Cuando la retina gana por demolición

Se dirá que son situaciones distintas, que la Asociación Uruguay de Fútbol, es parte misma de un profesionalismo, que pasa a codearse con otra proyección. Pero el campeón, el primero, el segundo, el tercero y hasta el cuarto, tienen derechos reservados para alcanzar puestos de clasificación en torneos internacionales: Copa Libertadores o Copa Sudamericana.
En tanto, la Organización del Fútbol del Interior, admite un techo inexorable. El Campeón Nacional de mayores cada dos años, puede enfrentar a su par de Paraguay en partidos de ida y vuelta que no le interesan a nadie. La Sub 18 por ejemplo, que es una categoría especial porque se trata de jugadores adolescentes, no reporta dividendos de futuro en materia de calendario.
Han cambiado los tiempos. Y las asociaciones o Ligas, se juegan las fichas, no solo a variar, sino descubrir una proyección más notoria. Sin embargo, ser Campeón en OFI es eso y punto, más allá de la posibilidad de la venta de algún jugador. Pero no posibilita nada más en materia deportiva. En los años 90, los equipos del Interior, afrontaban una repesca con el fin de avanzar a la liguilla con equipos de la AUF. De hecho, Porongos de Trinidad llegó. Conquistó parcelas en su historia.
Pero después, aquel sentido de búsqueda de integración más o menos generoso se fue barriendo, limitando, hasta su extinción misma.
Ahora está el caso de Wanderers de Artigas. Es el Campeón del Interior…¿y? Nada más. Hasta ahí llegó y punto. No hay senda pendiente. No se plantea otra dimensión en lo inmediato. Es una gloria alcanzada «para adentro», pero nunca tendrá resonancia más allá de la alcanzada, porque el sistema no lo posibilita.
Por eso, al cabo, los torneos de OFI se han transformado para no pocos aficionados, en intolerable rutina. Por eso, cada vez menos aficionados en la canchas.
Nada es casual. La ruta es emperatriz sin más vuelta. Manda ella. Y no hay quien puede con ella. Por lo menos….por ahora. Inapelablemente así.O penosamente así.
-ELEAZAR JOSÉ SILVA-