Con Jean-François Duval En el camino de la generación beat

El periodista y ensayista suizo Jean-François Duval recuerda el día en que, en las estanterías de un destartalado quiosco de una estación de tren, encontró una edición de bolsillo de En el camino de Jack Kerouac. Era el año 1963, apenas acababa de cumplir los 16 años, y admite que, “aunque en un principio la iconográfica obra del escritor norteamericano me resultó estilísticamente muy excitante, me sorprendió la ausencia de una intriga real en el libro”. No supo intuir qué aportaba de nuevo a la literatura la obra de Kerouac.
Cuarenta años después de aquel hallazgo, que acabaría por revelarse como una epifanía, Duval publica Jack Kerouac y la generación beat, ensayo que, a partir de entrevistas a algunos de los más significativos protagonistas de aquel movimiento, se convierte en un decodificador para entender a una de las más relevantes levas, aquella que junto a Kerouac conformaron nombres como Allen Ginsberg, William Burroughs, Gregory Corso y Lawrence Ferlinghetti en la historia de la literatura. Reemplazo que trascendió el universo de la letra impresa para convertirse en estandarte de una contracultura que no ha encontrado fecha de caducidad.
ESCRITURA ESPONTÁNEA
-¿Qué le impulsó a escribir Jack Kerouac y la generación beat?
-El detonante fue mi encuentro con Allen Ginsberg, en su casa, en 1994. Ginsberg me hizo tomar conciencia de mi ignorancia sobre el tema, que, súbitamente, me pareció más importante de lo que creía. Desde ese momento quise encontrar a tantos protagonistas de la leyenda beat como me fuera posible. Ellos me mostraban una faceta desconocida de mi propia historia, aunque debería decir de nuestra historia. Tras la Segunda Guerra Mundial el mundo entero fue moldeado por la contracultura norteamericana. Desde entonces todos usamos jeans, bebemos Coca-Cola, adoramos el cine y la literatura estadounidense y hemos cedido a la pulsión del rock and roll. Sentí la necesidad de buscar el origen de todo ello. Y las raíces, desde mediados de los 40, se hallan muy ligadas a la generación beat. Fue así como acabé entrevistando a varios protagonistas de esa leyenda: Ginsberg, LuAnne Henderson (Marylou en En el camino), Carolyn Cassady (esposa de Neal Cassady y amante de Jack), Joyce Johnson (la novia de Kerouac cuando éste se hizo famoso), Timothy Leary o Ken Kesey, autor de Alguien voló sobre el nido del cuco.
-Justamente, algo que sorprende de su libro es que rehuye la retórica ensayista para vertebrarlo a partir de las entrevistas. ¿Por qué este formato?
-Por un lado, el formato entrevista me parecía recoger la estética beat de escritura espontánea. Mi propósito era poner en contacto de forma inmediata y con la mayor proximidad posible al lector con toda esa gente. Como la literatura medieval, la movida beat toma a la vez un carácter oral y un aire que pretendo muy vivo. Asimismo, Kerouac fue, creo yo, el primer escritor en ser sensible a las posibilidades que presenta el género de la entrevista, ya que lo utilizó en su libro Visions of Cody, que es, en gran parte, transcripciones de conversaciones mantenidas con Neal y Carolyn Cassady. He querido que Kerouac y la generación beat fuera un libro riguroso desde el punto de vista de la estructura temporal, un fresco de la historia beat: la entrevista a Allen Ginsberg introduce el tema; Carolyn Cassady hace una fotografía de los años beats entre 1947 y 1958; Joyce Johnson, la novia de Kerouac, habla de los años de éxito y de la decadencia; Leary y Ken Kesey dan testimonio de la importancia del movimiento beat en los años 60 y 70, e incluso Leary llega hasta los 90 hablando de los internautas como descendientes lejanos de los beats.
-¿Por qué falta en tu libro el testimonio de William Burroughs?
-Traté de reunirme con Burroughs, pero fue imposible. Llegué a cerrar una entrevista con él, pero me llamaron para cancelarla, pues estaba llegando ya al final de su vida.
-¿Hubo algún otro protagonista, más allá de Kerouac o Cassady, con el que no pudo reunirse?
-Intenté verme con Gregory Corso, pero sin éxito. Estaba siempre de viaje, en Grecia o en algún otro lado. Pero considero que pude hablar con todas las personas esenciales en lo que refiere a En el camino. En particular con LuAnne Henderson, la jovencísima esposa de Cassady que encarna Kristen Stewart en la película de Walter Salles. He explicado mi encuentro con ella en otro libro, sólo publicado en francés,
Et vous, faites-vous semblant d`exister?
