Cuando la ilusión se vuelve chatarr

Estamos globalizados. Lo que pasa allá, se sabe aquí.
El fenómeno de las comunicaciones, parte activa del tiempo que vivimos. Pero sobre todo, es muy difícil que no se sepa, que lo que finalmente se sabrá. Nadie podría tapar el sol con las manos y por más que afloren a veces los dobles discursos en la vida y en el fútbol, la realidad gana por muerte. Sin concesiones.
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La realidad es que los clubes de Montevideo, sobre todo los denominados grandes (Peñarol y Nacional), suelen apuntar la mira al interior profundo. No por nada han impulsado campamentos para captar jugadores. A temprana edad, cuanto más precoz sean los potenciales futbolistas, el fin gana espacios. En la década de los 60, 70 y 80, futbolistas que del interior podían incorporarse a equipos de la capital, con más de 20 años. Incluso, algunos emigraron con 26, 27 y 28 años.
Ahora, un futbolista de 18 o 20 años, «es viejo» a los efectos del negocio. No encaja en el objetivo.
El fútbol salteño no está al margen de esta cuestión vigente. Jugadores niños-adolescentes, con 13, 14 o 15 años, que supieron de esa ilusión prematura, a partir de propiedades que los adornan para que el jugador del futuro se vaya cimentando.
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En los últimos diez años, NO MENOS DE 200 adolescentes salteños bajaron a la capital. De muchos de ellos, los medios periodísticos no tuvieron conocimiento. Nombres que no se revelaron o que no trascendieron en el interés. La mayoría de ellos, retornaron en silencio. Cabizbajos. Inertes. Con la pesadumbre del no se pudo. Sin bases de experiencias de vida, el traspaso de una ciudad de 110 mil habitantes a una capital de un millón y medio, el desapego familiar, la soledad seguramente golpeando el corazón y en una mayoría de casos, el rendimiento concluyó por flaquear, porque la adaptación se volvió compleja.
Todo es un cuesta arriba.
¿PARA QUÉ LOS LLEVAN?
El lector de EL PUEBLO, afecto al deporte en general y al fútbol en particular, bien que sabe que ha sucedido con Peñarol y Nacional en el período de pases: entre los dos, superaron las 20 incorporaciones desde otras tiendas. Cabe preguntarse, 500 kilómetros al norte: ¿para que disponen de áreas juveniles, si finalmente la prioridad pasa por adquirir afuera, mientras ese adentro se expone el síndrome de la postergación?
No es mala cosa que padres y madres, abran los ojos y destapen los oídos para que esta situación de hecho se convierta en conocimiento o en razón de análisis. Si realmente el fútbol es una proyección en el tiempo o solamente se transforma para la mayoría, en una aventura de final cantado, con la ilusión transformada en chatarra.

-ELEAZAR JOSÉ SILVA-