Con M. S. I. F Recluida en I.N.R. por hurto especialmente agravado.

La familia de M.S. está compuesta por tres hermanas mujeres y tres varones, siendo ella la más pequeña del grupo familiar.
Ni bien entrada a la adolescencia, al comenzar secundaria comenzó a consumir pasta base.
Tiene hoy 20 años y dos hijos varones. Uno de cinco y otro de dos años, residiendo en la Zona Este de nuestra ciudad.S.I
Junto a una amiga decidió cometer un delito que concluyó siendo hurto especialmente agravado y por ese motivo se encuentra como interna en el I.N.R. de Salto desde hace unos meses.
Quisimos conocer un poco más de cómo era su situación antes de que todo esto pasara y comenzó diciéndonos:
“Recuerdo de mi infancia tener buenas notas en la escuela. Era escolta.
A veces la conducta no era la adecuada, quizás un poco agresiva, más que nada con los varones, cuando agredían.
Después que salí de la escuela, con 12 años comencé 1º de liceo en el Nº 3, y comencé mal. Siempre con malas juntas y allí empecé a consumir pasta base”.
¿Cómo era el entorno en el que vivía?
No fue influencia de la familia ni nada de eso.
Nadie fumaba ni siquiera cigarros.
Mis padres son cristianos, van a la iglesia, no nos dejaban tomar ni sidra en Navidad.
No fue ejemplo de ellos, lo aprendí de la calle de mirar a los otros.
¿Cómo fue siempre el contacto con sus padres?
Bien. Muy bien. Son muy buenos padres, siempre trabajando, dándonos consejos, nos hablaban.
Ejemplos malos de ellos no teníamos, salí yo torcida porque aprendí de la calle y mi hermano el que me sigue a mí más grande, también.
¿Cómo comienza a fumar pasta base?
El problema era que pasaba para el almacén, miraba para el costado y había gurises fumando, drogándose.
Y eso me empezó a atraer.
¿Cómo fue esa primera experiencia con la droga?
Con un chasqui. Habíamos discutido en casa, yo me fui para el almacén, paso por los que estaban fumando y me senté a su lado.
Me preguntaron si fumaba y les dije que no pero que quería.
Mas bien creo que fue por curiosidad.
La primera vez que fumé sentí el cuerpo acelerado.
¿La discusión que surge en su casa, fue por su comportamiento?
Sí, fue por mi mal comportamiento. Yo me había escapado del liceo.
¿Qué fue lo que probó?
Lo primero fue pasta base.
Después probé el porro. Al revés de cómo se empieza comúnmente.
De allí me dijeron: “tomá un trago de vino para bajar porque te vas a ir re acelerada para tu casa”.
Recuerdo que era un polvo de color blanco. Después lo escuché que se hace con merca, porque uno de sus componentes era la cocaína. Pero de todos los componentes, no sé.
En ese momento lo hacían como una pipa con un caño, poniéndole un plomo de los cereales arriba, con una bolsa alrededor, lo agujerean, le ponen ceniza de cigarro y arriba ponen la pasta.
Ahí lo prendés, lo aspirás, tenés que retener el humo y después lo soltás.
Lo mismo se puede hacer con los inhaladores.
¿Qué sintió con esa primera prueba?
La primera vez lo probé y me fui. Asustada porque pensé que me iba a causar algo peor.
Pero solo me causó aceleración, me quedé como asustada, no podía dormir.
Pasé una semana sin consumir después de eso.
Pero comenzó mi cuerpo y mi cabeza como a pensar con cada cosita que me pasaba, cualquier discusión, en cualquier momento que me sintiera mal la idea era de fumar.
Como que quería eso y quería eso, nada más.
Le pedía plata a papá y el me preguntaba para qué era. Yo le decía que necesitaba cosas, mintiéndole.
¿Cómo llegaba a adquirirla?
Le pedía siempre a los gurises del barrio que me fueran a buscar.
Hasta que mi hermano se enteró de que yo consumía y nunca supe cuándo comenzó él. Lo vi después que yo empecé a consumir.
¿Cómo pasó?
Él entró a un lugar que es donde fuman, un baldío y recuerdo que discutimos mucho.
Yo le quería hacer entender que él no me mandaba, que no era mi padre y que se vaya, que en definitiva él estaba haciendo lo mismo que yo.