-Entre tantos nombres, ¿por qué debemos entender a Jack Kerouac como la figura central de la generación beat?
-De todos los escritores beat, Kerouac fue el que tuvo la más fantástica producción literaria, tanto en cantidad como en calidad. Cuando apareció En el camino, en 1957, toda la generación del baby boom se vio identificada con los temas que trataba, mucho más que con la obra de Burroughs, por ejemplo. Ginsberg también es una figura central, pero sus obras mayores se resumen en los poemas “Aullido” y “Kaddish”, y se trata de poesía, lo cual limitó las posibilidades de llegar a un público más amplio. Definitivamente, En el camino es el libro más emblemático de toda la generación beat.
BEAT EN CINE.
-¿Qué opinión le merece la reciente adaptación cinematográfica de En el camino?
-Hacer una película de En el camino era igual de arriesgado que, por ejemplo, adaptar el Ulises de James Joyce. Por desgracia el director Walter Salles, de quien que me gustó mucho su trabajo en Diarios de motocicleta y, sobre todo, en Central do Brasil, no ha podido superar el reto. La fotografía es hermosa pero, por lo demás, no encuentro nada de lo que era la esencia de la generación beat. A Kerouac le falta envergadura. Y al personaje central de Neal Cassady / Dean Moriarty, que encarna Garrett Hedlund, le falta el magnetismo y la inteligencia del verdadero Neal Cassady. La película, además, ignora por completo la búsqueda espiritual de Kerouac, Cassady, Ginsberg… Le envié el DVD de la película a Carolyn Cassady [fallecida el pasado 20 de setiembre de 2013]. Una vez vista, me confirmó que no captaba el universo beat. Tanto Neal, su marido, como Jack eran personas totalmente diferentes a las que se muestran en el film.
-¿Qué papel jugó Neal Cassady en el universo beat? Aun no siendo escritor, se deduce una figura imprescindible
-Sí, todo parece indicar que Neal Cassady fue un personaje extraordinario, capaz, según la mitología beat, de trascender cada instante de su existencia y de la existencia de los que le rodeaban, de magnificar la vida. En la edición de 1957 de En el camino, Kerouac le cambia el nombre por el de Dean Moriarty, pero en el rollo original, publicado en 2007, le daba su nombre real. Prácticamente todos los escritores beat o post-beat han hecho un personaje de él en algunas de sus obras: Ginsberg, John Clellon Holmes, Ken Kesey, Tom Wolfe, Burroughs… Neal Cassady es igualmente un personaje totalmente relevante de la literatura beat, en la medida en que las cartas que escribió a Kerouac, por su estilo inmediato y rico en detalles, cambiaron la forma en que Jack consideraba la escritura. Gracias a Neal Cassady, Kerouac, que ya había publicado una primera novela de estilo tradicional en 1950, The Town and the City, cambió completamente de estilo.
-Pese al elemento contracultural, liberador y rebelde que promovía la generación beat, tanto Kerouac como Cassady tenían valores muy conservadores. ¿Cómo explica tal ambivalencia?
-Hay que recordar de William Burroughs nació en 1914, y que otros llegaron al mundo poco después de la Primera Guerra Mundial: Kerouac en 1922 y Ginsberg y Cassady en 1926. Son gente que creció y se impregnó de los valores de los años precedentes a la Segunda Guerra Mundial. Tenían un pie en el mundo antiguo y el otro en el nuevo. Pero fue precisamente porque consiguieron agitar los valores de la década de los 50 que se vio en ellos a los representantes de una nueva generación que rompía con el mundo antiguo, aunque Kerouac y Ginsberg encarnaron dos polos opuestos en este movimiento. Kerouac, que era un escritor de estilo revolucionario, se mantenía como hombre profundamente arraigado a la América tradicional. Ginsberg siempre apoyó la novedad y la vanguardia. Le gustaban Bob Dylan, Kurt Cobain, Sonic Youth… Ginsberg, Burroughs, Leary, Kesey estaban totalmente enfocados al futuro.
-Aun siendo todos amigos, los miembros de la generación beat tenían estilos literarios e incluso enfoques vitales muy diferentes. ¿Cuáles cree que eran sus nexos de unión?
