida desde siempre ha sido muy dura y la relación con mis padres bastante dificultosa. Los dos tomaban bebidas hasta volverse alcohólicos.
A mi padre nunca le daba la plata porque él trabajaba en un horno de ladrillos, le traía el dinero a mamá y ella se lo gastaba todo en bebidas. Le gustaba mucho tomar.
Lo que teníamos que hacer nosotros los hijos para poder comer era salir a la calle y pedir casa por casa.
Fuimos creciendo con ese sistema y cuando llegamos a la adolescencia con 13 o 14 años quedé embarazada.
Con 15 años tenía ya a mi hija y allí tomé la decisión de irme de mi casa.
¿Cuántos hijos tiene?
Ocho hijos.
Cuando conocí a mi primera pareja estuvimos un tiempo de novios.
Me prometió un castillo entre otras cosas y yo muy incrédula… hasta que quedé embarazada de mi primera hija no me daba cuenta de su forma de ser.
Teníamos en ese entonces un ranchito.
Me voy hasta la casa de mi madre un día y al volver lo encuentro a mi marido con otra mujer en mi casa.
Me separé, luego conocí al padre de mis hijas y tuve la mala suerte de vivir una vida para nada decorosa porque me golpeaba mucho y tanto sufrí a su lado que tomé la decisión de separarme.
Allí fue cuando decidí trabajar “en la calle” prostituyéndome y era esta la forma que yo tenía para darle de comer a mis hijos.
Hasta que conocí a este hombre que hoy está preso conmigo y mis dos hijas. Fue quien me apoyó y me ayudó a terminar de criar a mis hijos.
También me ayudó a dejar de salir a “la calle” a trabajar.
Él también está recluido, trabaja en la chacra acá adentro del INR.
En todo este tiempo que transcurrió anteriormente, ¿consumió drogas o alcohol?
No, nunca quise ninguna de las dos.
Solamente una vez probé alcohol y me hizo mal.
Además tenía como ejemplo toda una vida al lado de mamá y papá que no quería repetir.
Intenté fumar pero tampoco me gustó porque me acordaba de ellos y pensé que era mejor dejarlo.
¿Tenía amigos “afuera”?
Sí, tenía. Muchos compañeros.
Además concurría siempre a la Iglesia Dios es Amor y estaba siempre rodeada de gente querida, que me quería y de compañeros cristianos.
Vienen todos a verme estas personas de la iglesia.
Y acá en la cárcel me llaman la pastora porque me recorro todos los pabellones predicando la palabra del Señor. Orando.
Les enseño que existe un Dios vivo y que es solo lo que nos puede ayudar.
Para mí es muy importante el lugar de pastora que ocupo.
Siempre que un niño se enferma o pasa algo que nos preocupe hacemos un círculo de oraciones para enseñarles a orar y cantar en el nombre de Dios.
Acá vienen muchas otras iglesias y viene una muchacha de una, que siempre me dice que ella en cuanto me vio se dio cuenta que yo tenía que ser la pastora por mi forma de ser.
¿Se siente satisfecha de que la vean de esta manera?
No importa cómo me vean, lo importante para mí es que ellos sepan de que hay un Dios vivo y que nos protege.
Pero me hace sentir bien porque cuando algo le pasa a alguien yo me encomiendo en las manos de Dios, oro por la persona y todo pasa. Es santo remedio.
Lo único que les pido es que tengan fe. Porque quiero que entiendan que no soy yo la que sano, es Jesucristo que murió por nosotros y por nuestros pecados.
Hoy me reconocen porque desde Montevideo tengo gente que me llama para que ore por ellos.
Sienten que tengo un don.
¿Por qué está hoy aquí?
A mí supuestamente me pusieron una pena por ventas de estupefacientes de drogas, pero no es así.
¿Cómo sucede su aprensión?
Hace ya unos meses mi hija llegaba a casa a dejarme a sus niños y entra la Policía haciendo un allanamiento.
Yo me encontraba orando y cuando me doy cuenta veo que estaba rodeada la casa. Me puse en las manos de Dios y me quedé muy tranquila.
Cuando la Policía entra yo estaba sentada en un sillón.
Le hablan a un muchacho que estaba en el fondo de casa que es quien se encarga de cuidar los caballos en un Stand que tengo y rápidamente lo arrestaron.
Mis hijos estaban durmiendo en un cuarto, los policías los encerraron y hablaron con ellos.
Me dijeron: “señora abríguese que tiene que acompañarnos”. Les dije que sí y me sacaron de casa.
¿Qué encuentran en el allanamiento?
Solamente se encontraron con todo lo que revisaron, setecientos pesos de la venta de empanadas y pizzas. Cosas caseras que hacía.
Esa plata era para comprar la carne, harina, grasa y aceite.