Al principio no nos podíamos ni ver.
Yo no lo podía ver a él fumando y él por supuesto no me podía ver a mí.
¿Siguió consumiendo en forma continua?
Sí. Pasó el tiempo y yo me veía mal, mal.
Llegué a hacer cualquier cosa.
Desde robar hasta prostituirme. Y había veces que llegaba a mi casa llorando y era por haberme acostado con cualquier señor o cualquier viejo.
Mi madre me preguntaba qué me pasaba y yo le decía que me daba asco.
¿Contaba con el apoyo de algún familiar?
Mi hermano, el que también consumía, cuando me encontraba en cualquier lugar que me veía drogándome, me decía que me valla para casa y yo le decía que no, no y no.
Tenía 13 años en ese entonces.
¿Tenía a su vez momentos de lucidez como para reaccionar?
Sí, había momentos en que me sentía sucia, con un asco y me preguntaba: “¿Qué estoy haciendo?”.
Y después de eso conocí al padre de mis hijos, que son dos varones y aunque él no consumía, yo seguí consumiendo.
Traté de alejarme de la droga pero consumía.
Cuando me realizan el examen de embarazo y me dio positivo lo primero que se me pasó por la cabeza, fue: “mientras él esté en mi panza, no voy a fumar”. Mi pensamiento era solo eso.
Pensaba que tal vez después que lo tuviera seguía.
Pero no sé cómo hice.
Porque ahora lo pienso y quisiera tener la firmeza que tuve en ese momento.
Cuando lo tuve al bebé, dejé. Dije que no, que no y fue no.
Aunque me tenía que encerrar en casa y me ponía a llorar de la rabia porque me daban unas ganas enormes de irme, pero dejé de consumir.
Luego tuve al otro bebé y tuve los dos sin fumar, sin drogarme, ni siquiera cigarrillos. Yo con 14 o 15 años, luché todo lo que pude con ellos.
Pero fue hasta los 18 años, cuando me separé de mi marido.
¿Por qué comenzó de nuevo a consumir?
Justamente porque me separé.
Comprobamos algo que nos dice Mario, el muchacho de Dispositivo Ciudadela del porqué sucede.
Entendimos que concuerda con lo que pasamos cada uno.
Él nos dice que en el momento que uno prueba la droga nos hace sentir bien, entonces cuando uno tiene un problema, lo primero que hace es acudir a eso que nos hace sentir bien.
¡Tu cabeza va a eso!
Pero también nos dice que tenemos que pensar en otras cosas que nos hacen bien como por ejemplo, estar con la familia.
Hay que poner en una balanza y comprobar que el fumar te hace sentir bien en el momento, pero te trae consecuencias y problemas con la autoridad incluso. Yo ahora le doy la razón.
También es por nuestra propia salud. Porque cuando comencé a consumir, fue solamente un sábado para amanecer un domingo, en un mes. Después ya eran sábados y domingos, después ya no me aguantaba hasta el sábado y empezaba el viernes y así sucesivamente.
Gracias a Dios estando con mis hijos nunca me vieron ellos drogada.
Lo que yo hacía era dejarlos en casa de papá durmiendo y me iba, volvía a la mañana.
Llegaba, esperaba que se me valla “eso”, me bañaba y me acostaba. Para que ellos no se dieran cuenta.
¿Buscó ayuda en algún momento?
Sí, hablé con Jóvenes en Red, programa de adolescentes y le dije a Gonzalo que estaba preocupada porque había comenzado a consumir otra vez.
Hablé con papá que está con 69 años y le pedí que se hiciera cargo de mis hijos, ya que él una vez cuando nos visitó el INAU, dijo que lo iba a hacer.
Están también mis hermanas viviendo con mis padres, pero demasiado fuertes son ellos, para aguantar tantas cosas.
¿Los niños tienen contacto con su padre?
No, desde que él se fue nunca preguntó por ellos, nunca se hizo cargo. No le pasa mantención y nunca le preocupó los niños. Él no es consumidor.
¿Qué otra droga probó?
Alcohol y cocaína. Tomaba pastillas, queriéndome suicidar una vez.
¿Tenía muchos amigos antes de llegar acá?
