Cuestión de poner cabeza

“No conozco mucho Salto, fui a las termas nomás. Son lindas, pero no había mucho para hacer. Las piscinas estaban repletas y cuando fui al centro estaba todo cerrado y no pude comprar nada. Es una lástima, porque se supone que es una ciudad turística”, me comentó una pareja de amigos que viven en Montevideo a quienes en su trabajo les habían recomendado que para desestresarse, se vinieran a Salto, a disfrutar de las aguas termales y de las actividades que siempre había en esta época del año. Porque era semana de Turismo y les habían asegurado que acá era “otro mundo”.
Ansiosos por salir de la locura de la capital del país, de no circular por una Gianattasio atiborrada de vehículos, de las colas en los supermercados de los balnearios de la costa de oro, esa pareja decidió venir a Salto para poder disfrutar de lo que tanto le habían hablado. Y aunque si bien no le dijeron que los días feriados, donde vienen los turistas está todo cerrado, ellos tenían la ilusión de poder venir y después de salir a comer, comprar algo en las tiendas y participar de algún evento. Pero no, en todos lados donde preguntaban les dijeron que era “feriado”, a lo que ellos respondían, “eso ya lo sabemos por algo estamos acá”.
Es que cuando un uruguayo habla de turismo, rara vez te menciona las termas, aunque es poco usual que no las haya visitado antes. Pero para posicionar a Salto en el mapa como un centro turístico por excelencia y al cual nadie puede dejar de venir, le faltan muchas cosas, empezando por la concientización de sus habitantes y sobre todo de sus empresarios, de que una ciudad turística debe invertir en su producto para mejorarla cada año, no una vez cada cinco o diez años, sino que debe renovar la apuesta siempre y estar a la vanguardia en todo momento y en todos los detalles. Pero que además, debe dar servicios y estar preparada para recibir a turistas de todos lados, principalmente foráneos. Y para hacer todo eso lo principal es saber que esos días, en los que más vienen visitantes, deben estar abiertos y no pueden cerrar sus puertas.
El otro día, previendo lo que podía pasar en semana de Turismo, el Centro Comercial e Industrial de Salto, gremial que nuclea a la inmensa mayoría de los comerciantes salteños, remitió un comunicado a sus afiliados para que empiecen a trabajar en la concientización, sobre lo que implica ser un lugar turístico y para aprender que les va la vida en ello. Por algo se empieza y si bien esa idea de generar conciencia es algo que debería imperar entre los empresarios desde siempre, desde el primer día en que abrieron sus puertas, desde el momento en que emprendieron el camino de abrir su propio negocio, es mala cosa que no sepan cómo actuar en lo que quieren que se precie como una ciudad turística y es buena cosa que empiecen a verlo ahora, porque nunca es tarde para aprender.
Es que increíblemente Salto ha pasado por todos los eslóganes, como aquel de Turismo Todo el Año, al Salto Te Espera, y así seguimos entre eslóganes y logotipos, con colores y dibujos diferentes, entre presentaciones como las que se hacen en Montevideo o en Punta del Este, que a veces se han hecho para la barra, porque en realidad el turista que está en enero en el principal balneario del país, no tiene pensando después de haber gastado miles de dólares en un hotel caro y en los servicios gastronómicos de primer nivel que tiene aquel lugar, venir a encerrarse entre cinco piscinas de agua caliente con cientos de personas adentro, porque no es su targget. Pero el marketing es buena cosa y hacerlo no está mal. Al menos se ha ido a lugares donde realmente se pueden captar turistas y no a Madrid, como se llegó a ir en otros tiempos, incurriendo en gastos del erario público que  no tienen justificación.
Pero insisto, más allá de las promociones, del marketing, del merchandising que se haga del producto termas afuera del departamento, lo más importante es lo que pasa adentro de él. No puede ser que los empresarios piensen en vender Salto como ciudad turística desestacionalizada hacia el público, mientras en nuestro propio suelo, hacemos todo lo contrario, desconocemos al turismo, le cerramos las puertas de nuestros comercios, no brindamos servicios de ningún tipo, no organizamos espectáculos gratuitos en las plazas y en los espacios públicos que nos enorgullecen por sus bondades naturales y arquitectónicas, no generamos sinergias entre los interesados y no preparamos a nuestros funcionarios para ser verdaderos guías turísticos, profesionales del área, que tengan conocimientos al menos básicos de las cuestiones históricas y patrimoniales, que sepan explicarle a la gente quién fue Juan H. Paiva, Armando Barbieri y Catalina Harriague de Castaños, o don Benito Solari por mencionar al menos algunos de los nombres que los visitantes encontrarán en el mármol, en las plazas y parques y en las calles de la ciudad.
No podemos tener basurales de camino a uno de los principales paseos públicos como lo es la Costanera Norte, esconder una de las primeras escalinatas que tuvo la ciudad entre los pastizales, aunque está bien ponderar la remodelación del “muelle negro”, algo que me parece excepcional y de lo cual todos debemos sentirnos orgullosos y cuidarlo, pero no mostrar la formidable y antigua estación de trenes, la primera Locomotora que se hizo en Sudamérica, que está en las postrimerías de nuestro principal museo, por mencionar solo algunas cosas y contar con pocos servicios gastronómicos de primera categoría con diversidad y variedad de ofertas, aunque los que ya existen son de buena calidad pero eso no alcanza, hablan del caché turístico al que apuntamos.
Más allá de esto, de que la ciudad debe estar impecable todo el año, no solo por los turistas sino por los que vivimos en este hermoso lugar, también debe haber un trabajo denodado del sector privado que apunte a generar servicios sin importar el día y la hora y sobre todo cuando es feriado, cuando hay fines de semana largos, cuando hay una Semana de Turismo como la que estamos viviendo o cuando es feriado de Carnaval, no podemos cerrar las puertas de nuestros comercios, hagamos un esfuerzo y pongamos lo que haya que poner, dinero claro está, para que todo esté funcionando y cuando los turistas lleguen, que generalmente es en los días feriados, no encuentren esta ciudad turística cerrada como un pueblo fantasma y con los pocos servicios que tiene, todos clausurados justamente porque es feriado, porque entonces de ciudad turística no tenemos nada.
Para esto, tiene que haber mancomunión de esfuerzos tanto del sector público como del privado mucho más aún de la que ya hay, y hacer de todos nosotros excelentes anfitriones, de los funcionarios del sector turístico tanto públicos como privados verdaderos guías, personas preparados hasta en idiomas y promover trabajos en conjunto entre los comerciantes del centro y los de la zona termal, para que no haya diferencias como las que ya existen, ni dos Saltos distintos, uno el de las termas y otro el de la ciudad.
De esa manera, si no cambiamos nuestra mentalidad y no empezamos a querer ser un polo turístico de verdad, lo que requiere esfuerzo y dedicación, y mucho pienso entre todos, no vamos a ser más que un lugar más, rodeados en su entorno con piscinas de agua caliente y por esa razón, donde surja algo mejor en la vuelta, como lo que está pasando con Federación y otros lugares de Argentina, ya nadie querrá quedarse sino que por el contrario, todos querrán seguir de largo y ahí sonamos.

