Cuidado con deslumbrarnos por lo novedoso

Hoy por: Jorge Pignataro

Literatura en Portuñol

Por supuesto que el portuñol no es nuevo. Es tan vieja su existencia como la de una frontera entre Uruguay y Brasil que implica la permanente mezcla de culturas. Lo que sí es nuevo, sin antecedentes en la literatura uruguaya, es que haya escritores que opten enteramente por esta forma lingüística como vehículo de expresión de sus obras. En la Revista Literaria “La tertulia”, que se publica en Montevideo y que presentamos en la edición del pasado jueves, se encuentran dos referencias importantes al respecto: por un lado una selección de poemas en portuñol, cuyo autor es un joven artiguense llamado Fabián Severo; por otro, un breve ensayo sobre este “idioma” a cargo del reconocido poeta Saúl Ibargoyen. Leyendo los poemas de Severo, escritor que incluso ha obtenidos premios importantes a nivel nacional, observamos un riesgo: que se intente dar valor a la poesía simplemente por lo novedosa que pueda resultar la escritura con ese código, por lo raro –como si en literatura la rareza tuviera valor en sí misma –, o por una simple fonética poco habitual que, reconozcamos, puede caer simpática. Pero sin profundidad de ideas, con poca imaginación, con escasísimo manejo artístico – es decir, alejado del uso puramente práctico y cotidiano – de ese lenguaje.

Además, promover esta escritura nos parece que claramente contradice lo que, en la propia revista antes mencionada, sostiene el Profesor Académico Ricardo Pallares como uno de los objetivos fundamentales de la Academia Nacional de Letras de nuestro país: “propender a la conservación, afianzamiento y buen uso del español”. Por tanto, la Academia lucha contra la deformación de la lengua. ¿Y no es el portuñol una deformación de dos lenguas? “Es un idioma aparte”, podría afirmar alguien, pero en ese caso, ¿con qué reglas?

Entendemos que es muy bueno cuando un artista explora constantemente nuevas formas de expresión, pero cuidado con deslumbrarnos simplemente por lo novedoso, lo rupturista. Cuidado con “usar” la poesía –cuyo fin está en sí misma – como mero instrumento para alcanzar otros objetivos como puede ser el de mostrar una especial forma de hablar. Hay otros ejemplos donde lo esencial de la poesía lamentablemente se desvanece en perseguir otros propósitos. Veamos uno: no pocas veces, la obsesiva intención de transmitir una ideología política ha hecho perder a algunos autores la noción de que la poesía es estética, belleza en el decir y creación de universos propios. Ellos, además de sus lectores y hasta algunos críticos, en el afán de defender o elogiar esas otras cuestiones, que sí pueden estar vinculadas pero no son, a nuestro entender, lo primordial de la poesía, han desviado su atención de lo esencial de la creación poética, o literaria en general. Ojalá no suceda lo mismo a quienes escriben y leen literatura en portuñol, corriente que al parecer comienza a imponerse poco a poco en nuestro país, aunque quizás sólo sea una “moda”. Ojalá no haga perder de vista que la poesía es mucho más que buscar la sorpresa o el efecto rápido con una escritura “extraña”.

Vaya finalmente como muestra de literatura en portuñol, este poema de Fabián Severo:

trinticuatro

Mi madre falava mui bien, yo intendía.

Fabi andá faser los deber, yo fasía.

Fabi traseme meio litro de leite, yo trasía.

Desí pra Doña Cora que amañá le pago, yo disía.

Deya iso gurí y yo deiyava.

Mas mi maestra no intendía.

Mandava cartas en mi caderno

Todo con rojo (igualsito su cara) y asinava imbaiyo.

Mas mi madre no intendía.

Le iso pra mim hijo y yo leía.

Mas mi madre no intendía.

Qué fiseste meu fío, te dise que te portaras bien

y yo me portava.

A historia se repitió por muintos mes.

Mi maestra iscrevía mas mi madre no intendía.

Mi maestra iscrevía mas mi madre no intendía.

