De Julio M. Sanguinetti: D’Angelo, un artista

El actor uruguayo Eduardo D’Angelo falleció hace algunos días. Vayan como recuerdo y homenaje las siguientes palabras, escritas por el Ex-Presidente de la República, Dr. Julio María Sanguinetti, tituladas “D’Angelo, un artista”:
“D’Angelo fue una estrella singular en una constelación de actores que enriquecieron el teatro nacional. Formó parte de la troupe fantástica que desde el Telecataplum hasta el Decalegrón hizo reir a dos generaciones rioplatenses. Junto a Espalter, Almada, Soto, Redondo, Henny Trayles, Emilio Vidal y el inefable Julio Frade, marcaron una época caracterizada por el humor sugerente, sin groserías , que explotando características de los personajes satirizados y las propias situaciones, hacía vivir momentos de alegría, con una mirada cómplice sobre la realidad. Nunca sentí que ese teleteatro fuera género menor; por el contrario, mirar a la gente, a su tiempo, desde el humor, con una caricatura válida, graciosa y auténtica, es obra de arte. De quienes escribían libretos y quienes le daban vida, o –como en el caso- los que solían hacer las dos cosas. En ese grupo cada cual tenía su característica y D’Angelo fue una presencia singular, con una enorme versatilidad, que no se quedaba en imitar voces o remedar personajes, para llevar su representación, con espontaneidad, a una siempre válida expresión de humanidad. Es interesante que en una ciudad tan bullente y novelera como Buenos Aires, hasta hoy se le recuerda y “La Nación”, diario siempre exigente, escribió estos días una hermosa semblanza, destacando lo que significó el aporte de ese grupo de actores al mejor humor. Tengo en la memoria un almuerzo de homenaje que se me hizo en Cambadu y en el que yo no hablé: lo hizo D’Angelo, interpretándome, tanto en el fondo como en la forma, con un increíble histrionismo. Por supuesto, las voces para él no tenían secretos; podía transfigurar la de cualquier actor en cualquier idioma, con la adecuada musicalidad. En el teatro siguió actuando y escribiendo y su repentino final, sin duda deja un vacío. Incluso entre quienes le admiramos mucho, le apreciamos como artista y le respetamos como persona, quizás con la nostalgia de no haberlo disfrutado más personalmente”.

El actor uruguayo Eduardo D’Angelo falleció hace algunos días. Vayan como recuerdo y homenaje las siguientes palabras, escritas por el Ex-Presidente de la República, Dr. Julio María Sanguinetti, tituladas “D’Angelo, un artista”:

“D’Angelo fue una estrella singular en una constelación de actores que enriquecieron el teatro nacional. Formó parte de la troupe fantástica que desde el Telecataplum hasta el Decalegrón hizo reir a dos generaciones rioplatenses. Junto a Espalter, Almada, Soto, Redondo, Henny Trayles, Emilio Vidal y el inefable Julio Frade, marcaron una época caracterizada por el humor sugerente, sin groserías , que explotando características de los personajes satirizados y las propias situaciones, hacía vivir momentos de alegría, con una mirada cómplice sobre la realidad. Nunca sentí que ese teleteatro fuera género menor; por el contrario, mirar a la gente, a su tiempo, desde el humor, con una caricatura válida, graciosa y auténtica, es obra de arte. De quienes escribían libretos y quienes le daban vida, o –como en el caso- los que solían hacer las dos cosas. En ese grupo cada cual tenía su característica y D’Angelo fue una presencia singular, con una enorme versatilidad, que no se quedaba en imitar voces o remedar personajes, para llevar su representación, con espontaneidad, a una siempre válida expresión de humanidad. Es interesante que en una ciudad tan bullente y novelera como Buenos Aires, hasta hoy se le recuerda y “La Nación”, diario siempre exigente, escribió estos días una hermosa semblanza, destacando lo que significó el aporte de ese grupo de actores al mejor humor. Tengo en la memoria un almuerzo de homenaje que se me hizo en Cambadu y en el que yo no hablé: lo hizo D’Angelo, interpretándome, tanto en el fondo como en la forma, con un increíble histrionismo. Por supuesto, las voces para él no tenían secretos; podía transfigurar la de cualquier actor en cualquier idioma, con la adecuada musicalidad. En el teatro siguió actuando y escribiendo y su repentino final, sin duda deja un vacío. Incluso entre quienes le admiramos mucho, le apreciamos como artista y le respetamos como persona, quizás con la nostalgia de no haberlo disfrutado más personalmente”.