-Efectivamente, no se puede descubrir ningún hilo conductor en sus estilos literarios que no sea la voluntad de innovar. La relación entre ellos es el respecto de los valores más individuales. En esto se unen a los padres fundacionales del pensamiento y la filosofía norteamericanos: Emerson, Thoreau, Whitman… Para todos se trata de mantenerse lo más fielmente posible a su naturaleza, rechazando los convencionalismos cuando éstos se vuelven absurdos y opuestos a la auténtica búsqueda de sí mismos.
EL APORTE FEMENINO.
-Uno de los apuntes más interesantes de su libro es la reivindicación de la mujer en la generación beat. ¿Qué cree que aportaron todas aquellas escritoras al movimiento?
-Como dice Joyce Johnson en su libro Personajes secundarios, las mujeres de la primera generación beat, entre 1945 y 1955, aunque están bien representadas, quedaron en un segundo plano. De todos modos, el movimiento beat posiblemente no hubiera existido si Joan Vollmer, que iba a convertirse en esposa de Burroughs, y Edie Parker, la primera mujer de Kerouac, no hubieran abierto su apartamento de Nueva York a todos aquellos escritores. LuAnne Henderson, Carolyn Cassady o Alene Lee fueron también un poco musas para Kerouac. Pero me atrevería a afirmar que es a partir de la segunda generación beat que, en el sentido de la emancipación, de liberación, el rol de la mujer cambió realmente. Por ejemplo, a finales de los 50 la poetisa Diane Di Prima tenía cinco hijos fuera del matrimonio, algo totalmente revolucionario para la época. Y Hettie Jones se casó con LeRoi Jones (quien adoptó posteriormente el nombre de Amiri Baraka), que era negro. Un hecho que también iba en contra de todos los prejuicios raciales existentes en el momento. Las mujeres de la generación beat rompieron con muchos tabúes.
-¿La inmortalidad de la generación beat se halla en el hecho de que trascendieron lo estrictamente literario para devenir iconos de la cultura pop?
-Sí, el movimiento beat transcendió completamente el campo puramente literario. En cierto modo, los beats se anticiparon y propiciaron todo lo que acabó aconteciendo en los 50 y 60: el descubrimiento del blues y el jazz negro que dio lugar a la explosión del rock and roll, la psicodelia, la ruta de Katmandú, la actitud contestataria, los hippies, el mayo del 68, el descubrimiento de Oriente, el budismo, el respeto a la naturaleza, otras formas de viajar, de amar, de estar en el mundo.
-¿Fue esto, convertirse en un ícono, lo que acabó consumiendo a Kerouac?
-No realmente. Lo que destruyó a Kerouac no fueron los movimientos que le sucedieron, si bien no le gustaban los hippies que protestaban contra la guerra de Vietnam. Se destruyó él solo. Le consumieron sus problemas personales. Era incapaz de hacer frente al éxito en un mundo donde todo se había mediatizado. No estaba hecho para salir por la televisión, hablar en la radio, dar entrevistas. Para afrontar los medios de comunicación tenía que recurrir a grandes cantidades de alcohol. Aun así, es cierto que también contribuyó a su destrucción el tener la impresión que En el camino no había sido reconocido por sus cualidades literarias, sino por ser el libro emblemático de una nueva generación. Kerouac habría querido verse asociado a nombres como Proust o Joyce, pero los medios lo convirtieron en un ícono pop, cosa que no le interesaba en absoluto. En cierto modo, tenía la sensación de haber malgastado su existencia, y murió prematuramente en 1969, tras doce años de alcoholismo.
-¿Por qué muchos críticos y escritores de la época menospreciaron la obra de Kerouac y de la generación beat?
-Autores como Truman Capote o Nelson Algren afirmaban que los libros de Kerouac no tenían ningún interés. “Es solo teclear, no escribir”, decía Capote. El problema era que Capote, Algren y muchos otros seguían prisioneros de los esquemas narrativos tradicionales. Fueron incapaces de comprender todo lo que había de novedoso en la obra de Kerouac. Para Kerouac no se trataba de describir una escena como los novelistas del siglo XIX -y la mayor parte de los del siglo XX-. Kerouac no escribía con el sujeto delante de sus ojos, sino a la manera en cómo tocaba Charlie Parker: se lanzaba a improvisar sin saber dónde desembocaría. Si su obra sedujo es porque lanzó al lector la impresión de que vivir, leer y escribir eran una sola y misma cosa, la más excitante de todas.
DROGAS Y RELIGIÓN.
-¿Qué papel jugaron las drogas en la generación beat?