Intonses serto día mi madre intendió y dise:

Meu fío, tu terás que deiyá la iscola

y yo deiyé.

 

Opinión:

Preocupante: ¿qué pasa con la Cultura en Salto?

Cuando a mediados del pasado año se inició un nuevo gobierno en nuestro departamento, encabezado por Germán Coutinho como Intendente, no pocos –entre los que se incluye quien esto escribe – tuvieron la expectativa de que Salto mejorara en el manejo oficial de los asuntos culturales. No porque el trabajo de la Dirección de Cultura en el período de gobierno anterior hubiese sido totalmente malo –entendemos que se hizo mucho: bueno, regular y malo –, sino porque todo se puede mejorar. Es más, con el trabajo realizado por la anterior Dirección, a cuyo frente estuvo Denis Dutra, quedó bien encaminada una labor que, según entendemos, el nuevo Intendente tenía la inmejorable oportunidad de continuar y superar.

Sin embargo, los meses fueron pasando y no hubo señales claras acerca de cuál sería la nueva política en materia de Cultura. En el período anterior, refiriéndonos específicamente a lo artístico, la política cultural puso el énfasis en lo “popular”, más allá de lo difusos que pueden llegar a ser los límites entre arte culto y arte popular. Hubo una apuesta fuerte a las murgas, a los talleres de candombe, etc., etc. Y con ello se puede estar de acuerdo o no, pero había criterios de trabajo y objetivos trazados. Ahora bien: ¿A qué apunta el gobierno departamental actual en temas de Cultura? ¿En qué tipo de actividades pondrá el énfasis y con qué objetivos? No somos partidarios de apuntar con tanta fuerza únicamente a lo popular como se hizo anteriormente sino que, sin dejar de atender esa rama, también promover fuertemente otras. Pero, ¿no será peor no saber hacia qué rumbo se va como creemos que está sucediendo ahora?

Todo esto aparece confuso desde la asunción del nuevo gobierno. Director de Cultura sí, Director de Cultura no…Y en medio de la confusión, algunos hechos puntuales preocupantes, al menos para quien observa desde afuera, como el desmantelamiento de la Oficina de Cultura ubicada en planta baja de Casa de Gobierno, para pasar a funcionar –¿funciona?– en un sector ubicado en los fondos del Teatro Larrañaga.  Luego, la conformación de una Comisión. ¿Una Comisión de Cultura o sólo de Eventos populares es lo que está actualmente funcionando y tiene a Carlos María Cattanni como la cara más visible? Pero además, ¿no prevé el presupuesto, próximo a aprobarse, la creación de un cargo para esa Dirección? Eso nos parece bien, claro que, siempre y cuando se le dé a esa Dirección los recursos que necesite para desempeñar una gestión digna, acorde a lo que siempre ha significado Salto en el plano artístico, intelectual y cultural en general. Si el nuevo gobierno está o no dispuesto a hacerlo, es lo que, insistimos, no queda claro aún. Si está dispuesto a luchar porque Salto mantenga el prestigio que en todos los tiempos le han sabido dar sus artistas, es lo que nos inquieta y preocupa. Si tendrá un criterio de amplitud para atender diversas propuestas culturales que puedan desarrollarse a lo largo de todo un año, e invertir en ellas como intento de elevar el nivel cultural de una población, o seguirá siendo el Carnaval la actividad cultural que implique la mayor inversión del año, sigue sin dilucidarse.

Detengámonos a pensar: ¿Cómo puede interpretarse la actitud de un gobierno que a casi siete meses de haber asumido aún no definió qué hará en Cultura? La primera interpretación es que se trata de un área que no le parece importante. Es triste, por eso no queremos resignarnos a pensarlo así y mantenemos esperanzas.

En definitiva, sostenemos que falta quien guíe el barco. Y no es solamente que falte un nombre o un cargo. Esa falta implica mucho más: la ausencia de un rumbo definido que, si no se quiere que triunfe la mediocridad, habrá que encontrar pronto.







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