Con Jean Paul Bidegain, hombre de lucha y de fe, que sigue creyendo en la humanidad y en la apertura de la Iglesia

Entrevista a Jean Paul Bidegain

Nos esperó con la puerta de su casa entreabierta, como esperando la lluvia que al final llegó en el preciso momento que tocábamos la puerta.

“Trajo la lluvia”, observó. Después de unos días de intenso calor, el agua que caía del cielo era vida para las plantas y un poco de fresco para nosotros. “Este tiempo no me hace bien, vengo de Francia donde estaba con cuatro grados bajo cero, y llego a Salto con más de cuarenta a la sombra”.

Pero Jean Paul Bidegain es un hombre cuya vida lo ha curtido no solo por las altas temperaturas, las que conoció en sus jóvenes años cuando siendo cura en Villa Constitución, se mezcló con los peludos para cortar caña de azúcar porque “decidí no vivir a costilla de la gente, me gano la vida y sigo predicando lo que uno piensa que tiene que predicar”.

Según unos breves datos que constan en el sitio web del Consulado General del Uruguay, Bidegain fue un “cura

Perfil de Jean Paul Bidegain Casado. Tiene 3 hijos (Margarita nació en Uruguay, Anahí nació en Argentina cuando había comenzado el exilio y Maiana nació en Francia).  Es del signo de Géminis.  De chiquito quería ser cura, tenía a mi tío que era cura, el Obispo Marcelo Mendiharat. Es hincha de Nacional. ¿Alguna asignatura pendiente? Muchas.  ¿Una comida? A esta altura, teniendo un poquito me contento.  ¿Un libro? La Biblia.  ¿Una película? Candilejas.  ¿Un hobby? Leer.  ¿Qué música escucha? En general toda, pero tuve la suerte que mis padres me hicieron apreciar la música clásica. Pero cuando falleció Johnny Hallyday, no le digo que lloré pero su entierro fue impresionante.  ¿Qué le gusta de la gente? La sinceridad.  ¿Qué no le gusta de la gente? La hipocresía.

Perfil de Jean Paul Bidegain
Casado. Tiene 3 hijos (Margarita nació en Uruguay, Anahí nació en Argentina cuando había comenzado el exilio y Maiana nació en Francia). 
Es del signo de Géminis.
De chiquito quería ser cura, tenía a mi tío que era cura, el Obispo Marcelo Mendiharat. Es hincha de Nacional.
¿Alguna asignatura pendiente? Muchas.
¿Una comida? A esta altura, teniendo un poquito me contento.
¿Un libro? La Biblia.
¿Una película? Candilejas.
¿Un hobby? Leer.
¿Qué música escucha? En general toda, pero tuve la suerte que mis padres me hicieron apreciar la música clásica. Pero cuando falleció Johnny Hallyday, no le digo que lloré pero su entierro fue impresionante.
¿Qué le gusta de la gente? La sinceridad.
¿Qué no le gusta de la gente? La hipocresía.

obrero sindicalista, encarcelado y torturado por la dictadura uruguaya y exiliado en Bayona, Francia”. Volvió a su tierra, como cada tanto, a reencontrarse con su familia y con sus amigos, o como él mismo dice, con los que van quedando.

- Usted ha sido un hombre de lucha permanente por sus convicciones e ideales, ¿se puede decir que hoy ya está en paz?
– Por la edad que tengo digo que estoy en la cuarta edad, que ya después de los 80 uno tiene que empezar a prepararse a salir al otro lado, cuál sea ese (se ríe). Una frase que uso de otro es que no es tanto lo que uno pensó o programó hacer sino lo que le sucedió. Se dieron cosas en la vida de uno que uno después tuvo que decidirse y optar, siempre, si se quiere, yendo hacia adelante buscando la mayor autenticidad con uno mismo. Entonces uno va progresando y cambiando de golpe de idea, pero siempre hacia adelante.