-Se sabe que Kerouac escribió el famoso rollo de teletipo mecanografiado de En el camino en tres semanas bebiendo solamente café. Pero es cierto que también escribió uno o dos textos bajo los efectos de las anfetaminas. Cuando mantuve un encuentro con Charles Bukowski, sobre el cual escribí un libro que aparecerá en francés en febrero de 2014, me dijo que para él era indispensable beber para poder estar en situación de escribir. En la medida en que los artistas se esfuerzan por intensificar sus percepciones de lo real y de todas las cosas -pensemos en Rimbaud y la necesidad que tenía de decodificar los sentidos-, es casi inevitable que algunos cedieran a la tentación de las drogas. Era el precio a pagar, un carburante nocivo para el organismo pero necesario para la creación. Pero cuidado: que yo sepa, ni Homero ni Shakespeare ni Dante tuvieron necesidad de recurrir a las drogas.
-¿Y la religión?
-Para Kerouac fue muy importante. Recibió una educación muy católica, y toda su obra está marcada por la búsqueda del “descubrimiento de la cara de Dios”. No la descubrió, y puede que ello también contribuyera a su triste fin. Junto al catolicismo, también le interesó mucho el budismo y sus “cuatro verdades”. Los beats, como los existencialistas, intentaban dar una respuesta a la cuestión de la Nada, y Kerouac esperaba encontrar una respuesta de orden religioso. Y, aunque no pudiera “develar la cara de Dios” como deseaba, la encontró parcialmente en la medida en que su obra es una increíble celebración de la vida y de todo lo que hay de sagrado en ella.
-Más allá de En el camino, ¿qué otros títulos no deberían faltar en la perfecta biblioteca beat?
-A todas las lectoras les recomendaría Personajes secundarios, de Joyce Johnson. Fue la novia de Kerouac en 1957, la época en la que se hizo famoso, y en su libro evoca muy bien el papel de las beat women en esa época. De Kerouac creo que Ángeles de desolación (Desolation Angels) ofrece la mejor introducción novelesca al movimiento beat. El libro The Electric Kool-Aid Acid Test, de Tom Wolfe, ayuda a comprender mejor la incidencia de la generación beat en los años 60, además de meter en escena a Neal Cassady. Evidentemente, tanto “Aullido”, de Ginsberg, como Yonki y El almuerzo desnudo, de Burroughs, son clásicos.
-¿Podríamos mencionar a Jim Jarmusch, Tom Waits, Sonic Youth o incluso a Jack White como referentes actuales del beat?
-En efecto, Jarmusch, Tom Waits, Sonic Youth -con los que Ginsberg grabó algunas canciones- o Jack White le deben parte de lo que conocen al movimiento beat. También podríamos añadir muchos otros nombres, entre ellos el de Johnny Depp. En realidad, deberíamos calificar como beat a todos los artistas que no se repiten e intentan salirse de los caminos trazados para afirmarse como individuos.
-¿Por qué la generación beat sigue resultando tan fascinante?
-Creo que las generaciones más jóvenes, frente al auge de los integrismos y los fundamentalismos en todas partes de nuestro mundo, empiezan a descubrir el soplo liberador que los beats traían consigo. El interés, en las jóvenes generaciones, viene de que la leyenda beat transporta a una época donde el hombre no era tan unidimensional como ahora. Gente como Kerouac, Ginsberg y Burroughs sentían que había otros caminos por descubrir.
UNA CARTA
Acabo de leer el artículo publicado bajo la firma de Elvio. E. Gandolfo en El País Cultural del 27 de diciembre sobre Kerouac y la Generación Beat. Soy periodista y crítico literario también y es evidente que E. Gandolfo está en todo su derecho de tener una mirada más bien negativa sobre mi libro.
Es más, sobre ciertos puntos tiene razón: la obra es limitada.
Pero lo que no entendió bien es que la ambición de este libro, dedicado al periodista francés Jules Huret (1863-1915) y a Hunther S. Thompson, no quería ir más allá del marco de una investigación periodística, y además el subtítulo de la edición original francesa decía “Kerouac y la Beat Generation: una investigación”. En resumen, se trata de una recopilación de testimonios orales, y no de un estudio de fondo al modo de George Steiner. El fin era hacer sentir al lector que este tipo de investigación, como en el caso de Jules Huret, también puede ser un género literario. Quizás en la edición española la editorial Anagrama debería haber hecho figurar el subtítulo “Una investigación” en tapa, para que los lectores no se confundan sobre la naturaleza del libro.