“Creo que vale la pena conocer las historias de otras culturas”

Con Colin Picard: de su Calgary natal realizando el sueño de recorrer el mundo

“No es necesario ir al otro lado del mundo para conocer otra realidad… basta con llegar a un lugar relativamente cercano… creo que vale la pena conocer otras historias, compartir con personas de las cuales podemos aprender… soyjoven001viajar definitivamente nos abre puertas y nos abre la mente» – afirma un joven canadiense que hace pocos días llegó por primera vez a nuestra ciudad.
Definitivamente existe un antes y un después en la vida de este joven de apenas veinte años que – luego de culminar su bachillerato – decidió tomarse unos años para conocer más allá de su tierra de origen – antes de decidir su futuro universitario.
Colin Picard nació en la ciudad de Calgary, perteneciente a la provincia de Alberta, en Canadá
Sean y Danielle son sus hermanos mayores…nos cuenta que ese interés por viajar viene de familia.
Desde su llegada a Salto, Colin ha hecho buenas mentas con los integrantes de Saltoko Euskaldunen Taldea (Centro Vasco de Salto), quienes lo han recibido con mucho afecto.

– ¿Cómo vivió su etapa de niñez y adolescencia?
– «Crecí jugando hockey desde la escuela.
Luego finalicé el liceo y antes de definir mi futuro universitario decidí recorrer el mundo.
Posteriormente cuando finalmente regrese a Canadá, seguramente tendré en claro lo que quiero estudiar».
Con respecto al deporte, a esta disciplina se le da mucha importancia dentro de la educación y generalmente allí es que surgen las figuras más importantes, que son luego apoyadas por una organización y esponsorizadas.
Colin se inclina más por las ciencias; le gusta la matemática, la mecánica y la ingeniería.
-¿Qué le ha aportado la experiencia de viajar y conocer otras culturas?
– «Me he vuelto más independiente, ya que debo valerme por mi mismo, cocinar mi propia comida y tomar mis decisiones».
Siguiendo los pasos de su hermana – también muy viajera, luego de terminar la secundaria consiguió actividad laboral en una empresa constructora y allí trabajó doce horas diarias durante dieciocho meses y de esa forma empezó a ahorrar para el viaje.
Colin nos cuenta que la economía en Canadá – sobre todo en su provincia – es muy fuerte porque allí el negocio principal es el petróleo.
«Me familiaricé con el sistema de trabajo y lo que es lidiar en este sentido con el invierno canadiense, que a su criterio es hermoso pero duro».
Vale decir que la sociedad canadiense es muy heterogénea, ya que allí conviven inmigrantes de varios países del mundo.
Dentro de la realidad colectiva se hace presente la identidad de tres pueblos que han hecho historia en Canadá; los aborígenes, franceses y británicos.
ALISTÁNDOSE PARA CONOCER NUEVAS REALIDADES
Luego de cumplir una intensa labor durante los dieciocho meses, dejó su trabajo el 23 de diciembre del año pasado y decidió disfrutar las fiestas junto a su familia y amigos.
«Es mi época del año preferida, porque me encanta la nieve y el aire frío».
Su hermana Danielle recorrió diferentes partes de África, América del Norte y Europa.
Su padre trabaja con muchas compañías de petróleo y gas que tienen sede en todo el mundo y a su vez lo ha llevado a conocer la dinámica cada continente.
-¿Cómo surge en usted la inquietud de viajar y recorrer?
«Me inspiré en mi hermano… a mi edad… de alguna forma seguí sus pasos pero con la diferencia que él se tomó seis meses para viajar y yo lo haré en dos o tres años, para poder realmente conocer las costumbres y la idiosincrasia de cada país que visite».
Colin ha viajado a México, Estados Unidos, Reino Unido, Turquía y la costa este de Canadá.
El pasado 7 de febrero fue el día que la historia de su vida marcó un momento trascendente.
Voló desde Calgary a Buenos Aires en 23 horas.
«Cuando llegué, fue un shock… no sabía nada del idioma español y hacía muchísimo calor…
Luego de permanecer allí ocho noches, decidí venirme a este país» – rememoró.
Desde que llegó tuvo buena empatía con la gente y fuera de Montevideo se animó a hacer dedo.
Así pudo conocer Punta del Diablo, Cabo Polonio, Punta Ballena, Manantiales, Punta del Este, Montevideo, Minas, Villa Serrana entre otros lugares… ello le permitió familiarizarse con nuestra lengua e ir manejando conversaciones básicas.
-¿Y cómo fue el trato humano que pudo experimentar en nuestras tierras?
«Durante mi viaje, me quedé en el departamento de Durazno, en la casa de Inés, una docente de Inglés.
Pude disfrutar de la buena comida y de la calidez humana.
Inés me invitó a su escuela un día a hablar con los estudiantes.
Pensó que yo podría brindarles desde mi lugar un poco de sentido al propósito de formarse en el conocimiento de mi idioma.
No podía creer con qué emoción, atención y curiosidad ellos me escucharan.
Creo que a esta edad, no resulta fácil definir qué queremos ser en el futuro… yo no pude saberlo y tampoco lo sé aún.
Todo lo que puedo decir es que sé que soy bueno para la matemática, la ciencia y me gusta trabajar en la mecánica, hacer soldaduras y trabajos dentro de ese rubro.
No sé todavía cuál es la carrera adecuada para mí, pero yo no quiero perder el tiempo estudiando o trabajando hacia algo que no me va a hacer verdaderamente feliz.
Quiero hacer algo que realmente ame, que me dé gusto levantarme a la mañana y poner toda mi energía en ese trabajo».
Ser Joven… «Nunca somos demasiado jóvenes para pensar en el futuro… nadie es todo demasiado joven o viejo para pensar en el mañana.
Para Colin el hecho de ser joven le da un margen mayor para equivocarse y aprender con mayor libertad… porque a lo largo de la vida se van asumiendo más compromisos y las consecuencias de los errores suelen ser más complejas.

María Fernanda Ferreira







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