Soy muy consciente de que amigos no son.
Yo no tengo amigos. Amigos para mí es mi padre, mi madre.
Yo tampoco puedo ser amiga de alguien cuando le estoy dando droga y en estos casos, si te tienen que robar, te roban.
Si te tienen que dar una puñalada por una “seca” de pasta, te la dan.
Yo considero que mis amigos son mis familiares, donde yo hacía lo que hacía, trabajaba en la calle, aportando alimentos en mi casa para todos.
¿Los problemas surgían muy a menudo con su familia?
Sí, un día yo iba llegando y mamá me lo agarró al nene para que no venga conmigo, porque según ella yo estaba drogada y abrí el portón de casa y entré.
El nene lloraba para venir conmigo, pero a mamá se le había puesto en la cabeza de que yo me los quería llevar a los niños. Le quería hacer entender que no.
Comenzó una situación muy desagradable, discutimos feísimo con mamá que gritaba mucho y yo me fui para el fondo.
Agarré un cable grueso de teléfono, lo colgué en un árbol y cuando llegó mi hermano que fue el primero que me vio, yo estaba con las piernas colgando, porque ya había logrado colgarme.
Recuerdo que me agarraba de las piernas, que me dejó marcadas y de las manos, para sostenerme y salvarme y gritaba como un loco pidiendo ayuda.
Llega mi otro hermano y el que llega primero sube arriba del árbol, corta el cable y yo caí con todo el cuerpo, ya estaba desvanecida.
Vino la Policía y me querían llevar al médico y escuché algo sobre psiquiatría.
Pero quería yo hacerles entender de que yo no estaba loca.
Estaba totalmente lúcida y quería matarme. Fue una decisión bien consciente.
Interviene mi hermano y fue él que no dejó que me llevaran.
¿Por qué motivo se encuentra recluida?
Fue por hurto especialmente agravado. Yo no tenía antecedentes.
Pasó que una compañera del barrio, María, me invita a ir a visitar a un hombre que según ella cobraba y me dice: “vamos a pedirle plata”.
Yo esperaba afuera a que ella golpeara la puerta, golpeó, el hombre de la casa no salía y en un momento escuché que le pedía que se fuera.
“Vamos” le dije. Y ella seguía insistiendo y rompió el vidrio e intentó entrar.
Yo le insistía para irnos. Llega el señor de al lado y le cuento, “mirá rompió el vidrio” y salgo para la vereda.
Ella seguía insistiendo para que le abra hasta que se veía que venía la patrulla. “Yo me voy”, le dije y salí caminando, ella quedó en el patio de la casa.
Cuando llega el patrullero, ella estaba adentro de la casa. Con un pedazo de vidrio roto. Le había cortado la mano al hombre…
A mi ese día no me llevaron.
Cuando la llevan declara que había sido yo la que había querido entrar, roto el vidrio y contó todo como que era yo.
El hombre declaró que el había visto a dos mujeres, me reconoció pero no que había sido yo la que rompí el vidrio.
Al finalizar el proceso quedé con prisión domiciliaria nocturna de 21 a 9 hs. En ese momento estaba yo consumiendo. Por supuesto no cumplí la medida como debía.
Lo que sí hacía era pararme en la esquina de mi casa para ver si venían “ellos”, para firmarle, que para eso iban todas las noches.
Siempre saltaba el tejido del fondo de casa y hacía como que aparecía de adentro, para firmarle a la Policía. Pero venía de la calle.
Lo mismo pasaba después que les firmaba. Me paraba y me iba para la calle de nuevo.
Les tomaba el pelo y les preguntaba a los policías: “¿vos tenés pruebas de que yo ando en la calle? Si vos lográs agarrarme las tendrás, si no, no”.
Así pasó un tiempo y me trajeron presa, porque no cumplía las medidas sustitutivas que estaban acordadas. Pasó un mes y medio y me dan la libertad.
Luego hubo un tema que supuestamente yo había robado un revólver…
¿Y era verdad?
(Sonríe).Yo no lo reconocí.
No tienen pruebas.
También había un hurto de treinta mil pesos y habían dos hombres que me señalaban a mi del robo.
Hablé con la abogada y le dije: ¿Qué prueba tienen contra mí? ¡Entonces que no pateen contra el clavo!
