¿De qué se ríen?

Una de las cosas que existen son las llamadas focas o en todo caso, mejor dicho, los aplaudidores. Y todos los gobiernos los tienen, gente que no sirve para otra cosa que para aplaudir y aprobar todas las cosas que hace un gobierno, por lo general un gobernante, con el fin de caerle bien al mismo y mientras lo palmean al hombro como un gesto de ‘qué bien que te está yendo’, aunque no analizan si eso es así o todo lo contrario, pueden estar empujándolo al precipicio de su carrera y hacerlo caer solo de tantas veces que le palmearon el hombro. politicos
Esto ya lo vi antes y lo sigo viendo ahora. Pero el otro día lo comprobé, cuando en el Consejo de Ministros que hizo el presidente de la República en la localidad de San Gregorio de Polanco, a orillas del río Negro en el departamento de Tacuarembó, un niño, con todas sus luces, ganas y coraje por estar parado nada más y nada menos que frente al gobierno de su país, dijo tartamudeando por los nervios y con la mirada perdida por lo chiquito que lo hacía sentir toda aquella parafernalia montada para que Vázquez se sienta a gusto de que es el que manda en este país, el discurso más honesto de todos los que posiblemente se hayan pronunciado en esa jornada.
Pero honesto no solo por la inocencia del escolar, quien a su edad pinta el mundo del color que lo vive sin falsos brillos, sino además por la realidad del asunto y porque se trata de un tema que está a ojos vista en todos lados, que todos lo sabemos y que por lo que eso implica muy pocos quieren hacerse cargo.
El niño contó con detalles los problemas que él siente que vive su escuela, la cual a su edad significa mucho, es su mundo, su lugar, su segundo hogar, el espacio donde debe educarse y desarrollarse para poder crecer en la vida. Está ubicada en esa hermosa localidad del interior del país, pero tiene problemas que para ese uruguayo de 11 años son muy importantes.
Y no le importó la presencia de todos los edecanes vestidos con sus uniformes de gala, ni que tampoco en el lugar estuviera la directora de la escuela mirándolo. Él sentía que tenía algo para decir y que tenía que decirlo.
Entonces tomó el micrófono y pidió la palabra. Y contó lo que le estaba pasando, pero detrás suyo, las focas, los aplaudidores, los que hacen el caldo gordo y son de poca utilidad, se reían, algunos a carcajadas, algo que puso nervioso al niño, pero no lo amilanó y siguió con su discurso. Y los otros tomaron como un hecho gracioso lo que él estaba contando, pero por lo menos alguien atinó a darse cuenta de que el tema no era para reírse, menos a carcajadas. No era ni siquiera para hacer una mueca. Era algo para escuchar y escuchar con atención, porque no era una maestra ni la directora quejándose de la falta de recursos, era un niño diciendo que se le llovía la escuela y eso, es algo serio.
Pero por suerte, entre tantos aplaudidores y focas que demostraron que con su actitud no ayudaban a nada sino a hacer el ridículo, hubo alguien serio y fue el presidente del Codicen, que hizo un gesto de que le daba vergüenza que un escolar le reclamara algo tan básico, cuando el Estado vuelca más de un 30 por ciento de sus recursos al sistema educativo. ¿Dónde está esa plata? Se preguntaría el niño, porque a su escuela no llegó ni un billete de 100 pesos. Y con lo que el gobierno le ha venido dando a la educación en los últimos 10 años, tendrían que haber llegado a la escuela de San Gregorio de Polanco, varios billetes de 100 pesos.
Y entonces, por suerte el que manda, no se dejó llevar el hilo de quienes riendo y aplaudiendo, pretendían que el reclamo más importante de la sesión del Consejo de Ministros pasara desapercibido, porque al parecer había orden de que aquello fuera una fiesta y no un lugar donde hasta los niños iban y pegaban cachetazos, diciendo cuán mal podían estar las cosas.
El presidente de la República, Tabaré Vázquez, con la altura y educación que lo caracteriza, hizo suyas las manifestaciones del presidente del Codicen, Wilson Netto, y dijo “se me cae la cara de vergüenza” y reclamó porque las personas a las que puso en puestos claves para administrar los servicios de enseñanza pública, sean mejores gestores y no permitan que “algo tan chico, tan pequeño” en palabras del presidente, como el arreglo a una escuela, no echen por tierra una gestión que pretendió levantar el sistema educativo del ostracismo en el que se encontraba.
Pero las focas y aplaudidores no miden esas cosas porque no tienen capacidad para hacerlo. No se dan cuenta que el hecho de que una sola escuela esté en mal estado edilicio, sí puede llegar a hundir y a hacer echar por tierra cualquier gestión posible para mejorar la educación pública de este país.
Aunque en este caso el presidente de la República tuvo la capacidad suficiente como para decirles a todos con sus expresiones ¿de qué se ríen? Si el niño de 11 años tenía razón y les estaba diciendo con sus palabras “sí, muy linda la fiesta y todos los discursos que hacen, pero a mí la escuela se me cae encima”. Y eso era una realidad que rompe los ojos.
Y como esto hay varios temas similares, varias situaciones en las que el país sufre decadencia y problemas de todo tipo, en tanto se aducen análisis favorables sobre realidades que parecen ser sacadas de un cuento de hadas, cuando la realidad en la calle, en las escuelas, en los hospitales, en las oficinas públicas y en todas partes dicen muy otra cosa.
Aunque me quedo con lo que pasó al final. Y fue muy bueno que la cabeza del gobierno se diera cuenta de que la palabra de un niño, fue un cachetazo al gobierno que nunca habría esperado recibir.

Hugo Lemos

 







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