“No conozco mucho Salto, fui a las termas nomás. Son lindas, pero no había mucho para hacer. Las piscinas estaban repletas y cuando fui al centro estaba todo cerrado y no pude comprar nada. Es una lástima, porque se supone que es una ciudad turística”, me comentó una pareja de amigos que viven en Montevideo a quienes en su trabajo les habían recomendado que para desestresarse, se vinieran a Salto, a disfrutar de las aguas termales y de las actividades que siempre había en esta época del año. Porque era semana de Turismo y les habían asegurado que acá era “otro mundo”.

Ansiosos por salir de la locura de la capital del país, de no circular por una Gianattasio atiborrada de vehículos, de las colas en lossemanasanta supermercados de los balnearios de la costa de oro, esa pareja decidió venir a Salto para poder disfrutar de lo que tanto le habían hablado. Y aunque si bien no le dijeron que los días feriados, donde vienen los turistas está todo cerrado, ellos tenían la ilusión de poder venir y después de salir a comer, comprar algo en las tiendas y participar de algún evento. Pero no, en todos lados donde preguntaban les dijeron que era “feriado”, a lo que ellos respondían, “eso ya lo sabemos por algo estamos acá”.

Es que cuando un uruguayo habla de turismo, rara vez te menciona las termas, aunque es poco usual que no las haya visitado antes. Pero para posicionar a Salto en el mapa como un centro turístico por excelencia y al cual nadie puede dejar de venir, le faltan muchas cosas, empezando por la concientización de sus habitantes y sobre todo de sus empresarios, de que una ciudad turística debe invertir en su producto para mejorarla cada año, no una vez cada cinco o diez años, sino que debe renovar la apuesta siempre y estar a la vanguardia en todo momento y en todos los detalles. Pero que además, debe dar servicios y estar preparada para recibir a turistas de todos lados, principalmente foráneos. Y para hacer todo eso lo principal es saber que esos días, en los que más vienen visitantes, deben estar abiertos y no pueden cerrar sus puertas.

El otro día, previendo lo que podía pasar en semana de Turismo, el Centro Comercial e Industrial de Salto, gremial que nuclea a la inmensa mayoría de los comerciantes salteños, remitió un comunicado a sus afiliados para que empiecen a trabajar en la concientización, sobre lo que implica ser un lugar turístico y para aprender que les va la vida en ello. Por algo se empieza y si bien esa idea de generar conciencia es algo que debería imperar entre los empresarios desde siempre, desde el primer día en que abrieron sus puertas, desde el momento en que emprendieron el camino de abrir su propio negocio, es mala cosa que no sepan cómo actuar en lo que quieren que se precie como una ciudad turística y es buena cosa que empiecen a verlo ahora, porque nunca es tarde para aprender.

