“Con Jorge no solo acabó la dinastía Batlle sino que acabó una forma de hacer política”

Andrés Merino conoció a Jorge Batlle de cerca por trabajar con él en dos campañas electorales y durante su mandato presidencial, estando a cargo del área de Relaciones Públicas y Ceremonial de Presidencia. Hoy Merino se encuentra trabajando en la coordinación en el norte del país de la candidatura de Edgardo Novick, pero su recuerdo se torna en un especial testimonio de quien conoció de cerca al ex presidente.

- ¿Qué recuerdo tiene de Jorge Batlle?
– Muchos. Hice dos campañas electorales con él, tratando en forma muy directa con él, sobre todo la del 99, y después los 5 años de trabajo, que justamente, nuestro trabajo era estar cerca del presidente, organizando todas sus salidas andres-merinofuera de Casa de Gobierno. En el 99 hicimos la campaña, que fue muy especial porque era la quinta vez que Batlle se presentaba a candidato a presidente, como que en ese año todos los astros se alinearon para que Batlle fuera presidente.
Comenzó antes de la elección interna con un 10% de intención de voto dentro del Partido Colorado frente a Hierro López, que era la otra parte que pugnaba en la elección interna. En pocos meses Jorge gana la interna, y sin dudarlo un segundo, esa misma noche que termina la interna, sin dar espacio a ningún tipo de herida que hubiera quedado, inmediatamente le ofrece a Hierro López completar la fórmula con él. Cosa que Hierro, que es un caballero, aceptó. Así que la interna se superó en la misma noche.
Luego se hizo la campaña. Quienes estábamos al lado de Jorge -yo le coordinaba toda la movilización en Montevideo-, nos dábamos cuenta que esa elección venía para él, que nada lo paraba, era como si estuvieses sentado en una playa mirando el mar y empieza a levantarse una ola gigantesca que no podés parar con nada. Eso era Jorge Batlle en el 99, y gana.

- Gracias al decidido respaldo del Partido Nacional.
– Sí, sí, claro. Lacalle padre no dio lugar a ninguna duda, inmediatamente volcó su apoyo, cosa que -si habrá cometido errores el Partido Colorado, por eso es que en este momento ocupa una posición prácticamente testimonial en el concierto nacional-, cinco años después, en el siguiente balotaje, el apoyo al propio Lacalle padre no fue devuelto por el Partido Colorado con el mismo calor y entusiasmo que él hizo con Jorge Batlle para llevarlo a la presidencia.
Bueno, y esos astros que se alinean para que Jorge fuera electo presiente fueron los mismos que quizás se alinearon para complicarle la presidencia. Ya en la campaña por el balotaje está aquel accidente en Paso Pache. A la vuelta de un acto que se hacía en Florida, un ómnibus cae lleno de militantes en el río Santa Lucía en Paso Pache, en el límite entre Canelones y Florida, donde fallece una cantidad de gente. Recuerdo que el propio Jorge y Luis Hierro se pusieron al frente de la recorrida por los hospitales, el apoyo a las familias, de la contención de la gente. Ahí empezó, quizás, la primera desgracia. Luego, Jorge asume en medio de una seca que castigaba a Uruguay, con un nivel de popularidad impresionante. Era un hombre que a donde iba era aplaudido.

- Con su fallecimiento aparecieron imágenes de su vida, entre las que pudo verse que el día que asumió se retiró del Palacio Estévez junto a su esposa en un taxi.
– Si, si, porque era una promesa que le había hecho al taxista. Jorge lo conoce casualmente. Jorge fue una persona que anduvo siempre por la calle, antes, durante y después de la presidencia. Entonces, antes de ganar la presidencia se sube a un taxi y se pone a conversar con el taxista, a tal punto que él le promete que si gana la presidencia se va a hacer llevar a la asunción del mando en el taxi, y le tomó los datos al taxista, que ni soñaba que el día que Jorge va a asumir lo llama y le dice, “habla Batlle, lo estoy esperando para que me venga a buscar para llevarme a jurar como presidente”. Y Jorge llegó en taxi a jurar como presidente.

- ¿Era de romper el protocolo? Le pregunto porque recuerdo otra imagen de los primeros días de haber asumido en que él se desplazaba en el auto presidencial y se detiene de golpe en una librería de Ciudad Vieja.
– A ver, Jorge iba a su peluquero, iba a las librerías, o sea, a todos lados con un mínimo de seguridad. Luego en los gobiernos frenteamplistas la seguridad presidencial se aumentó exponencialmente. Jorge andaba con lo mínimo, que además se lo ponían de a prepo porque a él no le gustaba, a pesar que trataba muy bien al personal que lo acompañaba. Por ejemplo, Jorge iba mucho a “La Mostaza”, se sentaba con Novick a charlar y a comer panchos. Así que si, él normalmente rompía con el protocolo. Nosotros le preparábamos todo protocolarmente, cosa que después no hacía.

- Mencionó la custodia presidencial, ¿no aumentó luego de la crisis de 2002?
– No, era la misma gente. Era el Comisario Carlos del Puerto quien coordinaba siempre la custodia del presidente. No se aumentó. Jorge era un hombre que iba y venía desde Suárez y Reyes, donde vivía, al Edificio Libertad a trabajar, jamás usó sirena abierta ni nada por el estilo, jamás usó motos que se lo quisieron poner desde el primer día.

