Con la mentira que habría que desterrar

El miércoles a la noche, San Lorenzo de Almagro, produjo una clasificación infartante por Copa Libertadores de América. Casi antológica. Desde el corazón entregado al límite, el equipo de Diego Aguirre concluyó ganando la llave y eliminó a uno de los planteles más onerosos del continente.
El DT uruguayo en tanto, pasó del infierno al cielo. Derrotó las críticas, sobre la base de sus razones-convicciones. Postergó a jugadores históricos del club y le concedió relevancia a jóvenes con proyección. Pero además, EL SENTIDO ESTRATÉGICO de Aguirre. Y sobre todo: EL PODER DE RESOLUCIÓN. Decidir, consumar, sin que le tiemble el pulso.
Por sobre todo, la imagen-señal de Aguirre, tendría que dejar que alguna vez HABRÍA QUE DESTERRAR LA MENTIRA QUE AL MOMENTO DE GANAR UN EQUIPO, LOS JUGADORES SON LOS QUE GANAN y en este caso el entrenador se transforma en cosa secundaria, al margen de toda resonancia.
El caso de Aguirre es capaz de potenciar su propia elocuencia. El tema además es que a veces los propios técnicos concluyen en que “los verdaderos ganadores son los jugadores”, como si el fútbol no resultase una sumatoria de factores. Quien a esta altura de los tiempos no admita EL ROL DEL TÉCNICO como esencial y válido, es que definitivamente poco o nada entiende un juego llamado fútbol.
Que se prolongue el absurdo argumental que “si un equipo gana, gana por los jugadores y si un equipo pierde, pierde por el técnico”, suena a fatalmente al margen de determinada lógica de pensamiento también. El caso de Diego Aguirre es capaz de ser rescatado.
En el lugar que fuese del universo del fútbol. Y en Salto también. Por estos lares, después de todo, habría que ir pensando como desterrar lo que por ahora es igualmente parte de la mentira.
Una mentira tan viva y activa. Pero también miserable.
-ELEAZAR JOSÉ SILVA-







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