Es que increíblemente Salto ha pasado por todos los eslóganes, como aquel de Turismo Todo el Año, al Salto Te Espera, y así seguimos entre eslóganes y logotipos, con colores y dibujos diferentes, entre presentaciones como las que se hacen en Montevideo o en Punta del Este, que a veces se han hecho para la barra, porque en realidad el turista que está en enero en el principal balneario del país, no tiene pensando después de haber gastado miles de dólares en un hotel caro y en los servicios gastronómicos de primer nivel que tiene aquel lugar, venir a encerrarse entre cinco piscinas de agua caliente con cientos de personas adentro, porque no es su targget. Pero el marketing es buena cosa y hacerlo no está mal. Al menos se ha ido a lugares donde realmente se pueden captar turistas y no a Madrid, como se llegó a ir en otros tiempos, incurriendo en gastos del erario público que  no tienen justificación.

Pero insisto, más allá de las promociones, del marketing, del merchandising que se haga del producto termas afuera del departamento, lo más importante es lo que pasa adentro de él. No puede ser que los empresarios piensen en vender Salto como ciudad turística desestacionalizada hacia el público, mientras en nuestro propio suelo, hacemos todo lo contrario, desconocemos al turismo, le cerramos las puertas de nuestros comercios, no brindamos servicios de ningún tipo, no organizamos espectáculos gratuitos en las plazas y en los espacios públicos que nos enorgullecen por sus bondades naturales y arquitectónicas, no generamos sinergias entre los interesados y no preparamos a nuestros funcionarios para ser verdaderos guías turísticos, profesionales del área, que tengan conocimientos al menos básicos de las cuestiones históricas y patrimoniales, que sepan explicarle a la gente quién fue Juan H. Paiva, Armando Barbieri y Catalina Harriague de Castaños, o don Benito Solari por mencionar al menos algunos de los nombres que los visitantes encontrarán en el mármol, en las plazas y parques y en las calles de la ciudad.

No podemos tener basurales de camino a uno de los principales paseos públicos como lo es la Costanera Norte, esconder una de las primeras escalinatas que tuvo la ciudad entre los pastizales, aunque está bien ponderar la remodelación del “muelle negro”, algo que me parece excepcional y de lo cual todos debemos sentirnos orgullosos y cuidarlo, pero no mostrar la formidable y antigua estación de trenes, la primera Locomotora que se hizo en Sudamérica, que está en las postrimerías de nuestro principal museo, por mencionar solo algunas cosas y contar con pocos servicios gastronómicos de primera categoría con diversidad y variedad de ofertas, aunque los que ya existen son de buena calidad pero eso no alcanza, hablan del caché turístico al que apuntamos.

Más allá de esto, de que la ciudad debe estar impecable todo el año, no solo por los turistas sino por los que vivimos en este hermoso lugar, también debe haber un trabajo denodado del sector privado que apunte a generar servicios sin importar el día y la hora y sobre todo cuando es feriado, cuando hay fines de semana largos, cuando hay una Semana de Turismo como la que estamos viviendo o cuando es feriado de Carnaval, no podemos cerrar las puertas de nuestros comercios, hagamos un esfuerzo y pongamos lo que haya que poner, dinero claro está, para que todo esté funcionando y cuando los turistas lleguen, que generalmente es en los días feriados, no encuentren esta ciudad turística cerrada como un pueblo fantasma y con los pocos servicios que tiene, todos clausurados justamente porque es feriado, porque entonces de ciudad turística no tenemos nada.

Para esto, tiene que haber mancomunión de esfuerzos tanto del sector público como del privado mucho más aún de la que ya hay, y hacer de todos nosotros excelentes anfitriones, de los funcionarios del sector turístico tanto públicos como privados verdaderos guías, personas preparados hasta en idiomas y promover trabajos en conjunto entre los comerciantes del centro y los de la zona termal, para que no haya diferencias como las que ya existen, ni dos Saltos distintos, uno el de las termas y otro el de la ciudad.

De esa manera, si no cambiamos nuestra mentalidad y no empezamos a querer ser un polo turístico de verdad, lo que requiere esfuerzo y dedicación, y mucho pienso entre todos, no vamos a ser más que un lugar más, rodeados en su entorno con piscinas de agua caliente y por esa razón, donde surja algo mejor en la vuelta, como lo que está pasando con Federación y otros lugares de Argentina, ya nadie querrá quedarse sino que por el contrario, todos querrán seguir de largo y ahí sonamos.

HUGO LEMOS







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