- Tras la crisis de 2002, ¿le recomendaron hablar menos con la prensa ya que podía complicar aún más la crisis?
– Aconsejarle a Jorge que no hablara con la prensa sería como haber querido acallar a un chancho a palo. Jorge siempre manejó eso, él manejaba siempre su relación con la prensa, conocía hasta al último periodista del último rincón del país. Jorge era un hombre verborrágico, o sea que cuando quería transmitir, transmitía así estuviera debajo del agua, no escatimaba su relacionamiento con la prensa.

- En su momento trascendió que se reunió con los directores de los principales medios de comunicación para pedirles que no se hablara tanto de la crisis y que bajaran los decibeles a la hora de informar.
– No me consta eso, y le digo más, de un liberal como Jorge me extrañaría que lo hubiera hecho. Quizás se lo pudo haber pedido en una onda de favor, de que bajaran la pelota, pero Jorge era un hombre obsesionado por la libertad de prensa. Jamás lo vi levantar un teléfono para presionar a ningún medio, cosa que en cambio he visto en otros políticos.

- ¿Usted estaba cerca cuando pasó lo de Bloomberg?
– No, ese día estaba haciendo gimnasia en un gimnasio en Montevideo, teníamos televisión y me entero mirándolo en el momento, no lo podía creer, porque esa parte del área de prensa no era mi área.
Evidentemente fue un descuido, no lo cuidaron a Jorge como deberían haberlo cuidado, sabiendo lo que es Jorge, porque este muchacho de Bloomberg, que era un argentino, vino a provocarlo, cosa que no le costó mucho, Jorge estaba nervioso. Había días que a Jorge más valía perderlo que encontrarlo…

- ¿Y ese era un día malo?
– Ese era uno de esos días que más valía perderlo que encontrárselo, y este muchacho supo dónde tocarlo y bueno, le hicieron perder los estribos, y la gente que estaba con Jorge no supo cuidarlo.

- Usted habló de que los astros se alinearon para que Batlle fuera presidente y luego dijo que quizás fueron los mismos astros que se alinearon para complicarle la presidencia. Tras la aftosa y la crisis de 2002 Mujica dijo, “a este hombre hay que desgualicharlo”…
– Es posible (risas), con otras expresiones coincidimos totalmente.

- ¿Cuál fue la principal virtud de Jorge Batlle?
– Era un buen hombre. Ayer yo estaba con un dirigente en Paysandú y me estaba contando que una vez, un caudillo político del viejo Pachequismo de Canelones, Eugenio Capeche, que era muy campechano, y este hombre cuando era un chiquilín le pregunta al viejo dirigente, “digame Capeche, ¿qué hay que hacer para ser político?”, y le dijo, “buena persona”. Jorge era buena persona, no tenga la menor duda.

- ¿Y su principal defecto?
– Una lengua muy rápida, de lengua fácil (risas)

- ¿Hablaba antes de pensar?
– No, no, él pensaba perfectamente. Sacando una o dos cositas que se le pueden haber escapado y que después se haya tenido que arrepentir, como fue el tema de Bloomberg y alguna que otra cosa.
A veces él enojado pudo haber ofendido a alguien en su entorno, cosa que conmigo felizmente no pasó porque yo de mañana cuando venía a presidencia lo miraba a los ojos y ya sabía cómo iba a ser el día de Jorge. Así como otros leen la borra del café, yo aprendí a leer los ojos de Batlle y tomaba distancia prudencial cuando veía que iba a ser un día tormentoso.
Así que quizás su defecto fuera ese, él mismo decía, “soy un incontinente verbal”, pero buena persona, inteligentísimo, memoria fotográfica, incansable, un hombre sano, no tomaba alcohol, lo más que lo vi fue disfrutar una vez cada tanto de una copita de vino, pero no era un hombre que tomara alcohol. Comía de todo, tirando un poquito a comilón, a veces se pasaba un poco de peso, él mismo lo decía. Era un hombre que no tenía horarios. Estaba en todo pero a su vez sabía delegar, él no se metía en tu trabajo pero siempre estaba en todo.
Otra virtud que tenía es que sabía escuchar, porque la gente decía que Jorge con todo lo que sabía te agarraba y te hacía un discurso dos horas sobre esto y sobre lo otro, si, pero también te hacía preguntas claves. Entonces, si vos eras un chacrero y cultivabas por ejemplo flores, algo muy específico, y él venía a tu chacra, te hacía muchísimas preguntas sobre el cultivo de flores y se iba más enriquecido de lo que llegó a tu chacra, él escuchaba y preguntaba mucho. Era muy preguntón, le pedía opiniones a la gente.

- Con Jorge Batlle, ¿terminó la dinastía de los Batlle en Uruguay?
– Con Batlle termina un modo de hacer política en Uruguay. Pensaba cuando veía el descenso del féretro de Batlle en el panteón, cuando se cierra esa puerta dije que ahí se cerraba una etapa de la política nacional.
Ya la política no va a ser lo mismo, porque ahora los astros también coinciden, pero de otra manera. Justamente, Jorge muere en un momento muy especial, ya aquella política que vivimos y que supimos delegar en manos de políticos profesionales, ese sistema político ya no está más. La gente está en otra sintonía, la gente camina por otra vereda, y eso coincide con la muerte de Jorge.
La gente de todos lados aprecia a Jorge por su destaque político, a lo cual dedicó toda la vida, pero no es esa la receta que el país quiere de aquí en más, la cosa cambió. No solo que se acabó la dinastía Batlle, sino que acabó una forma de hacer política. El Uruguay del político profesional, el del caudillo, el de las ideologías, se terminó.







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