Yo no me voy a hacer cargo de nada. No fui yo.
¡No había huellas!
Habían demorado una semana en hacer la denuncia porque se hablaba de un fierro que nunca apareció y no tenían los dueños los papeles del revólver tampoco.
Al final de esos dos hurtos no había cómo comprobarlo que era yo, entonces me dejaron presa, creo, por incumplimiento de firma.
A mi igual, no me queda claro por qué estoy acá.
Me dijeron que se llama revocación de causa y no tengo ni idea cuánto tiempo me toca estar acá.
¿Cómo fue volver aquí nuevamente?
Yo iba saliendo un día del almacén y para la camioneta de la Policía en casa diciéndome que tenía que acompañarlos.
“¿Por qué?”, pregunté.
Yo no había hecho nada y además ya me habían dado la libertad.
Me llevaron al hospital y me dijeron que me iban a traer para el I.N.R. porque (me muestran un papel): “tenés orden de captura del 17 de marzo y hoy es 30. Es por revocación de causa”.
Les pedí que pasaran por mi casa para avisarle a mis viejos y me trajeron derecho para acá.
Pienso que no es justo que me hayan traído.
¿Cómo se siente hoy en I.N.R.?
La verdad se extraña la familia pero yo me siento bien.
Física y mentalmente.
Le digo siempre a mi padre que no llore en las visitas.
Se tiene que preocupar si yo estoy en la calle, arruinada.
Le explico que acá no es como en las películas que matan a las presas y demás.
“No te preocupes” le digo.
Y tengo una tranquilidad enorme de saber que mis hijos con mis padres están muy bien. Eso es un apoyo moral que no tiene precio. Mi padre hace un gran esfuerzo en traerlos, me los deja los sábados y domingos.
Y ellos pasan bárbaro conmigo, jugamos, la pasamos re bien.
El más grande el otro día me dijo: “¿vos estás acá porque te portaste mal, no?”
¿Cómo lo define al I.N.R.?
A mi me está haciendo mucho bien. Estoy contenida.
Para mi es realmente un centro de rehabilitación.
No me siento presa. Hay oportunidad de hablar con los operadores y ellos tratan de ayudarte.
Y si tienen que hablar con asistente social o conseguirte ropa o lo que esté a su alcance, lo hacen.
Yo de eso no tengo quejas. Y hago una solicitud para traer a los hijos y me lo dan y no creo que en otras cárceles pase.
El tema del CAIF que lo tenemos acá con todas las comodidades fue un gran trabajo, con el esfuerzo del Operador Cristian y del Director.
Sé que estoy presa porque hice las cosas mal, pero ayudan mucho acá y te da tiempo para pensar.
Hay mucha, mucha gente de mi barrio acá adentro y muchas mujeres que las conozco de “afuera”.
Cuando yo llegué, se portaron muy bien conmigo.
¿Qué cambiaría de su vida en este momento?
De lo que más me arrepiento es de haber vuelto a consumir.
Fue eso lo que me hizo arruinar.
Me siento muy arrepentida al no haberme resistido a la droga. Más que nada por mis hijos, que se que me necesitan mucho.
¿Qué mensaje envía a la sociedad?
¡Que por favor dejen de vender droga!
Nadie le pone a nadie un revólver en la cabeza y lo hace ir a comprar, pero ser adicto es una enfermedad.
La adicción lo hace ir a comprar. ¡Por eso por favor, que dejen de vender droga!
Yo conozco casos de que hay gente que vende y por ese motivo sus hijos se hacen adictos y están matando a sus propios hijos.
¿Hay muchas bocas de venta en su barrio?
Sí. Muchas. Hay niños de 12 años que se los ve fumar pasta base.
¿Cómo ve su vida en libertad?
Yo pienso dejar totalmente de consumir, dedicarme a mis hijos para darle un buen ejemplo.
De que lo que hice anteriormente con muchas cosas buenas tratar de que se borren.
Cuento con un gran ejemplo de los padres que tengo.
No quisiera que mis hijos cuando sean grandes, me refrieguen en la cara: “vos te drogabas por eso yo hoy me drogo”.
¿Qué queda en usted de aquella niña que fue?
Con todo lo que pasé… ¡ojalá volviera a mi niñez!







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