Del fútbol deudor y el objetivo que anestesia

Cuentan que el comentarista de Alberto Kesman en la emisión de Radio Universal (“Tito” Bernardo, que así se llama), reflexionó en voz alta en pleno partido de Peñarol-Defensor Sporting, afrontado el pasado domingo para ir resolviendo el Campeonato Uruguayo 2017.

“Cuando uno ve lo que está viendo, pasa a comprobar una vez más porque los representantes nuestros en la Copa Libertadores de América, transcurren 30 años sin consagrarse”.
En verdad, mucho más allá del desenlace y el título a manos de Peñarol, la desolación de esos 120 minutos heridos, de maltrato permanente a la pelota y la ausencia de una circulación más o menos coherente.
En ediciones pasadas de EL PUEBLO, rescatábamos recientes apuntes reflexivos del maestro Tabárez, analizando la endeblez argumental de los futbolistas “a la hora de pasar la pelota, sobre la base de algún criterio”.
Y justamente el juego de aurinegros y violetas, le viene como anillo al dedo al maestro del combinado celeste para reafirmar conceptos en esa dirección. Que los dos equipos que arribaron a la final, hayan propuesto esa impericia, huele mal, huele a contramano, huele a destiempo.
NADA NOS
ES AJENO
No haber comprobado a través de la emisión de la TV tres pases consecutivos, parte de un cuesta arriba. En 120′ de juego, Peñarol produjo CINCO aproximaciones ofensivas y Defensor Spoting, únicamente DOS.
¿Qué lección nos dejaron los dos? ¿Qué quedó en claro? ¿A qué conclusión se llega?
Lo ocurrido, fue a 500 kilómetros de Salto. No nos es ajeno. Podemos desde aquí también establecer alguna línea de pensamiento, porque después de todo, ¿cuántos juveniles por año se van desde estos lares a Montevideo, tentando el alcance del sueño mismo?
UNA CUESTIÓN
DE ANESTESIA
Lo infecundo y para mal, es que un resultado es capaz de nublar el análisis o someterlo, mientras un convencimiento se clava como aguijón: “las finales no son para jugarlas, son para ganarla”.
Como si ganar como sea y al costo que sea, es válido igual. Como si los procedimientos, la vía, el rumbo, no valiese. No importase. No gravitara.
Se gana y punto. Se celebra y punto, que no es cuestión condenable ni mucho menos….pero que por lo menos también, elevemos alguna mira asociada al contenido mismo. A la propuesta.
¿Hay qué estar definitivamente apegados al materialismo del resultado y al fin inmediato?
¿Qué queda para el después?
En tanto lo del domingo a la noche, a la medida del imperativo de victoria y punto.
Mientras que para los románticos del fútbol, la desolación ganó por muerte.
Una cachetada sin apelaciones.

-ELEAZAR JOSÉ SILVA-







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