- En esos tiempos de decisión, ¿usted optó porque su primera ocupación eclesiástica fuera en Villa Constitución o fue el destino que lo llevó hasta ahí?
– Como sacerdote, por la organización que hay en la Iglesia uno va donde lo mandan, donde el Obispo y el Consejo Episcopal le dice a dónde tiene que ir. Ahora después, en la modalidad de lo que uno hace allí…

- ¿Ahí entra la opción?
– En concreto, el hecho de que yo hubiera ido a trabajar a El Espinillar, eso no me lo pidieron, diría que en realidad me lo permitieron, porque si se quiere, en la formación que uno había tenido y la lectura que uno iba teniendo, decidí no vivir a costilla de la gente, me gano la vida y sigo predicando lo que uno piensa que tiene que predicar.
Era en tiempo de apertura con el Concilio Vaticano II, esa reunión de Obispos donde se definió que había que cambiar un poco el modo de ser Iglesia, si se quiere, empezando a volver a ser lo del comienzo, buscando los elementos fundamentales de la primera Iglesia.
Esto no lo inventé yo, ya había pasado en otros lados, como en Francia y en Uruguay también, donde unos cuantos sacerdotes trabajaban.
Hubo uno que trabajó en diario EL PUEBLO.

- Usted estuvo identificado desde el comienzo con la Teología de la Liberación, que hasta hace poco fue combatida por el Vaticano.
– Mire, parecerá algo orgulloso lo que le voy a decir, pero nosotros, ya estábamos en esa línea antes que apareciera la Teología de la Liberación. Hace poquito estuvo en Montevideo el famoso teólogo de la Liberación, Leonardo Boff, tuve la suerte de ir a verlo y darle un abrazo, pero todos los libros de él se escribieron después del año 70, y nosotros estábamos en esa onda de antes.
Era como una ola que viene, y cuando se rompe la ola aparecieron estos autores, si se quiere haciendo documentos sobre lo que ya se estaba viviendo.
Por eso le dije que podría sonar a orgullo, pero nosotros estábamos antes en esa misma corriente.

- ¿Quiere decir que esa nueva doctrina no inventa nada sino que describe algo que ya estaba pasando en aquellos años?
– Si se quiere, sí. Pero bueno, eso fue siempre.

- ¿Esa es la conciencia social de la Iglesia?
– (Piensa) Ahí ya entramos en otro tema…

- Porque había Iglesia para ricos e Iglesia para pobres. ¿No fue lo que le pasó a usted con un capataz en un casamiento en Constitución?
– (Se ríe) Si, claro. Ese patrón no dio más para arreglar la Iglesia, pero qué va a hacer, ahí le voy a citar una parte del Evangelio, Cristo lo dice, si vas a presentar tu ofrenda al altar y te das cuenta que tu hermano tiene algo contra ti, deja la ofrenda, primero reconcíliate con tu hermano y después presenta la ofrenda.
Es decir que lo principal, vamos a decir, para ganarse el cielo no hay que llevar una ofrenda…

- Pagar el diezmo… porque antes se ganaba el cielo pagando el diezmo.
– ¿Se ganaba el cielo? (Risas)

- Hoy hay otras religiones que dicen que pueden comprar una parcela en el Paraíso…
– Ya en Estados Unidos están vendiendo lotes en la Luna, lo mismo (risas).

- ¿Eso quiere decir que el pueblo sigue siendo incauto?
– No, para contestar a esa pregunta hay que filosofar. No, en lo que me es personal, mis compañeros trabajadores me evangelizaron, me hicieron descubrir la verdad del Evangelio…

- Sin embargo usted ya de chiquito dijo tener a Dios adentro suyo, como que ya sabía que su destino sería ser sacerdote.
– Eso viene a cualquiera según la formación que le den, y mire que no reniego de eso.
Uno piensa para qué es, y después se va descubriendo qué significa, va evolucionando, y en eso la Iglesia se sigue haciendo, y ahora en este momento, felizmente, con Francisco se está dando una apertura muy grande, con una oposición muy grande también, de adentro, de quienes se quedan con el cliché de cómo tiene que ser la cosa.

Pare un poco, que hay una evolución mental en la humanidad que por eso estoy leyendo este libro (nos muestra un libro escrito en francés), donde se pregunta, ¿y si el cristianismo para nada fuera una religión? De un autor que fue un gran teólogo luterano que murió en un campo de concentración en el año 44.
Está interesantísimo que Francisco hace poquito realizó una celebración en el centenario de los luteranos en la Iglesia. Esto es para pensar, vio.