¿Cómo se suceden los hechos en la seccional?
Me comenzaron a hacer preguntas y me decían que tenían testigos.
Pasa que ellos ya se habían presentado en mi casa anteriormente, cuando aquella avioneta que no sé si recordará, tiraba droga en la zona de la ruta 3 y 31 que es cuando hacen el primer allanamiento.
Pero yo no estaba en Salto, me había ido a Talas.
Fuimos a vender caballos con mi esposo.
De todas formas hicieron el primer allanamiento y con una orden en Montevideo consiguieron llevarme hasta la seccional.
¿En qué trabajaba su esposo?
El trabajo que él hacía era la venta de autos que compraba en Montevideo y los revendía acá al igual que los caballos.
De esa forma fuimos arreglando la casa que se llovía toda, pero de a poco la íbamos acomodando. Él se encargaba de su negocio y yo hacía la venta de productos caseros, para la diaria con mis hijos.
Yo les decía a la Policía: “Ustedes están re equivocados”, siempre pensé que fue equivocado porque estaba en mi conocimiento que a la vuelta de mi casa había una boca de venta.
Me dijeron que me estaban haciendo un seguimiento y era cierto porque me mostraron fotos mías y del hombre que estaba arreglando la casa en ese momento.
En la foto estoy yo parada en el frente de casa mostrándole al hombre dónde se llovía y demás arreglos que tenía que hacer.
No me queda claro si estoy acá porque el problema comienza con el tema de la avioneta que bajaba droga o es algo que sucedió después.
¿Cree usted que existen pruebas?
No, ninguna. Lo único que me muestran es la foto de la que le hablé. A mi no me mostraron ninguna prueba de que yo soy culpable.
¿Existe alguna referencia de un familiar suyo con antecedentes?
Mi marido. Pero no por este motivo. Fue en Canelones y por cómplice de fuga. Andaba en la compañía de otro muchacho que estaba requerido por la justicia.
¿Cuándo llega su esposo al INR?
Cuando me hacen el allanamiento. Lo llaman, lo hacen venir y lo arrestan diciendo que también él estaba involucrado en el tema mío.
El problema con él es que tienen un hermano que lo acusa de una supuesta venta de droga.
Pero a él tampoco no le comprueban nada.
¿Desde cuándo está recluida?
Desde hace siete meses.
¿Su comportamiento de cuando era niña, cree que tiene algo que ver con su presente?
Yo en la escuela era tranquila. Tenía mis travesuras pero nada fuera de lugar.
No creo que tenga algo que ver.
¿Le gustaba estudiar?
Sí, incluso aquí cuando llegué pedí que me dieran la posibilidad de poder estudiar computación, pero por razones de trabajo acá adentro ya que estoy con algunas actividades, todavía no pudo ser.
Pero para las horas de la tarde que es cuando tengo tiempo sí podría.
Me interesa mucho el tema de conocer sobre informática ya que en todo trabajo que vaya a presentarme lo piden.
Todo se maneja actualmente por computadora.
Si quiero seguir con secundaria podría, pero como soy la cocinera, en la mañana no puedo hacer nada.
¿Tiene designado abogado?
Sí, yo por mi parte y mi esposo tenemos un abogado y mis hijas por su parte también tienen el suyo.
¿Qué le dice el abogado?
Yo estuve incluso hablando con gente del parlamento y me dicen que yo tengo que salir en libertad dentro de los seis o siete meses.
“No pueden comprobarte nada. No puede ser que estés presa por algo que no existe”, me dicen.
Hoy mi abogado habla con la jueza porque le pedí que le explicara que yo trabajo acá adentro y eso suma.
Mi conducta ha sido muy buena, no tengo sanciones y sé que “ellos” mismos se dan cuenta de cómo soy.
¿Cómo es la situación de sus hijos que quedaron en su casa?
Están como pueden.
Tengo en mi casa a la hija de mi marido, con veintitrés años y es la que está a cargo de tres hijas menores mías además de cinco nietos.
Está esa muchacha que no puede más con la situación que está viviendo.
¿Cómo llegan sus hijas a ser recluidas?
Hay una de ellas que sí vendía droga.
Nosotros no teníamos mucha comunicación antes de entrar acá. Pero supuestamente el marido también vendía, además de ser consumidor en el frente de la casa.
Ella no podía hacer nada. Porque nosotros tuvimos que ir varias veces hasta su casa porque el marido volvía a cualquier hora y hacía lo que él quería.
Ella estaba sometida a sus decisiones.
Pero para la justicia ella es su cómplice.
Y con mi otra hija pasó exactamente igual. El marido de ella también está acá.
