Daniel Sturla fue ordenado ayer cardenal de la Iglesia Católica por el Papa Francisco

En el Vaticano llamó la atención la poca presencia oficial uruguaya.
Poco antes de las 9 de la mañana de Uruguay, el papa Francisco convirtió a Daniel Sturla en cardenal de la Iglesia Católica, en una ceremonia realizada en la basílica de San Pedro.
El papa le impuso a Sturla la birreta púrpura, lo que lo convirtió en el segundo cardenal de la Iglesia Católica en la historia del Uruguay. Lo hizo ante jefes de Estado, ministros y embajadores. Panamá ha enviado a su presidente, España a su vicepresidenta y a tres ministros, y Tonga a su rey. A los observadores les sorprende el bajo perfil de la delegación oficial uruguaya, encabezada por el embajador ante el Vaticano, Daniel Ramada.
La delegación uruguaya incluye además de a Ramada al embajador ante España, Francisco Bustillo y el expresidente del BID, Enrique Iglesias.
Sturla viajó de Uruguay acompañado por algunos familiares y por el obispo auxiliar de Montevideo, Milton Tróccoli.
Pese a las simpatías que genera entre la izquierda uruguaya, el gobierno no envió a nadie. Según fuentes consultadas por El Observador en Montevideo, lo que impidió una representación mayor del Poder Ejecutivo en Roma fue el cambio de gobierno. “Nosotros nos estamos yendo y el gobierno que entra no puede ir. Esa es la razón”, explicó un allegado al presidente José Mujica.
El segundo cardenal uruguayo de la historia, de 55 años, recibió a El Observador en una residencia de sacerdotes cerca del Vaticano.
“El presidente me llamó para venirme a visitar, pero luego no se pudo concretar”, contó Sturla ante la pregunta de si el gobierno le ha dicho algo ante la designación.
En ámbitos tanto eclesiásticos como políticos, el nuevo cardenal es valorado por su amplitud. “El arzobispo Sturla no elude invitaciones, dejando a un lado colores políticos o insignias sectoriales”, escribió en una columna en El Observador el mes pasado el obispo de Salto, Pablo Galimberti.
Un regalo
El papa nombró hoy a quince nuevos cardenales electores y el uruguayo es uno de ellos.
Sturla cree que no lo nominó por ser él, sino por Uruguay. “Es un regalo a la Iglesia uruguaya. (Francisco) sabe que en el contexto de América Latina es una Iglesia especial. Creo que ha querido subrayarlo.
Para el hasta hoy arzobispo de Montevideo, tener un cardenal beneficia a Uruguay porque lo “pone en un foro mundial” como es el Colegio de cardenales. “Eso beneficia al país y a la Iglesia. Es lo que me han dicho también muchos no católicos”, dijo ayer Sturla en Roma.
Uruguay solo había tenido un cardenal: Antonio María Barbieri, arzobispo de Montevideo, entre 1940 y 1976.

En el Vaticano llamó la atención la poca presencia oficial uruguaya.

Poco antes de las 9 de la mañana de Uruguay, el papa Francisco convirtió a Daniel Sturla en cardenal de la Iglesia Católica, en una ceremonia realizada en la basílica de San Pedro.

El papa le impuso a Sturla la birreta púrpura, lo que lo convirtió en el segundo cardenal de la Iglesia Católica en la historia del Uruguay. Lo hizo ante jefes de Estado, ministros y embajadores. Panamá ha enviado a su presidente, España a su vicepresidenta y a tres ministros, y Tonga a su rey. A los observadores les sorprende el bajo perfil de la delegación oficial uruguaya, encabezada por el embajador ante el Vaticano, Daniel Ramada.

La delegación uruguaya incluye además de a Ramada al embajador ante España, Francisco Bustillo y el expresidente del BID, Enrique Iglesias.

Sturla viajó de Uruguay acompañado por algunos familiares y por el obispo auxiliar de Montevideo, Milton Tróccoli.

Pese a las simpatías que genera entre la izquierda uruguaya, el gobierno no envió a nadie. Según fuentes consultadas por El Observador en Montevideo, lo que impidió una representación mayor del Poder Ejecutivo en Roma fue el cambio de gobierno. “Nosotros nos estamos yendo y el gobierno que entra no puede ir. Esa es la razón”, explicó un allegado al presidente José Mujica.

El segundo cardenal uruguayo de la historia, de 55 años, recibió a El Observador en una residencia de sacerdotes cerca del Vaticano.

“El presidente me llamó para venirme a visitar, pero luego no se pudo concretar”, contó Sturla ante la pregunta de si el gobierno le ha dicho algo ante la designación.

En ámbitos tanto eclesiásticos como políticos, el nuevo cardenal es valorado por su amplitud. “El arzobispo Sturla no elude invitaciones, dejando a un lado colores políticos o insignias sectoriales”, escribió en una columna en El Observador el mes pasado el obispo de Salto, Pablo Galimberti.

Un regalo

El papa nombró hoy a quince nuevos cardenales electores y el uruguayo es uno de ellos.

Sturla cree que no lo nominó por ser él, sino por Uruguay. “Es un regalo a la Iglesia uruguaya. (Francisco) sabe que en el contexto de América Latina es una Iglesia especial. Creo que ha querido subrayarlo.

Para el hasta hoy arzobispo de Montevideo, tener un cardenal beneficia a Uruguay porque lo “pone en un foro mundial” como es el Colegio de cardenales. “Eso beneficia al país y a la Iglesia. Es lo que me han dicho también muchos no católicos”, dijo ayer Sturla en Roma.

Uruguay solo había tenido un cardenal: Antonio María Barbieri, arzobispo de Montevideo, entre 1940 y 1976.