- ¿Así que aún reflexiona sobre los tiempos que estamos viviendo?
– Y bueno, el físico no da pero la cabeza, en el tiempo que estoy lúcido (risas), hay que seguir. Así sea, como ya le dije, preparándome para el otro lado.

- Cuando llegó a Villa Constitución había una realidad social muy acuciante, en el caso de los peludos de la caña se podría hablar de un estado cercano al de la esclavitud. Pasaron muchos años, incluso llevamos casi 13 años de gobierno del Frente Amplio, ¿cómo ve hoy a Uruguay?
– No voy a ser tan audaz de darle una explicación política porque yo estoy en Francia, trato de enterarme lo que pasa en el país, lo miro pero acá recién hace quince días que estoy y trato de reencontrarme con los parientes y amigos que quedan.
Leo el diario EL PUEBLO por internet y voy a las necrológicas y veo que vamos quedando pocos. No le quiero contestar esa pregunta porque sería audaz hacer una interpretación.

- Le pregunto porque justo se discutió en el Parlamento, una vez más, sobre la posibilidad de habilitar el voto a los uruguayos radicados en el extranjero. Si esto se confirma, usted desde Francia podrá votar y elegir un gobierno en Uruguay.
– Es un tema que discutimos afuera. Es la contradicción que hay en este país, entre otras que pueda haber, de que hay obligación a votar, está escrito en la Constitución, estamos obligados a votar.
Es más, tengo por ahí el papelito que recibo con información del Consulado explicando cómo hacer por el hecho de no venir a votar. En Uruguay hay obligación de votar pero no se ha instrumentado el que uno pueda hacerlo.

Le digo más, yo por mi ascendencia, en Francia tengo la nacionalidad francesa, evidentemente también tengo la nacionalidad uruguaya, allá soy francés y acá soy uruguayo. Allá soy francés de corazón uruguayo. Vine acá, estuve cuatro años después de la dictadura, y acá pude votar para Francia, donde no es obligatorio votar. Recibí del Consulado un sobrecito con otro sobrecito adentro, como el voto observado nuestro para preservar el anonimato. Puse mi votito, lo puse en otro sobre y fue al Consulado. Entonces, para algunas cosas se puede en Francia, en Italia, donde se elige un diputado de los italianos en el exterior. Evidentemente no tenía sentido votar desde el exterior para una cosa municipal, me parece, porque qué sabe uno de esas cosas. Ese es el argumento de los que dicen cómo van a votar los de afuera para influir.

Otro argumento que ponen los que estamos afuera, es que nosotros nos preocupamos, nos enteramos, y en la medida de lo posible, a veces, ayudamos. Así que ese deber que tenemos de votar, dennos la posibilidad de poder ejercerlo.

- Un uruguayo que también está radicado en Francia, el músico Pájaro Canzani, publicó en su Facebook un mapa de América Latina dejando en evidencia que Uruguay es el único país que no tiene habilitado el voto de sus conciudadanos en el exterior.
– Esperemos entonces que se ponga al día (risas).

- Si mirara para atrás para ver todo el camino que ha recorrido, ¿qué ve?
– Como dice mi señora, cuando cita al cantor, gracias a la vida, que nos ha dado tanto y nos sigue dando, como esta lluvia, que está preciosa para todos, luego de estos días que hemos pasado.

- ¿Es de ver jugar al Paris Saint-Germain en Francia? ¿Le gusta el fútbol?
– Jugué, y en Belén habíamos organizado el “11 Estrellas”, yo era el centro half, y con todos los gurises más grandes del catecismo armamos el equipo. En Artigas también jugué al fútbol, trabajando en la Parroquia, y cuando jugaba un domingo de golpe sonaba la campana, “che, che cura, andá que te están llamando” (risas), porque tenía que ir a la misa del barrio. Después en Constitución estaba el “Estrella Roja”, que eso no gustó nada (risas), y se reunía en la Capilla. Pero ese nombre no lo inventé yo, lo inventaron los muchachos entre todos, con camiseta verde y estrella roja.

- Le preguntaba lo del fútbol porque en París hay un salteño jugando, Cavani…
– Siiii, a ese lo sigo.










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