Porque estaban ellos con unos problemas familiares, él también salía y volvía a cualquier hora y un día en que ella se levanta para llevar los nenes a la escuela y después irse a trabajar, ya que trabajaba en la chacra, le caen los milicos.
¿Para la justicia sus domicilios eran boca de venta?
Es que de esta última hija que hablamos, ella “cayó” primero con su marido.
De su casa la Policía fue a la mía a detenernos.
Pero qué le podemos decir a los abogados y a los jueces si “ellos” nos mandan para acá adentro sin pruebas. Aunque mi abogado sé que está apelando por mí.
¿Cómo ve usted la situación de su familia toda?
Yo lo que quiero hacer es pedir un arresto domiciliario. Ojalá lo pueda conseguir.
Porque están con mi hija en casa todas criaturas chicas, mas su bebé.
¡Yo tengo que estar!, porque cómo va a sobrevivir esta mujer con los hijos de la hermana, los míos y la de ella.
Son diez chiquitos en total que tiene a cargo.
Yo no me explico cómo hace para comer esa gurisa.
¿Qué expectativa lleva usted consigo?
Estoy esperando que Dios toque el corazón de la Jueza y la Fiscal. Tengo mucha fe en eso.
Porque yo estoy diciendo la verdad, no miento.
Y si ellos no encuentran pruebas…
Pienso que estamos todos acá supuestamente porque el muchacho que estaba cuidando los caballos “se apretó” horrible y como dice que lo judiaron para que hablara…
Él me pide perdón de todas maneras. Y dice que tuvo que decir que sí, que era una boca de droga porque no le dejaban de pegar.
Pienso que ellos tenían que darse cuenta de que él estaba asustado, porque él me dice: “pero si yo no decía no me soltaban y me iban a matar”.
Él quedó libre.
Se está trayendo a mucha gente injustamente.
Acá adentro hay una persona que “cayó” por un caso igual al mío.
Yo no sé cómo traen a la gente acá porque no muestran pruebas.
¿Cómo se siente hoy?
Estoy muy tranquila. Siento que mi familia me necesita pero yo estoy bien gracias a Dios.
Tengo comida, tengo todo, nada más que no tengo la libertad de estar en mi casita.
Pero lo más importante es que me siento tranquila conmigo misma.
Todo lo que hago trato de hacerlo bien como es el caso de la comida que les cocino para todos los internos, con gusto. Será porque me llevo bien con todos.
¿Cómo define al INR?
Una rehabilitación muy linda.
Además el Operador Cristian lucha por nosotros y nos enseña cosas que podemos hacer cuando salgamos de acá. Son actividades que podemos hacer para trabajar dignamente. O estudiar.
Como lo dijo el Director Catelotti que no tengamos que depender de un hombre y que podamos defendernos en la calle.
Trabajando con un carrito de maní, frankfurters o tortas fritas.
Es un buen centro de rehabilitación aquí.
¿Qué le cambiaría hoy a su vida?
Me gustaría cuando me valla, poder venir y seguir predicando la palabra de Dios a los gurises acá.
Yo sé que todo se va a solucionar.
¡Andá a saber si no era un propósito de Dios para traerme acá y poder hablarle a las internas y rehabilitarlas!
La palabra de Dios dice, que hay que predicarle su palabra al preso.
Porque había mucha gente que llegaba acá con la idea del suicidio y sin embargo, les inculco sostener la fe.
¿Mi pregunta de si se encuentra arrepentida no cabe?
Si yo fuera culpable de algo, estaría arrepentida diez mil veces.
Porque no es bueno.
Pero como no hice nada, estoy tranquila y me da lo mismo.
El propósito lo pone Dios. Él es el abogado y el juez aparte de los profesionales.
¿Hay algo que desee decirle a la sociedad?
Para mi es injusto lo que me pasó y lo que estoy pasando.
Pero como fue Dios el que me mandó, siempre le digo: en el momento que yo tenga que estar con mis hijos, estaré, si él lo permite.
Ya que necesito estar con mi familia, ayudar a mis hijas y mis nietos.
Mi hija que se encuentra a cargo de todo en mi casa está avejentada, a punto de perder su matrimonio por cuidar de todos.
Es una situación insostenible.
¿Cómo ve su futuro “afuera”?
Con la ayuda de Dios lo veo bien.
Porque yo sé trabajar y en mi casa tengo las herramientas y comodidades como para instalarme con una rotisería, con empanadas y demás, agregando como para la implementación de un kiosco.
Como yo tenía antes de venir.
Sé que funciona y que entra plata. Yo ya tenía una clientela de gente de los arándanos y arrancadores de naranja, que encargaban su comida y venían a buscarla.
Pero confío en que voy a salir pronto, porque Dios me va a ayudar.
Con mi fe sé que voy a salir, porque sé que Jesucristo pelea por mí”.